Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Juan Carlos Mestre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Carlos Mestre. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de febrero de 2015

1844

1844 fue el año en que se publicó 'El Señor de Bembibre' y también
'La suerte de Barry Lyndon' adaptada al cine por Kubrick.
 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 5 de febrero de 2015
 
En 1844, la reina María Cristina regresa a Madrid de su destierro y se instala en el Palacio de las Rejas para tratar de tutelar el reinado de su hija Isabel, que sólo tiene 14 años. Atrás queda la regencia de Espartero, el abrazo de Vergara, la guerra entre carlistas e isabelinos y la desamortización de los bienes del clero.
 
En 1844, José Zorrilla publica Don Juan Tenorio, que le dará fama, pero no dinero porque malvende sus derechos. Espronceda ha muerto. Larra lleva siete años enterrado. Y el Duque de Rivas ha logrado otro éxito con El desengaño en un sueño.
 
En Francia reina Luis Felipe de Orleans, el rey ciudadano, y el folletín alimenta los periódicos. Alejandro Dumas escribe Los tres mosqueteros y Víctor Hugo ya es un autor consagrado. Balzac y Flaubert hacen avanzar la novela. Y ha muerto Stendhal, el autor de Rojo y negro.
 
En la Inglaterra de la reina Victoria, William M. Thackeray publica La suerte de Barry Lyndon en el Fraser’s Magazine y alcanza una cima de la novela satírica al narrar en clave de falsa autobiografía el ascenso y caída de Redmond Barry. Despunta Charles Dickens, empieza a escribir Willkie Collins, y las hermanas Brönte preparan sus mejores obras.
 
En los Estados Unidos del destino manifiesto, Poe ha publicado El gato negro, quizá su cuento más inquietante, y está a punto de escribir su poema El cuervo. Hawthorne imagina La letra escarlata. Y Melville aún anda enrolado en una fragata después de navegar en los Mares del Sur con la tripulación de un ballenero.
 
La competencia es muy grande para un joven escritor español de una provincia interior en 1844. Hay talentos en todas partes. Novelas, dramas, poemas que resistirán el paso de los años. Y eso le está ocurriendo a El Señor de Bembibre, «una pequeña obra maestra» de Enrique Gil y Carrasco, dice su paisano Juan Carlos Mestre, maltratada por la muerte temprana del escritor y la desidia de los editores que ahora reedita Valentín Carrera. Porque el mejor homenaje que puede recibir su autor, en el bicentenario de su nacimiento y 171 años después de que la escribiera, es publicarla otra vez sin erratas, sin errores, y con ilustraciones de Mestre. Para que ustedes la lean.

viernes, 30 de enero de 2015

Mestre reinventa 'El Señor de Bembibre'

 
'Hicieron volar la barca sobre las aguas del lago de Carucedo'.
 Ilustración de JUAN CARLOS MESTRE sobre un original de ZARZA Y BATANERO.
Cortesía de Valentín Carrera.
 
Diario de León. Jueves 29 de enero de 2015
 
Imagínense un unicornio en las páginas de El Señor de Bembibre. Una exótica ave de las selvas sudamericanas posada sobre un árbol en la orilla del lago de Carucedo mucho antes de que se descubriera el nuevo continente. Imagínense una fusión del paisaje medieval y la ilustración romántica con el lenguaje del cómic, el collage y los recortables, la pintura religiosa y el surrealismo. Imagínenselo y descubrirán que detrás de todo se encuentra el trazo inconfundible de Juan Carlos Mestre.
 
El ilustrador y poeta villafranquino, Premio Nacional de Poesía y mención de honor en el Premio Nacional de Grabado, se atreve ahora con un clásico. Y lo hace por partida doble, porque la nueva edición de El Señor de Bembibre que prepara el escritor y periodista Valentín Carrera no sólo reproduce el ensayo Historia secreta de la melancolía, que Mestre escribió sobre Enrique Gil y Carrasco en 2004 junto a Miguel Ángel Muñoz Sanjuan, también incluye 21 láminas con la reinterpretación que el artista villafranquino hace de las ilustraciones originales de Zarza y Batanero para la primera edición de la obra (Madrid, 1844).
 
«Es una relectura descontextualizada. Un divertimento para mi amigo Valentín Carrera», reconocía ayer el ilustrador, una de las voces que en los últimos años ha reivindicado no sólo la modernidad de su paisano Gil y Carrasco, antecedente del romanticismo poético de Bécquer, sino la vigencia de El Señor de Bembibre, novela que considera «una pequeña obra maestra».
 
Mestre le ha dado la vuelta a las ilustraciones de Zarza y Batanero, que otro escritor berciano como Ramón Carnicer calificó en su día de «mediocres», hasta transformarlas en algo completamente distinto del modelo original. Lo explica el propio Carrera en la nota del editor que acompaña a la nueva edición de la novela, el número nueve de la Biblioteca Gil y Carrasco donde está reuniendo las obras completas del autor romántico. «A la manera en que Picasso reinterpretó Las Meninas, Mestre ha reinventado los ‘mediocres’ grabados del siglo XIX en una lectura visual sugestiva, plena de imaginación y fantasía». Carrera continúa. «En esta reinvención de El Señor del Bembibre, el alquimista Juan Carlos Mestre ha fundido sentimientos, artes, estilos, la nobleza, el amor, la poesía, unicornios recién salidos del ciclo artúrico, miniaturas de manuscritos medievales, el lenguaje del cómic y los recortables, el Beato, los ciclos de los meses en el Panteón de San Isidoro, la pintura religiosa, el surrealismo... ¡Mestre en estado puro!», explica entusiasmado el editor.
 
Juan Carlos Mestre, por su parte, no desdeña, ni mucho menos, las ilustraciones originales del pintor Zarza y el xilógrafo Batanero, al contrario de lo que hizo Ramón Carnicer, autor de un prólogo sobre la novela convertido en un texto clásico que también incluye la nueva edición de Carrera. «Respondían al gusto de la época. Mostraban el mundo de los templarios como se veía entonces, que no había ni Wikipedia, ni Internet».
 
Completa la aportación desinteresada de Mestre a la nueva edición de El Señor de Bembibre el ensayo conjunto con Muñoz Sanjuan, publicado por primera vez en 2004. En Historia secreta de la melancolía, ambos enseñan a un Gil y Carrasco alejado de los convencionalismos, amigo íntimo del «revolucionario Espronceda», cuenta Carrera, y conectado a la corriente del liberalismo, que se había opuesto al absolutismo de Fernando VII. Un texto que ya se pregunta por los vínculos de Gil y Carrasco con la masonería y que dejaba entrever algunas dudas sobre su verdadera condición sexual, añade el editor. Un texto, en cualquier caso, donde Mestre y Muñoz Sanjuan defienden la importancia de la obra de Gil y Carrasco como antecedente del romanticismo poético de Bécquer, de la misma forma que Luis Cernuda y Ramón Sijé.
 
Escritor moderno
 
«La modernidad de Gil y Carrasco es incuestionable», decía ayer el poeta de su paisano decimonónico. Y lo es, además de por sus hallazgos poéticos o su labor como crítico teatral, que ha redescubierto Miguel Ángel Varela en un volumen anterior de la Biblioteca Gil y Carrasco, por la novedad que supone El Señor de Bembibre, vigente en el bicentenario del nacimiento de su autor. Mestre no comparte la visión de la novela de Azorín, que en una cita famosa la denostó por su trama «infantil» y sus personajes «poco coherentes», a la vez que la elogiaba porque introducía el paisaje en la literatura española. El villafranquino, sin embargo, afirma que Gil y Carrasco hace algo más, y de ahí su modernidad. «Gil y Carrasco convierte el paisaje en un personaje», afirma.
 
Y esa reinvención del paisaje del Bierzo hasta «elevarlo a la categoría de persona», según Mestre, no está lejos del espíritu con el que el autor de La bicicleta del panadero se ha acercado ahora a la iconografía clásica de Zarza y Batanero para darle otra vuelta de tuerca a una novela que nunca se agota.
 
 

'Doña Beatriz le aguarda al otro lado de la reja'.
Ilustración de JUAN CARLOS MESTRE sobre un original de ZARZA Y BATANERO

 
Un texto  "limpio de erratas y distorsiones" y con menos comas
 
Es sabido que Gil y Carrasco no pudo corregir las galeradas de El Señor de Bembibre porque partió antes para Berlín, donde moriría. La «desidia» de los sucesivos editores, cuenta Carrera, llevó a que la novela apareciera con erratas, errores de toponimía, cambios de nombre de personajes, números de capítulos repetidos y puntuación ajena al modo de escribir del autor. El primero en purgar el texto original en una edición crítica fue Ramón Carnicer en 1971. Carrera viene ahora «a hombros de gigantes» que también mejoraron la edición de la novela como el propio Carnicer, Campos, Picoche, Rubio, Mestre y Muñoz para ofrecer un texto «limpio de erratas y distorsiones», y con menos comas que interrumpan la lectura, en un intento de recuperar el ritmo fluido de otros escritos del autor.
 
 


Ilustración original de Zarza y Batanero



 
Así dibujaban Zarza y Batanero en 1844...
 
Los grabados originales de Zarza y Batanero responden "al gusto de la época", explica Mestre, que no es tan duro como Carnicer cuando calificó de "mediocres" las ilustraciones de 1844. La de Zarza y Batanero, cuyo rastro ha seguido el profesor Jovino Andina, es una visión "historicista" del mundo templario, aún hoy demasiado idealizado y que el poeta e ilustrador villafranquino no comparte. Un mundo de monjes guerreros, mercenarios, y una tradición, la de las Cruzadas, que a Mestre le resulta "ajena y distante" y que Gil y Carrasco sólo usó como telón del "discurso amoroso frente a la fuerza" de su novela.
 

Interpretación de Mestre de la lámina anterior

 
...y así lo ve Juan Carlos Mestre en 2015
 
Juan Carlos Mestre ha volcado toda su creatividad sobre las ilustraciones originales de Zarza y Batanero. El color, las imágenes surrealistas, cierto sentido del humor, el lenguaje del cómic, el lirismo y la fantasía que se desprende de las 21 láminas retocadas por el villafranquino, cuya faceta como ilustrador está igual de reconocida que su poesía, son uno de los mayores reclamos de la nueva edición de El Señor de Bembibre que Valentín Carrera quiere presentar a principios de febrero en la localidad que da nombre a la novela. Carrera compara el trabajo de Mestre con la reinterpretación de Picasso de Las Meninas. 



lunes, 19 de enero de 2015

Todos los Señores de Bembibre

 
Edición de Aguilar, con ilustraciones de José Bort


 
Diario de León. Lunes 19 de enero de 2015

 
El Señor de Bembibre es una caja de pandora en la que cabe de todo. En primer lugar, caben erratas y topónimos equivocados que su autor no pudo corregir para la primera edición de la novela —publicada en 1844 en Madrid por Francisco de Paula Mellado— porque ya se encontraba de viaje a Berlín, donde fallecería. Tuvo que ser otro escritor hoy convertido en un clásico como Ramón Carnicer el que en 1971, casi un siglo y medio después de la muerte de Enrique Gil y Carrasco, purgara el texto original para una edición de bolsillo en Seix Barral.
 

Caben hermanos y amigos, como Joaquín del Pino y Fernando de la Vera e Isla, responsables de la segunda edición del texto en 1883, junto a la novela corta El lago de Carucedo y algunos artículos de crítica, y Eugenio Gil y Carrasco, que prologó aquella publicación de la que apenas quedan copias localizadas en la Real Biblioteca de Madrid o en Alicante.
 
Caben y cabrán ilustradores de renombre; desde los originales de Zarza y Batanero de 1844, que encarecían la primera edición de ocho a doce reales, a José Bort, dibujante de La Familia Telerín y Los Lunnis, que llegó a ilustrar una edición infantil de la obra. Cabe el trazo del berciano Ángel Ruiz, que se encargó de la portada que en 1971 editó la desaparecida Librería Arriba y Castro en Ponferrada, con el mismo prólogo clásico de Carnicer.
 

 
Ilustración de Zarza grabada por Batanero para la primera edición
  

Y cabe el talento del poeta e ilustrador villafranquino Juan Carlos Mestre, que prepara una nueva reinterpretación de los grabados originales para la nueva edición de la obra que Valentín Carrera quiere presentar en Bembibre el próximo mes de febrero dentro de su proyecto de la Biblioteca Gil y Carrasco, que recopila las obras completas del autor por primera vez desde 1954.

 
Por caber, cabe hasta un maestro fusilado durante la Guerra Civil, Rafael Álvarez, que en 1925 editó con el seudónimo P.R.M. la primera versión para escolares de la novela.
 
Y el guardián de la caja de pandora más grande de El Señor de Bembibre, donde caben hasta 85 de las casi cien ediciones de las que se tiene constancia que se han publicado de la novela histórica más famosa del Romanticismo español, es Jovino Andina, un profesor jubilado que ha dado clase en Bembibre, claro, donde reside desde que en 1968 llegó al Bierzo desde Taramundi (Asturias). Andina leyó por primera vez El Señor de Bembibre en la edición escolar  de Álvarez y posteriormente pagó 90 pesetas para adquirir la obra completa editada por Toray. Fascinado por el Bierzo, donde acabó por echar raíces, en el último medio siglo no ha dejado de rastrear la huella de la novela en librerías de viejo y bibliotecas a la vez que se convertía en uno de los divulgadores más conocidos de la cultura de la comarca. «Es una afición que fue creciendo a fuego lento», decía ayer en la biblioteca de su casa, mientras mostraba a este periódico algunas de las ediciones más curiosas de la novela sobre la que prepara un catálogo y un estudio editorial que próximamente publicará el Instituto de Estudios Bercianos y el propio Valentín Carrera.
 
 
La afición de Andina le ha llevado a rastrear los pasos de los primeros ilustradores, o a descubrir que detrás del enigmático seudónimo del responsable de la primera «adaptación para la clase de lectura de las Escuelas Primarias» (Benito Izaguirre editor, Madrid, 1925) se escondía el maestro Rafael Álvarez, que vivió en Bembibre de niño y que iba a morir paseado años después. Y entre todas las ediciones, con erratas o en miniatura, con textos críticos de Carnicer, de Jean Louis Picoche en Castalia, de Enrique Rubio en Cátedra (que ha alcanzado la 13ª edición), traducidas al alemán o adaptadas al inglés como la titulada The mistery of Bierzo Valley (Gethen y Veaho, Londres, 1938), la más apreciada de todas es una de la que sólo se hizo una copia; la que la familia del profesor Martín Simón, compañero de aulas en el colegio Menéndez Pidal, le transcribió a mano a Andina para regalársela el día en que se jubiló.

Ilustraciones de José Bort

La primera edición
 
A Jovino Andina sólo le falta una decena de ediciones de El Señor de Bembibre, entre ellas la que se publicó en 1883 con prólogo de Eugenio Gil y Carrasco, pero en 2003 todavía se hizo en Internet con una copia "en muy mal estado" de la primera edición de 1844. Y sólo tres años después, encontraría un ejemplar mejor conservado en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Madrid, en la caseta de un librero catalán instalada frente al Café Gijón. "La conseguí por un precio módico, sólo me pidió 80 euros", dice de un libro que hoy ya no se encuentra. 
 


 

viernes, 8 de febrero de 2013

Paraísos

Campo de girasoles, en un cuadro de Van Gogh
 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 27 de diciembre de 2012
 
Tenemos el campus amenazado de muerte. Las líneas de tren en el aire. Un aeropuerto sin vuelos. Autovías aparcadas en el cajón de los proyectos imposibles.
 
Y se ha muerto Lêdo Ivo.
 
Tenemos la minería sentenciada. El azúcar amargo. Comercios cerrados. Dos mil personas que se han marchado de Villablino.
 
Y Lêdo Ivo se ha ido. Le ha dado un infarto.
 
Tenemos subidas de tasas, subidas de impuestos, bajadas de sueldos, recortes sociales, inmigrantes sin papeles tratados como criminales, y un anteproyecto de ley de reforma del Código Penal que deja en manos de un fiscal la decisión de acusar a quienes den cobijo en sus casas a extranjeros en situación irregular.
 
Y Lêdo Ivo, aquel poeta brasileño que salía con cara de loco en las antologías y que una vez recogió un premio en León, sufriendo una fisura en el corazón en Sevilla, después de pisar los jardines del Alcázar y exclamar que el paraíso existe.
 
Tenemos gente solidaria. Tenemos gente que ayuda a la gente en Cáritas y en los bancos de alimentos, poniendo parches, por no decir remiendos, a la política social de un Gobierno que sólo atiende a los bancos y a las autopistas de peaje.
 
Y tenemos a Lêdo Ivo, el poeta del que tanto hablaron Mestre y Pereira, subiéndose a un avión de los que atan el cielo con cintas de vapor para aterrizar en Cavalo Morto.
 
Cavalo Morto, conviene recordarlo, es un lugar donde todos los jardines son un paraíso y las muchachas bordan en las nubes los nombres de sus enamorados con alfabeto azul y blanco. Donde los hombres nunca son irregulares y no hay recortes, ni caridad, ni pozos mineros cerrados. Y tampoco hay que pagar peajes.
 
Donde la justicia social no es una utopía encerrada en el cajón de los proyectos aparcados y los trenes no pasan nunca de largo.
 
Cavalo Morto es un lugar, ahora sí podemos decirlo, donde uno puede cruzarse con Lêdo Ivo caminando por la calle, mientras las mujeres agitan el manojo de llaves que llevan en el pecho a su paso, sin preguntarse a qué sastre habrán llamado para remendarle el corazón.
 
 
Lêdo Ivo
 
 
UN POEMA DE LÊDO IVO
 
Dejo aquí un poema de Lêdo Ivo.
El Cavalo Morto que inspiró a Juan Carlos Mestre lo podéis leer en otra entrada de este blog.
 
 
EL GIRASOL

En mi mano cerrada cabe el día,
el fuego aleatorio de los instantes
y el silencio que esparcen los amantes
cuando termina la fiesta y nada queda

de la luz petrificada entre las montañas.
En mi mano abierta cabe la sombra
abandonada por la vida que me espera
lejos del invierno, cuando la primavera

devuelve al tallo la rosa fenecida
y lo que fue vuelve a ser, y toda pérdida
regresa como un lucro inmerecido.

Mi mano sostiene un girasol.
Soy la sobra y el exceso, como el viento
o como la luz incómoda del sol.

viernes, 1 de febrero de 2013

El carbón y las estrellas

Una fábrica de astros. Desconozco el autor del dibujo de estos dientes de león

 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 8 de noviembre de 2012
 
El carbón se ha muerto. La mina está enterrada. El minero es cosa del pasado.
 
Repitámoslo todos. El carbón es un cadáver. La mina, una tumba. El minero, un recuerdo.
 
Otra vez. El carbón no ha resistido al invierno. El invierno es esta crisis, claro. La mina es una mortaja. El minero, un eco que se apaga.
 
Tenemos que mentalizarnos de que el carbón se ha ido, o de que sigue ahí, pero nadie estará interesado en sacarlo de la mina durante los próximos años.
 
Tenemos que hacernos a la idea de que el invierno ha llegado. Y el invierno es este sistema de mercado. El invierno es la globalización, que nos baja los sueldos y no consigue elevar el nivel de vida del resto del mundo, las servidumbres del euro, el déficit, este Gobierno que tenemos, que rescata autopistas y sostiene bancos mal gestionados, pero hunde sectores que sostienen buena parte de la economía de toda una provincia como la de León.
 
No debemos engañarnos. Hace tiempo que el frío del invierno nos está calando.
Y no será carbón lo que nos caliente, claro. El carbón nos ha abrigado durante cien años, pero ahora está muerto, muerto y enterrado, repito, borrado del mapa energético, olvidado, y no sirve de nada lamentarse más.
 
Nos haremos viejos. Nos convertiremos en jubilados, en parados de larga duración, en pobres de bolsillo y de corazón si no despertamos.
 
Y despertar es dejar de esperar un milagro. El carbón limpio, la captura del CO2, el almacenamiento geológico, la investigación, nada de eso estará listo a tiempo de salvarnos. Nunca fue su función. ¿Por qué iba a serlo ahora?
 
Así que hay que pensar en otra cosa. Moverse. Crear. Reciclarse. Adelantarse. Innovar. Sacudirse complejos. Ser más ambiciosos. Y aprovechar mejor, mucho mejor, todo lo bueno que tenemos.
 
Las estrellas para quien las trabaja, dice a menudo Juan Carlos Mestre. Y no hace falta ser poeta para darse cuenta de que el cielo no se toca desde la boca de una mina cerrada.
 
 

Grabado de Juan Carlos Mestre

 

jueves, 18 de octubre de 2012

Será mejor que te calles

Niebla y raíles

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves, 6 de septiembre de 2012


Será mejor que te calles, escribe Juan Carlos Mestre en un poema de su último libro, La bicicleta del panadero. Y está hablando del trauma de la guerra, de la nuestra, que todavía nos empozoña la memoria.
 
Y nos la empozoña porque nadie debería discutirle una calle en Ponferrada a una mujer embarazada y a su hijo de tres años, asesinados hace setenta y seis años, y sin embargo lo hacen. Ya lo dije la semana pasada y lo vuelvo a decir esta, precisamente porque sé que hay gente, demasiada, que no le gusta que lo repita. Será porque los dejo en evidencia.
 
Será mejor que os calléis, porque no es el momento de protestar, parece que les esté diciendo Victorino Alonso a los trabajadores de sus cielos abiertos, que sacan carbón, pero no son mineros, y llevan quince días en huelga porque el empresario les quiere recortar los sueldos.
 
Será mejor que no te quejes, le dicen al funcionario, aunque le hayan quitado la paga extra, a quien conserva su empleo, aunque le haya reducido el sueldo, al que contratan por un sueldo mínimo y hace más horas de la cuenta, porque le están dando trabajo, que es un derecho, no una limosna.
 
Será mejor que trabajes, le dice el Gobierno al parado que no encuentra empleo, convencido de que no lo busca con suficiente interés y prefiere quedarse en su casa con cuatrocientos euros al mes.
 
Será mejor que no hables. Será mejor que no escupas al aire. Será mejor. Será. Será mejor que te calles. No vaya a ser que haya alguien a quien no le guste lo que dices.
 
Parece que la crisis lo justifique todo, que debiéramos aceptarlo todo, asumirlo todo, incluso que todos somos culpables de lo que nos pasa —del déficit del Estado, de la desconfianza que genera nuestra deuda soberana, del recorte del crédito, de los temblores del euro— por haber vivido durante los últimos años por encima de nuestras posibilidades, cuando los verdaderos responsables de tanto despilfarro, de tanta especulación, de tantos ladrillos en el aire, son los mismos que ahora nos piden que nos apretemos el cinturón.
 
Que se callen ellos.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Ecos

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Martes 17 de mayo de 2011


Valentín Carrera decía el sábado que dentro de unos años, si permitimos que incineren neumáticos en Toral de los Vados, la uva mencía nos sabrá a rueda quemada y las cerezas tendrán un regusto a dioxinas cancerígenas.

Juan Carlos Mestre no estaba entre la marea de gente anónima que se echó a la calle en Ponferrada para protestar contra los planes de Cosmos en Toral de los Vados, de Biergrim, que quiere abrir un vertedero de residuos en Matachana, y de Aqualdre Zinc, que pretende reciclar residuos de acería en Cubillos del Sil. No estaba en cuerpo -no tuvo tiempo de regresar de un viaje con el Instituto Cervantes por Marruecos- y por eso prestó su voz a otro para reclamar que los malos humos de la incineración no nos ahoguen los sueños. Mestre animó a defender el Bierzo igual que a un inocente condenado a muerte. Y ahí demostró que después del siglo XX, la poesía todavía puede ser un arma cargada de futuro.

No estuvo Amancio Prada. Pero el cantautor de Dehesas fue duro y directo cuando calificó la incineración de atentado terrorista.

Y tampoco se mordió la lengua, porque le hubiera salido una bilis rabiosa, el locutor Luis del Olmo, que pasó ante su propio busto tirando de la pancarta de la manifestación y advirtió de que el Bierzo es un jardín intocable y a ningún canalla, son sus palabras y las hago mías, se le puede ocurrir quemar aquí productos que contaminen el aire.

El pintor José Sánchez Carralero tampoco faltó a la cita. Ocupó un lugar visible en la manifestación. Y agradeció que no hubiera contaminación política y los bercianos se echaran a la calle todos a una, como en Fuenteovejuna.

La manifestación, a los pies del castillo. Foto de http://www.bierzoairelimpio.org/
Pero toda la riada de ocho mil personas que protestaron el sábado en Ponferrada no servirá para evitar que Cosmos se ponga a quemar neumáticos si no hay un cambio en la legislación que permite a las empresas deshacerse de los residuos en lugares como Toral de los Vados. Y como yo tampoco quiero beber mencía con sabor a ruedas, ni quiero que cambie el regusto de las cerezas, ni consiento que me ahumen los sueños; y porque puedo hacerme eco en esta columna de todas las voces que recuerdan que el Bierzo es inocente, aquí lo escribo y aquí lo dejo. Y cito a Alfonso Rojo; yo tampoco quiero ser cómplice de algo tan estremecedor.
La manifestación, ante el templete de oradores en la calle Gil y Carrasco
Foto de Enrique L. Manzano. De la web http://www.ecobierzo.org/

miércoles, 13 de abril de 2011

Cavalo Morto


Grabado de Juan Carlos Mestre

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Martes 12 de abril de 2011

Juan Carlos Mestre se ha encontrado con Lêdo Ivo.

Lêdo Ivo existe y es un poeta viejo que vive en Brasil y que de vez en cuando deja la cara de loco con la que sale en las antologías y se sube a un avión que ata el cielo con cintas de vapor para encontrarse con Juan Carlos Mestre.

Juan Carlos Mestre es un poeta del Bierzo que cultivó hierbas en la boca de un muerto.

La boca de un muerto, sobre todo si el muerto es Federico García Lorca, es el lugar mas fecundo para vivir separado del rumbo de las cosas y escribir de la nieve de los locos.

La nieve de los locos es un astrolabio muerto.

Un astrolabio muerto es lo que queda en el cielo de Nueva York cuando lo atraviesan dos almendras de fuego. Y no lo digo yo. Lo dijo Lorca y lo dice Juan Carlos Mestre, que escupe carbón machacado y de vez en cuando deja la cara de loco con la que escribe poesía para buscar la compañía de Lêdo Ivo.

Lêdo Ivo esta vivo y cuando se encuentra con Juan Carlos Mestre en lugares que sólo existen en un poema de Federico García Lorca como Córdoba, siempre acaban hablando de Cavalo Morto.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo. O al menos eso dicen las antologías.

Las antologías mienten a veces, pero con Lêdo Ivo no se equivocan. Lêdo Ivo es un mito de las letras en lengua portuguesa y estos días se ha encontrado con Mestre -que incluyó su nombre en un poema de La casa roja- durante la octava edición del festival Cosmopoética de Córdoba, donde los dos han vuelto a hablar de Cavalo Morto.

Cavalo Morto es un lugar que nunca me he atrevido a visitar porque tengo miedo de que la poesía de lengua portuguesa me muerda en el corazón. Quienes han estado allí y han vuelto para contarlo, dicen, sin embargo, que en Cavalo Morto, un bullicio de abejas prehistóricas habita en los pararrayos y las sandías son mujeres semidormidas que tienen un manojo de llaves dentro del pecho.

Dentro del pecho, llevo una dentellada.

Y una dentellada es una almendra de fuego que te quema por dentro cuando lees los versos que Juan Carlos Mestre escribió una vez de Cavalo Morto, ese lugar que no existe, excepto en un poema de Lêdo Ivo.


Juan Carlos Mestre y Lêdo Ivo, en el festival Cosmopoética 2011 de Córdoba
FOTO de JUAN MANUEL VACAS, tomada de calambureditorial.blogspot.com

CAVALO MORTO de Lêdo Ivo

En Cavalo Morto, las muchachas acostumbran a salir de paseo con los soldados. Y luego a quererse.

Sucede entonces algo inverosímil: después de hacer el amor, bordan en las nubes, con un alfabeto azul y blanco, el nombre de los enamorados: José Antônio, Manuel, Joâo.

Las muchachas vuelven más jóvenes de esos amores entre la maleza. Regresan intrépidas, excitadas por el filtro de la luna. Y para ellas no hay ya exigencias, cobardías, acontecimientos. Sólo existen los soldados del batallón.

En agosto, enero, igual septiembre, las muchachas aman en Cavalo Morto. Pasan abrazadas a sus enamorados y dejan en la arena del camino algo como un rastro de espuma o velo. Los soldados no saben hacer sonetos, ¡pero cómo aman!

De noche, Cavalo Morto nunca está despoblado. Y si pasas un día por allí y oyes voces, risas y gemidos de amor, no te asustes por miedo a los fantasmas. Son las muchachas amándose con los soldados de Cavalo Morto.
  

Grabado de Mestre para "La tumba de Keats"

CAVALO MORTO de Juan Carlos Mestre

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.

Un poema de Lêdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.

Lêdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola tarde forrada con tela de gabardina.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.
Un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.

Un poema de Lêdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras con el timbre de las bicicletas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.

Lêdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lêdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.

En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lêdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lêdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lêdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.
Dibujo de Lorca. Nueva York ...y Cavalo Morto.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

insurance.aes256

Grabado de Juan Carlos Mestre.
www.juancarlosmestre.com

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. 7 de diciembre de 2010

Juan Carlos Mestre, penúltimo Premio Nacional de Poesía, tenía 14 años cuando leyó un verso que cambió su vida; «la belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes». El poema se titulaba Sublevación. Y el poeta que lo había escrito era Antonio Gamoneda, que al día de hoy no necesita ninguna presentación.
 
Mestre y Gamoneda han estado estos días en la Feria del Libro de Guadalajara, México, hablando de poesía y de libertad y del valor de la palabra en una mesa compartida, entre otros, con Gustavo Martin Garzo, que citó a Octavio Paz para pregonar que «la poesía vuelve habitable el mundo». Mestre fue más lejos. Dijo que la poesía pone voz a lo que está «a la intemperie». A los olvidados. Y volvió a aludir a Gamoneda para añadir que ante la «soberbia obstinación del poder para mentir», la voz de los poetas supone «una sublevación inmóvil».
 
Visto así, todos los periodistas deberíamos ser poetas. O músicos de rock. O raperos, porque el rock ya no es lo que era. Mañana se cumplen 30 años del asesinato de John Lennon, poeta musical, abanderado de causas perdidas, una voz crítica con el sistema, que llegó a ser investigado por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, temerosos del poder de sublevación de sus palabras. A Lennon lo mató un joven trastornado, lector de El Guardian Entre El Centeno, de Salinger, que no encontró otra forma de sublevarse que vaciarle el cargador de un revólver del calibre 38 a las puertas del edificio Dakota de Nueva York.


Yoko y John. La portada más famosa de la revista  RollingStone en el número de enero de 1981.
Procede de la última sesión de fotos del cantante, el 8 de diciembre de 1980
-el mismo día en que murió asesinado- realizada por ANNIE LEIBOVITZ.

Pero los servicios de inteligencia de los Estados Unidos se concentran estos días en otra voz. No es la de un músico. Ni la de un poeta. De hecho, ni siquiera se oye. Es la de un periodista y le basta Internet para haber desencadenado una verdadera sublevación inmóvil. Su nombre es Julian Assange, fundador de la página Wikileaks -que tampoco necesita ninguna presentación- y ha puesto contra las cuerdas a la diplomacia mundial difundiendo miles de documentos que nos descubren las miserias de la alta política. Y ahora les voy a hablar del verso que puede cambiar nuestras vidas. Se titula insurance.aes256, pesa 1,4 gigabytes, y es un archivo encriptado, colgado en Wikileaks, que sólo se abrirá en caso de que le ocurra algo a Julian Assange. Yo no lo he leído. No tengo los conocimientos necesarios para atreverme a desencriptarlo, pero intuyo que sin esconder ninguna belleza, ya está haciendo más habitable este mundo.


Julian Assange, fundador de Wikileaks.
 contrapunto2002.blogspot.com