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domingo, 20 de noviembre de 2011

En saco roto


Dibujo de Guy Denning sobre el movimiento Occupy Wall Street.
(el "lienzo" que usa forma parte del mensaje)


CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Martes 15 de noviembre de 2011

Existen muchas clases de indignados. Están los que tiran pintura a los diputados y los que tratan de razonar con los policías antidisturbios cuando vienen a desalojarles.

Los hay que ocupan hoteles abandonados o instalaciones sin uso, como el Laboratorio Pecuario de León, y los hay que duermen en una plaza, en una tienda de campaña sobre un suelo de asfalto y organizan asambleas en los parques.

Un tercer grupo de indignados duermen en sus casas hipotecadas, o en sus pisos de alquiler, o en las viviendas de sus padres, y seguramente sean los más numerosos. Están igualmente enfadados.

Hay indignados anarquistas, libertarios sin futuro, sin trabajo, concienciados con la democracia asamblearia, y gente simplemente cabreada que no tiene ninguna ideología, pero tampoco tiene futuro, ni trabajo y está tomando conciencia de los nubarrones que nos acechan.

También hay muchos indignados con trabajo, agobiados por el banco y las facturas, preocupados por los recortes en la educación y en la sanidad públicas, mosqueados por las ayudas que reciben las entidades financieras que inflaron la burbuja inmobiliaria y que ahora son tan reacias a conceder créditos a las empresas.

"No hay democracia si gobiernan los mercados", se puede leer en esta
acuarela sobre los indignados (Del blog http://www.devueltaconelcuaderno.blogspot.com/ )

Todos ellos coinciden en algo. Están espantados porque vivimos sometidos a una nueva tiranía; nos gobiernan los mercados. Los inversores en bolsa y no los ciudadanos marcan hoy la política económica de los Estados. Los que especulan con el dinero no temen los estallidos sociales, obligan a tragarse sapos enteros a los representantes que hemos elegido, aunque la opinión pública se les atragante después, derriban primeros ministros y aplastan cualquier conato de consulta popular, como si detrás de un referéndum se escondiera el diablo.

Y el diablo es el dinero. No es nada nuevo. Pero nunca como ahora había quedado tan claro.

Anoche escuché decir al periodista Iñaki Gabilondo, que no es anarquista, ni se trenza el pelo, ni ocupa edificios abandonados y nunca ha pedido la nacionalización de las entidades financieras, que nuestra democracia está enferma.

Y yo añado que los enfermos somos nosotros si no reaccionamos. El próximo domingo hay elecciones y un voto puede ser un grito. Ya les adelanto que el mío no va a caer en saco roto.

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