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miércoles, 8 de diciembre de 2010

insurance.aes256

Grabado de Juan Carlos Mestre.
www.juancarlosmestre.com

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. 7 de diciembre de 2010

Juan Carlos Mestre, penúltimo Premio Nacional de Poesía, tenía 14 años cuando leyó un verso que cambió su vida; «la belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes». El poema se titulaba Sublevación. Y el poeta que lo había escrito era Antonio Gamoneda, que al día de hoy no necesita ninguna presentación.
 
Mestre y Gamoneda han estado estos días en la Feria del Libro de Guadalajara, México, hablando de poesía y de libertad y del valor de la palabra en una mesa compartida, entre otros, con Gustavo Martin Garzo, que citó a Octavio Paz para pregonar que «la poesía vuelve habitable el mundo». Mestre fue más lejos. Dijo que la poesía pone voz a lo que está «a la intemperie». A los olvidados. Y volvió a aludir a Gamoneda para añadir que ante la «soberbia obstinación del poder para mentir», la voz de los poetas supone «una sublevación inmóvil».
 
Visto así, todos los periodistas deberíamos ser poetas. O músicos de rock. O raperos, porque el rock ya no es lo que era. Mañana se cumplen 30 años del asesinato de John Lennon, poeta musical, abanderado de causas perdidas, una voz crítica con el sistema, que llegó a ser investigado por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, temerosos del poder de sublevación de sus palabras. A Lennon lo mató un joven trastornado, lector de El Guardian Entre El Centeno, de Salinger, que no encontró otra forma de sublevarse que vaciarle el cargador de un revólver del calibre 38 a las puertas del edificio Dakota de Nueva York.


Yoko y John. La portada más famosa de la revista  RollingStone en el número de enero de 1981.
Procede de la última sesión de fotos del cantante, el 8 de diciembre de 1980
-el mismo día en que murió asesinado- realizada por ANNIE LEIBOVITZ.

Pero los servicios de inteligencia de los Estados Unidos se concentran estos días en otra voz. No es la de un músico. Ni la de un poeta. De hecho, ni siquiera se oye. Es la de un periodista y le basta Internet para haber desencadenado una verdadera sublevación inmóvil. Su nombre es Julian Assange, fundador de la página Wikileaks -que tampoco necesita ninguna presentación- y ha puesto contra las cuerdas a la diplomacia mundial difundiendo miles de documentos que nos descubren las miserias de la alta política. Y ahora les voy a hablar del verso que puede cambiar nuestras vidas. Se titula insurance.aes256, pesa 1,4 gigabytes, y es un archivo encriptado, colgado en Wikileaks, que sólo se abrirá en caso de que le ocurra algo a Julian Assange. Yo no lo he leído. No tengo los conocimientos necesarios para atreverme a desencriptarlo, pero intuyo que sin esconder ninguna belleza, ya está haciendo más habitable este mundo.


Julian Assange, fundador de Wikileaks.
 contrapunto2002.blogspot.com