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jueves, 16 de octubre de 2014

Matar a un perro

 
Lo que somos...
 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 16 de octubre de 2014
 
Aquí matamos perros. Matamos galgos. Matamos toros. Matamos cabras y gansos en fiestas populares. Y presumimos de ello porque son nuestras tradiciones ancestrales.
 
Matamos rebecos en cacerías de señoritos. Matamos ciervos. Matamos lobos porque hacen daño a los rebaños. Y no matamos osos, aunque se coman la miel de las colmenas, porque hay pocos, todavía, y está muy perseguido.
 
Aquí matamos crías de gatos callejeros. No tienen utilidad. Apaleamos a los perros vagabundos. Nos desprendemos de los lebreles cuando ya no cazan, porque son viejos. Y los colgamos de los árboles en el monte, que así no molestan a nadie.
 
Eso es lo que somos. Unos salvajes. No tenemos sensibilidad.
 
Aquí nos extrañamos porque haya activistas dispuestos a manifestarse por un perro. ¿Por qué no hacen lo mismo con los negros de África? le he oído decir, en un alarde de demagogia, a mucha gente estos días a cuenta de Excálibur; el perro de la enfermera infectada de ébola sacrificado por las autoridades sanitarias.
 
 
Pero una cosa no quita a la otra y el perro también importa si nadie ha demostrado que haya riesgo de contagio. Quien no es capaz de tratar bien a un animal tampoco lo hará con un hombre, está comprobado.
 
 
Y aquí hemos matado a hombres como a perros. La propia expresión nos delata; 'lo mataron como a un perro'.
 
Eso hicieron con Arsenio Macías, que tenía 16 años cuando lo ataron a un árbol en la Curva de Villalibre, le clavaron un machete en los hombros, le destrozaron la cabeza y lo degollaron. 
 
Duele escribirlo. Dolerá leerlo. Pero más le duele a su familia el trauma que han arrastrado durante siete décadas. O a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que el Gobierno no aporte dinero para exhumarlo.
 
Y a todos aquellos que ven exagerado manifestarse por un perro, encadenarse por un toro, quejarse por una cabra o un ganso, un urogallo o un lobo, habiendo cosas más importantes que hacer, no les estoy viendo protestar delante de la subdelegación del Gobierno —aunque sólo sea por coherencia— para que saquen de una vez a Arsenio de la cuneta.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Ébola


África, el continente  invisible (en los medios occidentales)

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 7 de agosto de 2014


Miguel Pajares siempre quiere volver a África. Lo dicen los amigos que dejó en León después de ejercer durante siete años como capellán del Hospital de San Juan de Dios. Y en África se encuentra todavía, mientras escribo estas líneas, aislado en un hospital de Morovia, con fiebre alta, contagiado de ébola, y a la espera de que un avión medicalizado del ejército español lo traiga de vuelta a casa.

No hay mucha gente como Miguel Pajares en el mundo. Gente que se arriesga a lo peor. En Liberia se ha dedicado a formar personal sanitario local, como Patrick Nshamdze, que atendió a los afectados por el virus más mortífero desde la Peste Negra en el Hospital de San José hasta que también cayó enfermo.

Nshamdze murió la semana pasada, asistido por Miguel Pajares, y seguramente, nadie, incluido yo, estaría escribiendo su nombre en España a estas alturas si el sacerdote de 75 años que le dio la extrema unción no se hubiera convertido en el primer español en contraer la enfermedad, y si el Gobierno no hubiera autorizado su repatriación.

El ébola ha dejado de ser un problema de África. Han tenido que contagiarse los primeros blancos para que le prestemos toda la atención que merece. Así es como el regreso a España de Miguel Pajares ha desplazado al resto de temas de las portadas de los periódicos y de los informativos de televisión. Ha orillado la masacre de Gaza, la guerra en Ucrania, el manifiesto de un grupo de intelectuales contra un artículo antisemita de Antonio Gala, las críticas de Israel contra la reportera de TVE que informaba de los bombardeos desde la franja, el temor de Javier Bardem y Penélope Cruz a quedarse sin trabajo por apoyar a los palestinos, los 127 kilos de droga escondidos en el Juan Sebastián Elcano, el buque escuela de la Armada y emblema de la marca España (menuda ironía), o la corrupción del muy intocable clan de los Pujol que ha gobernado Cataluña bajo la ley del tres por ciento.

Hoy África es portada. Y lo es, no por el ejemplo de Pajares o Nshamdze. Es el temor al contagio, a que el apocalipsis no sea un cuento bíblico, lo que nos incita a saber más del ébola. Sólo el miedo ha sido más poderoso que la indiferencia.