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martes, 25 de febrero de 2014

Eufemismos

Del blog www.sumatefiles.wordpress.com
 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 20 de febrero de 2014
 
El lenguaje siempre nos delata. Si alguien que aspira a gobernar España declara que tiene puestas sus esperanzas en el futuro con el siguiente razonamiento; "España tiene españoles y eso es una cosa muy seria", lo normal es dudar de la capacidad intelectual de quien ha pronunciado palabras de tanto calado, y echarse a temblar si las urnas lo colocan al frente del Gobierno.
 
Pues eso es lo que ha pasado. Que tenemos a Mariano Rajoy al frente del Gobierno y no es para tomárselo a broma.
 
A Rajoy y a su Gobierno les delatan los eufemismos. Al presidente y a sus ministros, que no parecen muy dotados para la comunicación y se han empeñado en no llamar nunca a las cosas por su nombre. La palabra rescate, por ejemplo, quemaba en la boca del mandatario cuando tenía que explicar a los periodistas la inyección de dinero que han recibido los bancos para sanear sus cuentas. ¿Recuerdan? No era un rescate, era una 'línea de crédito', o un 'préstamo en condiciones extremadamente favorables', o, simplemente, un 'apoyo financiero'.
 
A Fátima Báñez, ministra de Trabajo, se la recordará por denominar 'movilidad exterior' a la fuga de cerebros y la emigración de los más jóvenes. Los desahucios, para este Gobierno, son 'procedimientos de ejecución hipotecaria'. Y a la anminstía fiscal, Montoro la llamaba 'medidas excepcionales para incentivar la tributación de rentas no declaradas'. Imagínense al redactor de un periódico de la oficialidad tratando de encajar semejante expresión en un titular.
 
Y hay más. De Guindos decía que la subida del IVA era un 'gravamen adicional' y la recesión, un 'crecimiento negativo'. A la vicepresidenta, Soraya Sáez de Santamaría, habría que darle un premio por referirse al copago sanitario como 'un recargo temporal de la solidaridad'. Y Montoro, otra vez, superó a todos cuando dijo que los salarios no bajaban, sino que 'crecían moderadamente'.
 
Así que no les extrañe si el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, vuelve a llamar 'medidas disuasorias' a las pelotas de goma con las que recibieron a un grupo de inmigrantes que trataba de entrar en España a nado. Los que las dispararon, ya se sabe, sólo estaban 'impermeabilizando' la frontera.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Rajoy y la ballena blanca


El capitán Ahab. Ilustración de ROCKWELL KENT para Moby Dick.

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 5 de septiembre de 2013

Imagínense que Rajoy es un arponero y la deuda pública una enorme ballena blanca a la que lleva persiguiendo dos años por medio mundo. Y que cada intento de caza sólo haya servido para alimentarla con los cuerpos de los desdichados marineros que componían la tripulación del ballenero.
 
En las tripas de la ballena se han quedado el cocinero de a bordo, el segundo oficial, el contramaestre y el sobrecargo, dos arponeros que aprendían el oficio y que pecaron de imprudentes, otros tres más veteranos, que se confiaron demasiado, cuatro grumetes, que apenas sabían lo que era el mar, seis remeros de brazos poderosos, el timonel del bote y hasta un gaviero que se subía a los masteleros para desplegar las velas y que también participó en la cacería cuando escabechina del leviatán diezmó a sus compañeros.
 
 
Ilustración de ROCKWELL KENT
 
 
Así que tenemos una ballena que se ha hecho más grande y más fuerte, y que amenaza con devorar el boter donde el capitán Mariano ha decidido empuñar personalmente el arpón. Para colmo, un huracán llamado Bárcenas ronda la zona y Rajoy debe cazar a la bestia antes de que la tempestad le salpique.
 
Es un duelo de testarudos. La ballena blanca ha demostrado que es inteligente y rencorosa. Esquiva los arpones con facilidad y a la mínima ocasión se traga a los arponeros, a los remeros, a los grumetes, a los gavieros reconvertidos en remeros, al timonel, y al cocinero reconvertido en timonel.
 
Pero con Rajoy es diferente. Rajoy aguarda su oportunidad. Persevera. Y cuando la ballena se descuida, le clava el arpón. El animal coletea, enloquece, se desangra y muere. Y se hunde en el océano dejando un remolino de deuda amortizada.
 
Ilustración de ROCKWELL KENT
 
Rajoy regresa al barco, orgulloso. Pero su sorpresa es mayúscula cuando descubre que el ballenero no está. Mientras luchaba con la ballena del déficit, un cachalote asesino lo ha embestido a traición. Y la nave se ha ido a pique. "¿Quién ha sido, Soraya?", le pregunta a la única superviviente. "El paro, Mariano, el paro", le responde la pobre mujer, cariacontecida y aferrada a un triste flotador.