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jueves, 30 de enero de 2014

Inventario

  
José Emilio Pacheco.

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 30 de enero de 2014

La poesía, decía José Emilio Pacheco, "no sé lo que es ni para qué sirve". Pacheco, que murió el domingo en un hospital de la Ciudad de México, era poeta. Y narrador. Y ensayista. Y crítico literario. Y periodista. Desde hacía 40 años escribía una columna en el semanario Proceso que llamaba Inventario.

En su último Inventario, Pacheco hablaba de su vecino y amigo Juan Gelman, que había fallecido unos días antes a la edad de 84 años. "Juan Gelman -escribía- nunca creyó que la poesía fuera capaz de frenar los tanques, silenciar las ametralladoras o romper la picana". La vida de Gelman, hay que recordarlo, estuvo marcada por el secuestro y el asesinato de su hijo y su nuera embarazada durante la dictadura argentina, y por el encuentro con su nieta, la niña nacida en el cautiverio, años después.

"Todos somos poetas", solía decir Pacheco, aunque no se atreviera a definir en qué consiste la poesía. Ni para qué sirve. Y leyendo lo que pensaba el autor de Las batallas en el desierto, uno se pregunta también para qué sirve la literatura en general y el periodismo en particular, qué utilidad tiene contar las cosas. Tengo claro que no se puede cambiar el mundo a golpe de versos, ni de titulares. Si acaso, dejar testimonio de su barbarie, como hacía Gelman.

 
Leí 'Las batallas en el desierto' en un avión.
Volvía de México.
 
 
"Todo acaba en polvo y ceniza, pero lo importante es lo que está en medio, lo que podemos hacer entre las dos oscuridades", reflexionaba Pacheco, que dejó escritas muchas palabras hermosas en ese intervalo luminoso de 74 años que fue su vida. El premio Cervantes de 2009 sólo tenía una ambición y era escribir bien. Escribir mejor cada día. "La lengua puede ser para quien sepa emplearla, algo semejante a la música del espectáculo, a los colores de la ropa y de las casas que iluminan el escenario", contaba del día en que, con ocho años, presenció una adaptación musicalizada de Don Quijote y nació su vocación literaria.

Y me doy cuenta de que en los versos del propio Pacheco está la respuesta a todas esas preguntas que nos hacemos los que alguna vez soñamos con ser poetas: "La poesía que busco/ es como un diario/ en donde no hay proyecto ni medida". "A mí sólo me importa/ el testimonio/ del tiempo que pasa".

viernes, 15 de noviembre de 2013

Gringo viejo

"Liberación del peón". Mural de DIEGO RIVERA
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves, 14 de noviembre de 2013

Le llamaban el amargo Bierce (Bitter Bierce, en inglés) y desapareció en México durante la revolución.

Bitter Bierce, que tenía cumplidos los 71 años, dejó esto escrito en una carta: Si oyes que fui llevado ante un muro mexicano y fusilado hasta convertirme en harapos, comprende que para mí, esa sería una excelente manera de dejar esta vida. Es superior a la vejez, a la enfermedad, o a caerse por las escaleras de la bodega. Ser gringo en México... eso sí es eutanasia.

Autor de El Diccionario del Diablo, una colección de definiciones sarcásticas, Ambrose Bierce fue uno de los periodistas más cínicos de los Estados Unidos. También fue escritor de relatos de terror, muchos de ellos ambientados en la Guerra de Secesión. Por algo había participado en batallas tan sangrientas como las de Shilo, Chikamagua y Chatanooga, donde debió descubrir la parte más amarga de la realidad.

En octubre de 1913, Bierce dejó la comodidad de su domicilio en Washington DC para visitar por última vez los campos de batalla donde había combatido cincuenta años antes. Dos meses después, sin embargo, estaba en El Paso y cruzaba la frontera con México, donde acababa de estallar una revolución. En Ciudad Juárez, se unió al ejército de Pancho Villa como observador y su rastro se pierde en Chihuahua. A partir de aquí todo es leyenda, aunque está documentado que un gringo viejo murió en la batalla de Ojinaga, el 11 de enero de 1914. Y en Sierra Mojada, circuló durante años la historia de que a un escritor yanqui lo habían fusilado en las tapias del cementerio.

En cualquier caso, Bitter Bierce debió conseguir lo que buscaba; desaparecer sin caerse por las escaleras de la bodega. Y de paso, ser el protagonista de la novela de su vida. En 1985, el escritor mexicano Carlos Fuentes publicaba Gringo Viejo y convertía su desaparición en un best-seller. Fuentes transformaba por fin a Bierce en un personaje de ficción y ponía en su boca una frase amarga: Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos.

Y me lo imagino cruzando la frontera con México. Buscando que alguien le mate para no morir de viejo.

El teniente Ambrose Bierce, con el uniforme azul de la Unión
Dibujo de TOM REDMAN


UN CUARTO MENGUANTE QUE SE VUELVE CUARTO CRECIENTE


Los lectores de este blog ya han leído este artículo en una entrada del pasado año bajo el epígrafe de Cuarto Menguante, las columnas que no aparecen en Diario de León. Se cumplen cien años desde que Bitter Bierce cabalgaba en México junto a Pancho Villa, quien sabe si a la búsqueda de un pelotón de fusilamiento, y me apetecía que este texto también apareciera en el papel del periódico. Sin duda, llegará a más gente...

Y sobre el mural de Diego Rivera que ilustra esta entrada, puedo decir que lo he visto en la pared donde el artista lo pintó. Y esa sí fue una frontera que me atreví a cruzar.

jueves, 17 de mayo de 2012

Hemorragias

Dibujo de Carlos Fuentes. De la web oficial del autor.

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 17 de mayo de 2012

Así contó Carlos Fuentes la muerte de Artemio Cruz, hace cincuenta años. Y parece que estuviera hablando de su propia muerte, ocurrida el pasado martes en un hospital de la Ciudad de México: …ese coágulo se desprende, se desprenderá de la sangre negra… correrá… se detendrá… se detuvo… tu silencio… tus ojos abiertos… sin vista… tus dedos helados… sin tacto… tus uñas negras, azules… tus quijadas temblorosas… Artemio Cruz… nombre…”inútil”, “inútil”… ya no sabrás… te traje adentro y moriré contigo… los tres… moriremos… Tú… mueres… moriremos… has muerto… moriré.

"Mexicano de muchos países”, Carlos Fuentes vivió para ver morir a dos de sus tres hijos. El primero, Carlos Fuentes Lemus, falleció en 1999, a los 26 años de edad, debido un infarto pulmonar. Seis años después, una congestión visceral y un paro cardiaco, según la versión oficial,  también se llevaban a su hija Natasha, de 29 años, que aparecía muerta debajo de un puente en un barrio marginal del Distrito Federal donde se vende droga.

Fotógrafo, poeta, pintor, artista prematuro, Carlos Fuentes Lemus era hemofílico y sabía que se podía morir en cualquier momento. Desde niño, sus padres, asustados porque sus articulaciones se hinchaban con frecuencia y su cuerpo siempre aparecía lleno de moratones, le inyectaban un elemento coagulante; Factor Ocho le llamaban. Pero el Factor Ocho no pudo evitar que una mañana de mayo, hace trece años, la hemofilia terminara con su vida, con su arte y su entusiasmo.

De las circunstancias que rodearon a la muerte de Natasha sólo nos han llegado insinuaciones, pero el escritor de La región más transparente contó la muerte de su hijo Carlos en un artículo que no es un artículo, ni un cuento, sino un desgarro. "No era justo que su cuerpo le traicionase", escribió.

Y esto tampoco es una columna de opinión.  Es el temblor que me ha dejado en el cuerpo leer que Carlos Fuentes ha muerto de una hemorragia. Leer que los médicos intentaron reanimarle, pero no pudieron. «Inútil», «inútil».  Y que tiene los dedos helados… sin tacto… las uñas negras… la sangre coagulada… y ya no volverá a escribir nunca…nada más. Aunque estuviera lleno de entusiasmo.



Montaje de C.A. ARELLANO


ALGUNAS PALABRAS DE CARLOS FUENTES

Carlos Fuentes decía que la muerte nos iguala a todos porque nadie sabe lo que es. Es verdad que nadie ha vuelto para contárnoslo, pero leyendo el final de La muerte de Artemio Cruz, me he imaginado que el escritor ya estaba escribiendo sobre su propia muerte hace cincuenta años. Y me ha salido un artículo negro, como un coágulo...


Os dejo otras frases suyas, recopiladas por la agencia EFE en su mayoría. Era partidario de legalizar las drogas para acabar con la guerra del narco que desangra México y creía que el Siglo de Oro de la lengua española sólo está comenzando...


***

-"La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es".

-"La función del escritor no es aplaudir a los políticos, sino criticar, en el buen sentido de la palabra, y ofrecer soluciones" (14/10/2008)

- "Yo siempre estoy pensando en el primer lector de un futuro libro, un lector que aún no nace y que descubrirá mi obra dentro de cincuenta años" (29/03/2007)

- "Los novelistas quisiéramos ser exorcistas de los males de la sociedad y acabamos siendo profetas" (14/10/2008)

- "Cervantes te permite saber lo que no puedes hacer como escritor, porque él ya lo hizo mejor, pero también te da pistas de lo que puedes hacer, porque él abrió el camino" (2/09/2011)

- "Estamos viviendo un Siglo de Oro de la lengua española, que va a ser el siglo XXI" (29/03/2007)

- "Ha habido un tiempo sin novelas, pero nunca una novela que no trate el tiempo de alguna manera. Y tratar el tiempo es tratar la historia" (07/09/2009)


Carlos Fuentes en 2002. Foto de CARLOS GUTIÉRREZ. El País. (Si no les molesta que la deje aquí...)

- "La gran aportación del 'boom' latinoamericano fue escribir un puñado de buenos libros que han aguantado el paso del tiempo y liberar a la novela de la herencia naturalista y realista del siglo XIX" (2/09/2011)

- "La literatura en español no tuvo la continuidad de la anglosajona, pues después del Quijote no hay nada hasta Galdós y Clarín, unos siglos de silencio que ahora tratamos de recuperar con mayor vigor" (2/09/2011)

- "En América Latina hemos logrado acabar con las dictaduras militares y establecer regímenes democráticos, pero la gente le exige más a las democracias" (27/03/2009)

- "La gran barrera que separa a Estados Unidos y Cuba es una barba" (21/05/2010)

- "Si Sarah Palin llega al poder, yo me voy a Marte" (14/10/2008)

- "Obama es como la luz del sol, junto a la negra noche de Bush" (27/03/2009)

- "España es parte de mi existencia, de mi cultura, de mi vida, de mi lengua. Yo creo que no existe el Atlántico" (27/03/2009)

- "México es la nueva frontera del narcotráfico. Lo fue Colombia durante mucho tiempo, pero luego se trasladó a mi país, que es una frontera muy cómoda para los narcos por su proximidad con Estados Unidos" (07/09/2009)

- "Se debe despenalizar la droga y pedir ayuda a la policía israelí, francesa o alemana por sus buenos efectivos para enfrentarse al crimen" (27/08/2011)

- "Mientras no se den los pasos para legalizar la droga y se llegue a acuerdos con los Estados Unidos -que es el mercado de las drogas-, y no se tomen acciones internas efectivas de la policía, la pandilla de la droga derrotará al Ejército de México y a la sociedad que está inerme".

martes, 15 de mayo de 2012

Tibiezas

El llano en llamas. Del blog www.lacoctelera.net

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 10 de mayo de 2012

Esto no lo escribo yo. Lo escribió Juan Rulfo en un cuento sobre un gobernador que visitaba una población afectada por una catástrofe. En medio de un llano en llamas.

«Conciudadanos. Rememorando mi trayectoria, vivificando el único proceder de mis promesas. Ante esta tierra que visité como anónimo compañero de un candidato a la Presidencia, colaborador omnímodo de un hombre representativo cuya honradez no ha estado nunca desligada del contexto de sus manifestaciones políticas y que sí, en cambio, es firme glosa de principios democráticos en el supremo vínculo de unión con el pueblo, aunando a la austeridad de la que ha dado muestras la síntesis evidente de idealismo revolucionario nunca hasta ahora pleno de realizaciones y de certidumbres».

Cada vez que leo ese párrafo, le pongo cara a ese gobernador y me sale algún rostro del Bierzo o de León, o de media España, gente que maneja dinero público, que es dinero de todos, no lo olvidemos, y que le entregamos al Estado para que lo redistribuya. Y me pregunto si su honradez, la de todos ellos, habrá estado alguna vez desligada del contexto de sus manifestaciones políticas, o si habrán recibido comisiones bajo cuerda de contratistas interesados en adjudicarse alguna obra, si tendrán una caja negra con ingresos dudosos y ahora tienen que vencer la tentación de hacerlo aflorar con la anmistía fiscal de Rajoy.

Fotografía de JUAN RULFO

También me pregunto si alguna vez habrán acompañado esos gobernadores de los que les hablo a algún candidato a la Presidencia y habrán dicho algo parecido a lo que Rulfo ponía en boca de su personaje. «Fui parco en promesas como candidato, optando por prometer lo que únicamente podía cumplir y que al cristalizar, tradujérase en beneficio colectivo y no en subjuntivo, ni participio de una familia genérica de ciudadanos».

El cuento de Rulfo termina con un banquete, y un borracho, y una pelea, y una balacera muy grande. El final del nuestro, no se engañe, lo escribe usted cada vez que vota por esos gobernadores de verbo engorroso y mano muy larga, y luego mira a otro lado, aburrido por su oratoria, resignado porque están en todas partes

jueves, 2 de febrero de 2012

Impunidades

Dibujo de ARES sobre la militarización de México.
El Ejército combate al narcotráfico, pero los asesinatos de periodistas quedan impunes

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 2 de febrero de 2012

Hoy puedo hablarles de trajes. Y de bolsos de regalo. Y que ustedes opinen si el ex presidente de la Generalitat de Valencia merece ser absuelto. O si la presidenta de la Diputación de León y el grupo del PP en la institución provincial están legitimados para criticar las dietas por desplazamiento que cobra el portavoz de la oposición después de reconocer que gastan dinero público en obsequios para su personal de confianza.

También puedo plantearles una reflexión sobre el lenguaje de algunos políticos que queriendo levantar la alfombra de la corrupción sólo sacuden el barro de su propio felpudo y pierden toda la razón al hacerlo.

Puedo escribir otra vez de historias aún más graves y de mayor alcance. Recordarles que España está en la picota por el aumento del paro, por la desconfianza que genera su deuda soberana y por la contracción del crédito que ahoga a los empresarios. Y puedo advertirles de que se avecina una huelga general —lo sabe Rajoy— para frenar una reforma laboral que nos quitará derechos sociales y flexibilizará el despido con la excusa (o el motivo) de facilitar la contratación. Opinen ustedes si ese es el camino.


Viñeta de Xurxo. De wwwvinetasatirica.blogspot.com


Pero a mí, lo que verdaderamente me preocupa estos días y creo que nunca se escribirá lo suficiente de ello, es la vergüenza que está cayendo sobre nuestra Justicia ahora que sabemos que el primer juicio relacionado con los crímenes del franquismo seguirá sentando en el banquillo al juez que ha tratado de investigarlos.

Me preocupa porque pone bajo sospecha la salud de nuestra democracia mucho más que la absolución de Camps o los regalos que pueda hacer la Diputación de León. Extiende la sensación de impunidad. Y donde hay impunidad, se quiebra el Estado de Derecho.

Les pongo un ejemplo. «México es un país mágico, donde hay asesinatos, pero no asesinos», afirmaba el pasado domingo un poeta azteca para quejarse de los crímenes sin resolver que están diezmando a los periodistas de su país. Y ahora opinen ustedes si los magos del Supremo que no han querido anular el proceso contra Garzón no han ido esta semana un poco más lejos.

martes, 17 de enero de 2012

Un eco que vino de México


Sillón para no levantarse nunca.
(El nombre se lo he puesto yo). Frente al Instituto Cultural Cabañas. Guadalajara. México

 

El país donde la muerte es una figura de culto y una realidad cotidiana, donde la pobreza amenaza a la mitad de la población y el narcotráfico tiene en pie de guerra al Estado, también es el país que organiza la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), el mayor escaparte de la lengua castellana en el mundo. Castilla y León llevó allí a tres voces nuevas de su narrativa en diciembre; José Manuel de la Huerga, Vicente Álvarez de la Viuda y Carlos Fidalgo, redactor de Diario de León y autor de esta crónica reposada sobre lo que vio en México. Y lo que intuyó.


Repito foto. De la Huerga y De la Viuda, flanqueándome.
Después, nos levantamos (o eso me pareció).

Diario de León. Filandón. Domingo 15 de enero de 2012

Yo estaba en plan de prometerlo todo, como el personaje de Pedro Páramo. Y prometí usar la libreta de papel rayado que acababan de regalarme para escribir un cuento sobre México.

Esto no es un cuento. Tampoco estoy escribiendo en la libreta de papel rayado. Pero voy a hablarles de México por si estas hojas de periódico llegaran a la Escuela Preparatoria número cuatro de Guadalajara, donde pasé una tarde hablando de literatura con una clase de adolescentes entusiasmados por los libros.

A Guadalajara, la segunda ciudad de México, llegamos tres escritores españoles invitados por la Junta de Castilla y León, y a propuesta del Gremio de Editores, para representar a las nuevas voces de la narrativa de nuestra comunidad en la mayor feria del libro del mundo hispano. El recinto ferial de Guadalajara iba a reunir en poco más de una semana —en los últimos días de noviembre y los primeros de diciembre— a más de seiscientos mil visitantes, todos lectores potenciales, a dieciocho mil profesionales, editores, agentes, distribuidores y libreros, y a más de quinientos escritores de todo el mundo, con Alemania como país invitado. Así que nosotros éramos tres voces pequeñas entre tanta algarabía de nombres.


La Nobel, Herta Müller, deslumbrada. (Del blog http://www.tiempo-naranja.org/)

La feria cumplía 25 años y por allí se habían presentado ya los premios Nobel Mario Vargas Llosa y Herta Müller. Y habían sido premiados Fernando Vallejo y Almudena Grandes. Por allí se había pasado Eduardo Mendoza con su Riña de gatos, y James Ellroy A la caza de la mujer. Y estaban anunciados Alejandro Jodorowsky y Antonio Skármeta, y un pelotón de novelistas coreanos, y Elena Poniatowska, y Fernando Savater, y Eliseo Alberto, y los veinticinco secretos mejor guardados de América Latina, que así bautizaron a un grupo de veinticinco escritores más o menos escondidos, seguramente no tanto como nosotros tres.

  
De la Viuda, De la Huerga (y yo). Y después de tanto nombre, voy a presentarnos. Viajaban conmigo en el avión Vicente Álvarez de la Viuda, —nacido en Valladolid en 1963 y autor de nueve novelas, finalista del Premio Nadal, creador del detective bibliófilo Ariel Conceiro y admirador de la literatura popular de Silver Kane— y José Manuel de la Huerga, leonés de Audanzas del Valle, donde nació en 1967, poeta, narrador, profesor, ganador de varios premios de literatura, como De la Viuda, y en plena promoción de su novela Apuntes de medicina interna. Yo recordaré aquí que nací en Bembibre en 1973, trabajo en el Diario de León desde hace ya unos años y después de publicar un libro de cuentos sobre las nieblas del Bierzo, también he ganado un premio con una novela, El agujero de Helmand, que usa la guerra de Afganistán para hablar de nuestros miedos más profundos.

El eco de Juan Rulfo. Catorce horas de vuelo con una escala en el Distrito Federal nos dejaron en la capital del estado de Jalisco, la tierra de Juan Rulfo, (al que admiro) y donde el autor de El llano en llamas, y de Pedro Páramo, y de El gallo de oro, y de poco más, porque no quiso publicar demasiado, da nombre a pabellones y auditorios.
 
Con De la Huerga, De la Viuda y
Víctor Ortiz Partida, en la FIL
Nosotros éramos el modesto relevo —al margen de Antonio Colinas, que volvía a llevar a México su poesía— de la vigorosa delegación que el año anterior había acudido a Guadalajara en representación de Castilla y León, invitada especial del 2010. Y en los pasillos del enorme pabellón cubierto, donde el público pagaba 10 ó 15 pesos por entrar, todavía había quien se acordaba de aquel escritor de Segovia que prefirió hablar de Japón porque le gustaba más que su provincia, o de aquel otro que presentó a los autores de una mesa redonda asegurando que no había leído nada de ninguno de ellos. Ni intención tenía de hacerlo.

(Qué tipos tan listos y tan raros, los escritores-presentadores-provocadores...).

A nosotros nos presentó el poeta mexicano Víctor Ortiz Partida, editor de la revista literaria de la Universidad de Guadalajara Luvina, que huyó de cualquier provocación y se tomó muy en serio la tarea de conocer lo que hacíamos y por qué lo hacíamos.
 

Mercado cubierto de San Juan.
 La otra feria de Guadalajara. Pero lo mejor de Guadalajara estaba fuera de la feria. Acompañados por José de Jesús Herrera Lomeli, director de una escuela preparatoria del extrarradio, conocimos la otra feria de la ciudad, igual de bulliciosa y todavía más popular. Está en el mercado cubierto de San Juan y allí se puede encontrar prácticamente de todo, desde un cerdo abierto en canal a unas falsas zapatillas de marca. No recuerdo, todo hay que contarlo, haber visto ningún libro.

Y lo mejor de lo mejor, al menos en mi caso, lo encontré aún más lejos. A las afueras de la ciudad. Muy cerca de una población muy turística llamada Tlaquepaque, en una sala llena de chavales expectantes.

Preguntas y respuestas. Ecos de la FIL se llama el programa que pone en contacto a algunos de los escritores que acuden a la feria con los alumnos de las escuelas preparatorias. A mí me tocó la número cuatro. Y aunque me habían avisado de que podía pasar algo grande, me sorprendió tanto entusiasmo. En cuanto me senté en el sofá, me bombardearon a preguntas. No recuerdo ninguna tontería. Al contrario. Al final de la charla, alguien levantó la mano y me preguntó por qué escribo sobre la muerte.

Porque forma parte de nosotros, le respondí. Y no le di más importancia.

Con los estudiantes de la Escuela Preparatoria número 4 de Guadalajara.

Después he pensado en la guerra con el narcotráfico, que alimenta de malas noticias la información que nos llega de México. He pensado en la impunidad y en los veinte muertos que un día antes de la feria aparecieron en tres furgonetas aparcadas en Guadalajara —una ciudad alejada de los asesinatos— y en lo difícil que resulta ser periodista allí.

Y de esto es de lo que quería hablarles. En México he visto que la gente se levanta por las mañanas pase lo que pase, hace su trabajo, o pide por la calle si es el caso, se gana la vida como puede, y en general, es amable. Mucho más amable que aquí, que sólo nos llega el eco de la violencia que sufren.

Así que me gustaría decirles otra vez a esos chavales que me regalaron un cuaderno rayado y una agenda de yeguas marroquíes que yo no sé nada de la vida y de la muerte que no sepan ellos. Aunque no se hable de ello el año que viene en los pasillos de la FIL.


Esta silla me espera (lo sé).

lunes, 12 de diciembre de 2011

Equilibrios

Tlaquepaque. Guadalajara. (A los funambulistas
de Ciudad de México no me atreví a fotografiarles)

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Martes 6 de diciembre de 2011

Esta columna se la voy a dedicar a los alumnos de la Escuela Preparatoria número cuatro de Guadalajara, Jalisco, que el jueves me preguntaron por la muerte. Empiezo a pensar que fue un atrevimiento responderles.

En Guadalajara, la segunda ciudad más grande de México, hay un mercado cubierto que daría para escribir un reportaje sobre cada pasillo y cada puesto de mercancías. A diario, se pueden pasar por el mercado de San Juan de Dios hasta diez mil personas. Y allí se puede encontrar de todo y casi todo barato. Falsas zapatillas de marca, películas pirateadas, o equipos de alta fidelidad pasados de moda, frutas exóticas, verduras, vísceras sin refrigerar, o cerdos abiertos en canal, con el olor de la carne recién muerta. Siempre hay gente comiendo enchiladas y tacos y guacamole, y en todas partes, bullicio, desorden, olor a fritura, vida…


Mercado de San Juan. Guadalajara. México. 1 de diciembre de 2011
(Foto del autor de este blog)

Viéndoles, me vienen a la cabeza algunos recuerdos de la plaza de abastos de Bembibre, que no era tan grande, ni tan desordenada, pero hace treinta años tenía el mismo bullicio que el mayor mercado de Guadalajara.


Interior del mercado de San Juan.

Tres días después, en un cruce de la Ciudad de México, encuentro a tres funambulistas encaramándose unos encima de otros para conseguir unas monedas de los conductores parados frente a un semáforo en rojo. Antes de que se ponga ámbar, el castillo humano se ha derrumbado y los tres se ponen a salvo del tráfico. Sus equilibrios para ganar dinero son mucho más sofisticados que la venta de pañuelos en el cruce de La Puebla con Huertas de Sacramento, en Ponferrada, pero el resultado es el mismo. Ningún conductor baja la ventanilla.

José Manuel de la Huerga, el que escribe este blog y
Vicente Álvarez de la Viuda. 1 de diciembre de 2011

Vengo de Guadalajara y he visto otro tipo de bullicio más refinado en la Feria Internacional del Libro. Pasillos anchos, estanterías llenas de novelas, ensayos y libros de poemas. Premios Nobel, figuras en ciernes de la literatura, pensadores, poetas haciendo equilibrios entre enjambres de adolescentes, como los de la Prepa cuatro, que el jueves me preguntaron por la muerte. Sí. Medio centenar de adolescentes de un país donde la muerte es Santa y la vida es un bullicio permanente a pesar de la pobreza, la inseguridad y la sombra del narco, que mató a 20 personas justo antes de la feria, preguntándome por qué escribo sobre la muerte.

Escribo de la muerte porque forma parte de la vida, les dije ingenuamente. Como si no lo supieran ellos mejor que yo.

CUARTO CRECIENTE SALE LOS JUEVES

El Diario de León traslada Cuarto Creciente de día y de página. La columna pasa de los martes a los jueves y de la página 5 de Opinión (o la 7, o la 9, dependiendo de la profundidad del tema de A Fondo) a la página 4, (o la 6, o la 8), bajo la fotografía del día. El cambio es intrascendente para este blog, pero espero que a todos aquellos que os habéis acostumbrado a leerla en papel los martes no os cueste encontrarla. 

jueves, 20 de octubre de 2011

Un círculo de polvo


Están en la frontera de Irak y Siria, pero bien pudiera ser la ribera del río Helmand
(Foto. Ejército de los Estados Unidos)


El tiempo se me ha ido de las manos.
Hace un año, el jurado del Premio Tristana -Blanca Berasategui, José María Merino, José Manuel Cabrales, Dámaso López García, y Juan Pedro Aparicio como presidente- estaba a punto de sentarse para anunciar la novela ganadora de la quinta edición. Eligieron por unanimidad El agujero de Helmand, la historia de un círculo.
"El círculo se ha cerrado", escribe Ramón Lobo en El País para hablar de los 10 años que han pasado desde el comienzo de la guerra de Afganistán, un país que ha regresado al punto de partida. "Nada se ha movido, el tiempo es vertical", insiste Lobo.
Yo sí me he movido. Y a El agujero de Helmand todavía le queda recorrido para cerrar su círculo. Aquí dejo las fechas y los lugares donde llevaré la guerra de Afganistán y la guerra interior de un soldado que se está descubriendo a si mismo. Con horror...



VALLADOLID
Jueves 20 de octubre. Librería Oletvm. 19.30 horas.
Coloquio: "Premios literarios, ¿trampa o trampolín?
Voy como autor de la novela ganadora del Premio Tristana y como periodista de Diario de León, acreditado para cubrir la reciente entrega del Premio Planeta. Junto a mí, el escritor leonés José Manuel de la Huerga, y el periodista de cultura de la Agencia Ical, César Combarros.


MADRID
Viernes 18 de noviembre. Librería Alberti. 19.00 horas.
Presenta Juan Pedro Aparicio.
Calle Tutor, 57. Metro Argüelles-Moncloa.
Autobuses 44-1-2-Circular-16-61-133-21
Parking: Marqués de Urquijo (esto me lo pasa la editorial).


México DF, el pasado verano

MÉXICO

FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE GUADALAJARA (FIL)
Miércoles 30 de noviembre. 18.00 horas.
Salón B. Área Internacional. Expo Guadalajara
"Nuevas voces de la narrativa de Castilla y León".
Coloquio organizado por la Junta de Castilla y León y la FIL.
Participo junto a los escritores Vicente Álvarez de la Viuda y José Manuel de la Huerga.

ECOS DE LA FIL
Sábado 2 de diciembre.
Me llevan a un instituto a charlar con estudiantes...
(y esto es lo que más miedo me da y lo que más me apetece).


VEGUELLINA DE ÓRBIGO
Sábado 17 de diciembre.
Ciclo "En otoño, narradores". Charla con Tomás Néstor Martínez.


 Sólo espero no volver al principio.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Gringo viejo

Mural sobre la revolución. México DF

CUARTO MENGUANTE
La columna que no aparece en el Diario de León

Le llamaban El amargo Bierce (Bitter Bierce, en inglés) y desapareció en México durante la revolución.

Bitter Bierce, que tenía cumplidos los 71 años, dejó escrito esto en una carta: "Si oyes que fui llevado ante un muro mexicano y fusilado hasta convertirme en harapos, comprende que para mí, esa sería una excelente manera de dejar esta vida. Es superior a la vejez, a la enfermedad, o a caerse por las escaleras de la bodega. Ser gringo en México... eso sí es eutanasia".

Autor de El Diccionario del Diablo, una colección de definiciones sarcásticas de la que ya he hablado en otra entrada de este blog, Ambrose Bierce fue uno de los periodistas más cínicos que ha habido en los Estados Unidos. También fue escritor de relatos de terror, muchos de ellos ambientados en la Guerra de Secesión. Por algo Bierce había combatido en las filas de la Unión durante la contienda, participando en batallas tan sangrientas como las de Shilo, Chikamagua y Chatanooga, donde debió descubrir la parte más amarga de la realidad.

En octubre de 1913 dejó la comodidad de su domicilio en Washington DC para visitar por última vez los campos de batalla donde había combatido cincuenta años antes. Dos meses después, sin embargo estaba en El Paso y cruzaba la frontera con México, donde acababa de estallar una revolución. En Ciudad Juárez, se unió al ejército de Pancho Villa como observador y su rastro se pierde en Chihuahua. A partir de aquí todo es leyenda, aunque está documentado en la Enciclopedia Británica que un gringo viejo murió en la batalla de Ojinaga, el 11 de enero de 1914. Y en la villa de Sierra Mojada, circuló durante años la historia de que a un escritor yanqui lo habían fusilado en el cementerio del pueblo.

En cualquier caso, Bitter Bierce debió conseguir lo que buscaba. Desaparecer sin caerse por las escaleras de la bodega. Y de paso, ser el protagonista de la novela de su vida. En 1985, el escritor mexicano Carlos Fuentes publicaba Gringo Viejo y convertía su desaparición en un best-seller. Fuentes transformaba por fin a Bierce en un personaje de ficción y ponía en su boca una frase amarga: "Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos".

Y me lo imagino cruzando la frontera con México. Buscando que alguien le mate para no morir de viejo.

Una tapia de México, fotografiada por JUAN RULFO


DOS ENTRADAS SOBRE EL AMARGO BIERCE


El Diccionario del Diablo y Gringo Viejo son dos entradas de este blog con el mismo comienzo. Pero el final de la segunda lo escribí después de volver de México. Así que tiene mucho más valor...

martes, 23 de agosto de 2011

Ofrenda...

Cima de la Pirámide del Sol. Teotihuacán.

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Martes 23 de agosto de 2011

He caminado por la Calzada de los Muertos. He subido a la Pirámide de la Luna. He puesto un dedo en el centro de la Pirámide del Sol, por si quedaba algo de la energía de quienes hace dos mil años construyeron Teotihuacán, la ciudad de los dioses, que tantos interrogantes dejó cuando la devoró la historia.

He visto serpientes emplumadas de piedra, altares donde los aztecas, también llamados mexicas, depositaban corazones arrancados del pecho de sus enemigos como ofrenda para concederle al Sol sus latidos.

Aquí depositaban los aztecas el corazón de sus enemigos.
Pieza hallada en el Templo Mayor, junto al Zócalo.

Me he imaginado la curiosidad que despertaron los extraños pájaros de vela que arribaron al Golfo de México. El respeto que causaron los centauros españoles, confundidos con enviados de los dioses. Y el pavor de sus cañones y sus armas de fuego, que les hizo parecer inmortales.


Restos del Templo Mayor de Tenochtitlán, junto al Zócalo.

He revivido la caída de Tenochtitlán, la gran ciudad flotante edificada sobre un lago, con sus pirámides deslumbrantes, sus puentes y sus canales, que ya era el lugar más poblado del mundo antes de ser arrasada por los conquistadores.

He visitado una catedral enorme, un palacio nacional lleno de patios interiores. Un castillo residencial en lo alto de una colina boscosa donde unos cadetes de una escuela militar se convirtieron en niños-héroes y un emperador importado soñó que podía crear una dinastía antes de morir fusilado.


Detalle del mural de Siqueiros en el castillo de Chapultepec.

He visto murales pintados para engrandecer una revolución que derrocó a un dictador, apartó del poder a un usurpador y acabó con la vida de sus dos caudillos más populares.

He seguido, museo a museo, el dolor de una pintora atravesada por la barra de un tranvía.


"El caballito". Estatua ecuestre del rey Carlos IV,
que México conserva por sus valores artísticos.

He pisado una plaza donde masacraron a doscientos universitarios. He visto pobreza. Y opulencia. He caminado por la capital de un país que está en guerra contra el narcotráfico y donde hay un policía en cada esquina.

Y he bebido mezcal y tequila, y cerveza fría en un vaso con los bordes salpicados de sal.

Debería escribir algo del Bierzo. O de León. Lo sé. Debería opinar de algo que les toque más de cerca. Pero después de ver y oler y comer y beber y observar y hablar y escuchar y comprender y respirar el aire envenenado de México Distrito Federal y sus alrededores, se me hace imposible hablares de otra cosa que no sea el ombligo del mundo.

Plaza del Ángel. A punto de llover.

...Y CONFESIÓN

(...)
Aquí cabe un mundo

sábado, 20 de agosto de 2011

Gallos asustados


Efraín Bartolomé.
(Del blog, latalachita.blogspot.com)

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Martes 16 de agosto de 2011


Efraín Bartolomé es un poeta mexicano al que no conozco. Nunca había leído nada de él antes de escribir estas líneas. Ni siquiera sé si sus libros se pueden encontrar en España.

Además de escribir poemas, Efraín Bartolomé se gana la vida como psicoterapeuta. Tiene 60 años y vive con su mujer, una arqueóloga de 54, en la Colonia Torres de Padierna del Distrito Federal de México, la ciudad más populosa del mundo.

El pasado día 11 de agosto, a las 2.45 de la madrugada, esa hora de gallos asustados de la que habla en sus versos, un grupo de hombres armados irrumpió en su casa. Su mujer, Guadalupe Belmontes, tuvo tiempo de llamar a una comisaría mientras trataban de encerrarse en el baño, pero los hombres armados, vestidos de negro, con la cara oculta por pasamontañas y las iniciales de la policía federal en la ropa, los sacaron a empujones del cuarto y les obligaron a echarse al suelo, mientras les apuntaban con sus rifles de asalto.

Policía Federal de México escoltando un furgón de detenidos.
Foto: Felipe León (Reuters)

Revolcaron toda la casa, cuenta el poeta en su blog, y les preguntaron donde guardaban las armas —«aquí no hay armas, señor, somos gente de trabajo», respondió—. Después, esos gallos asustados que concentran pavor bajo las alas, pero a veces se equivocan de casa, verificaron algunos datos sobre la identidad del matrimonio —nada que ver con el narcotraficante que buscaban— y desaparecieron sin ofrecer ninguna explicación. Cuando el poeta y su mujer se atrevieron a levantarse del suelo, encontraron su casa patas arriba y notaron la ausencia de un reloj antiguo y un ordenador.

A las 4.43 de la madrugada, Efraín Bartolomé se puso a contar lo que les había sucedido en su blog. A las 6.35 terminó. «La luz de oriente comienza a colorear y a inflamar el horizonte. La policía nunca llegó. ¿De verdad estamos tan solos?», escribió. Y aquí lo transcribo, ahora que en el Reino Unido, el Gobierno de David Cameron reduce los disturbios de los últimos días a simples actos de vandalismo, en lugar de preguntarse qué hay detrás, y el primer ministro anuncia inflamado más poder para reprimir a los violentos, pero se olvida de aplicar políticas que saquen de la marginación a los jóvenes que viven sin empleo en las barriadas, esas estancias tibias en donde irrumpe el frío como un silbido de cristal y donde no hay lugar para la poesía.

Efraín Bartolomé ya ha recuperado su reloj.
Foto CUARTOSOCURO/VANGUARDIA

A LA ORILLA DEL SUEÑO
Poema de Efraín Bartolomé


A la orilla del sueño algo de mí despierta.
Brasas que miran la otra parte que
como siempre
duerme

Hay una barca que se abre ante el mar como una espera.
Hay una vertical sombra sin rostro que me invita a subir.
A irme de viaje por estas aguas turbias
en estas horas que alzan su ramazón
su tallo oscuro
en el tiempo que crece antes del alba.

Hora de gallos asustados
que concentran pavor bajo sus alas.
Estancias tibias en donde irrumpe el frío
como un silbido de cristal.


Alza su pecho gris la incertidumbre.
Entra mi pie en la barca.
Despierta la otra parte de mí
que siempre duerme
y unta un frío sudor sobre mi frente.
Enciendo luz.
Salto fuera del sueño.

Tiemblo.

Música solar.
1984



viernes, 19 de agosto de 2011

Cielo de México

    
México Distrito Federal, desde la Torre Latina. (Fotos del autor de este blog)

Me he pasado la tarde buscando una sombra en Ciudad de México. El cielo tenía un tono azul metalizado y un enjambre de abejas luminosas devoraba las nubes con destellos de cobalto. Yo salía de la boca del metro, sugestionado por el universo onírico de Frida Kahlo, y descubrí que la calle era un mercado de voces a cinco pesos y las aceras, un escaparate donde se vendía cualquier cosa.

Calle de la Moneda.

Enchiladas y tacos y flautas y guacamole. En México se come a cualquier hora y en cualquier parte. Y entre los olores penetrantes, los bocados y el picante, una sombra fugaz se cruzó delante de mí y me alejó de la ciudad y del momento. "¿Qué hace aquí?", me pregunté, queriendo reconocer a alguien a quien había querido tiempo atrás.


Teatro Orfeón. Junto a la boca de metro Juárez.

Intrigado, pensé que si me alejaba un poco de los puestos callejeros la encontraría bajo la marquesina de un teatro cerrado, el Orfeón, con los días de esplendor apagados sobre un viejo letrero. Pero la entrada estaba clausurada por un muro de plástico negro y pasé de largo.


Plaza de Santo Domingo.

Seguí caminando, sabiendo que hicieron la ciudad sobre un lago con piedras de pirámides derribadas y que en el barrio colonial, algunas casas viejas y algunas iglesias se tuercen buscando la humedad de los aztecas.


Torre Latina. En el cruce de la calle Madero y
la avenida Lázaro Cárdenas.

Calle Madero.

Yo buscaba la sombra en la Alameda Central, en la Torre Latina, acero a prueba de terremotos. En la calle Madero, tan bulliciosa y donde no entran los automóviles. Y no lograba alcanzarla. Se movía más deprisa que yo, sinuosa, y en el Zócalo, bajo la bandera que ondea en el Palacio Nacional, estuve a punto de hablarle. "Te conozco", iba a decirle para que se detuviera. Pero era imposible que me oyera con tanto alboroto.

Un dragón descansa en el Correo Mayor


Detalle del crucero junto a la Catedral

Oteé el horizonte. Ví dragones, y calaveras en los cruceros, y gárgolas, y serpientes en el cielo, bajo las garras de las águilas. Sentí el rumor de voces conocidas. Pero me dí cuenta de que sólo era una punzada de nostalgia.


Catedral, entre puestos callejeros.

Dejé atrás la catedral, los vendedores, los taxis irregulares, las tricicletas, tres policías armados con fusiles de asalto, turistas extranjeros, limpiabotas, sacacuartos, y cuando por fin me detuve, enloquecido por el tráfico, descubrí que la sombra que perseguía era la mía. Y por eso no iba alcanzarla nunca.


Atardecer en la calle Tacuba

Para entonces, el cielo ya tenía un color un gris apagado, como el letrero de neón de un teatro cerrado, y enjambres de luciérnagas se desprendían de los faros de los coches para morir atropelladas en el asfalto.

jueves, 11 de agosto de 2011

Puerta y Zócalo


Acampada de sindicalistas en el Zócalo de Ciudad de México.
Domingo 7 de agosto de 2011 (Foto del que escribe. Se puede piratear)

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Martes 9 de agosto de 2011

Encontré la Puerta del Sol desangelada. Silenciosa. Irreal. Una plaza así, tan bulliciosa que podría ser el ombligo del mundo, no tiene sentido sin gente. Pero los autobuses urbanos no se detenían en las marquesinas. El metro pasaba de largo. Y sólo los residentes podían cruzarla como fantasmas para encerrarse en sus casas después de acreditarse.


Calle Preciados. Madrid, 3 de agosto de 2011. (Foto TANIA RAMONDE)

Encontré la Puerta del Sol secuestrada por un cordón policial. El mundo al revés. La policía protegía una plaza vacía de la gente. Una plaza donde ya no había indignados, sino indigentes acampados, según el argumento empleado por el Gobierno y el Ayuntamiento de Madrid para justificar el desalojo de los últimos irreductibles del Movimiento del 15-M, aprovechando que en el mes de agosto todo hace menos ruido en los periódicos. Y digo el mundo al revés porque la gente a la que impedían entrar en la plaza, reindignada por la actuación policial, no se resignaba a perder un símbolo de la protesta contra el poder de los mercados y de los políticos gobernados por los mercados y asediaba la Puerta del Sol en todas sus bocacalles. El resultado llegó a ser esperpéntico, con los indignados cortando la Gran Vía y la plaza de Callao, y trasladando sus asambleas a la plaza Mayor. Porque la calle, no lo olvidemos, es de todos, y en primer lugar de los que se quejan.



Mercado callejero en La Alameda. Ciudad de México.
Después del esperpento, cogí un avión. Volé en el vientre de una ballena, o eso me pareció, y aterricé en el ombligo de la luna, que así es como llaman a México. Visité mercados bulliciosos en las calles de la capital y en todas partes ví policías de uniforme azulado y chaleco antibalas, que por algo el país vive en una guerra no declarada contra el poder de los narcos.

Calle de Francisco Madero. Ciudad de México.
Y a la espera de ver la plaza de Las Tres Culturas, decidido a pisar el lugar donde un día de octubre de 1968, el Ejército y los paramilitares causaron una matanza entre los estudiantes indignados contra el Gobierno, descubro la acampada de un sindicato de la electricidad que apenas cuenta con apoyo popular, pero lleva cuatro meses en el Zócalo sin ser desalojada. Y es en ese momento cuando empiezo a pensar que la frase que André Bretón le dedicó a México -«el único país del mundo surrealista por instinto»- habría que usarla mejor con España, donde si seguimos perdiendo la calle como escenario de nuestras quejas, acabaremos perdiendo también nuestra democracia.

En la Plaza de las Tres Culturas,
al pie de la estela en memoria de las víctimas de 1968.
Viernes 19 de agosto de 2011.


UNA HISTORIA DE PLAZAS

La plaza de las Tres Culturas, la plaza de Tian'anmen, la plaza de Tahrir, la Puerta del Sol, el Zócalo. Los espacios abiertos son lugares para la libertad y para la protesta. Y a veces, también para los muertos.

La versión de esta columna que podéis leer en este blog tiene un ligero cambio respecto a la que apareció publicada en Diario de León. La plaza de Tlatelolco o las Tres Culturas no es el mismo lugar que la plaza de la Constitución, popularmente conocida como Zócalo porque hasta 1996 tuvo un basamento vacío donde iba a instalarse un gran conjunto escultórico que nunca se colocó. El texto impreso daba a entender, erróneamente, que sí.

En Tlatelolco, a pocos días del comienzo de los Juegos Olímpicos de 1968, pistoleros del batallón paramilitar Olimpia dispararon contra una multitud de estudiantes y provocaron a su vez que los soldados que vigilaban la protesta hicieran fuego contra la masa. Todavía hoy, se desconoce el número exacto y los nombres de todos los muertos. En México siempre señalaron al Gobierno de Gustavo Díaz Ordaz como responsable de la masacre.