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viernes, 8 de noviembre de 2013

Fronteras

Emigrantes irlandeses en el puerto de Cork durante la Gran Hambruna
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 7 de noviembre de 2013

Les llaman concertinas y son cuchillas enredadas en el alambre. Hace ocho años, el Gobierno las colocó en lo alto de la doble valla de Melilla para evitar las avenidas de inmigrantes. Pero no sirvió de nada.

Al contrario. Presionados por la miseria, los subsaharianos seguían trepando por la alambrada y dejaban un rastro de sangre y de ropa desgarrada después de saltar la verja que rodea el perímetro de la ciudad.

Las oenegés se quejaron. Las concertinas causaban cortes profundos en las manos y en las piernas de los inmigrantes y el Gobierno acabó por retirarlas.

Ocho años después, las cuchillas han vuelto. Y con ellas, una malla metálica diseñada para que nadie pueda trepar hasta lo alto introduciendo los dedos. Dos helicópteros, uno de ellos equipado con una cámara térmica y un foco, vuelan además sobre la frontera.

Leo que reforzar la valla de Melilla, que cada vez se parece más a una ciudad asediada, ya costó treinta millones de euros en 2005. Y la Guardia Civil, que dispone de dos módulos de intervención rápida para tratar de frenar las avalanchas, tampoco escatima en medios.

Pero es como ponerle puertas al campo. O encerrar al mar en un cuenco.

Los inmigrantes seguirán llegando. Seguirán ahogándose en El Estrecho. Continuarán pagando a las mafias para que les hagan un hueco en pateras, cayucos o lanchas de goma, o en barcos tan viejos que recuerdan a aquellos ataúdes flotantes, así les llamaban, que en los años de la Gran Hambruna cruzaban el Océano Atlántico cargados de irlandeses famélicos.

A la pobreza no la desalientan las concertinas. Deberíamos saberlo, nosotros que hemos tenido padres y abuelos que fueron emigrantes, hijos que vuelven a serlo.

Así que podemos convertir Europa en un búnker, invertir más dinero en blindarnos mientras crece la xenofobia. O podemos repartir mejor los recursos. Crecer sin pisar a nadie. Y hacerlo antes de que llegue el día en que también nos encontremos con una doble valla salpicada de cuchillas cortándonos el paso y nos demos cuenta de que el lado pobre de la frontera es el nuestro.

La doble verja de Melilla. FOTO: ONGAYO

  
 TRES AÑOS DE CUARTOS CRECIENTES
Un apunte para recordar que hace tres años que empecé a escribir en la sección de Opinión de Diario de León -primero como columna, los martes, y después como faldón, los jueves- y que abrí este blog para recopilar todos los artículos, entre otros textos. Gracias a todos los que dedicáis un par de minutos a la semana para leer lo que escribo. Sigo...

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Mierda de perro

Perfil de Tomie Smith, el atleta que denunció la discriminación racial
al subir al podio en los Juegos Olímpicos de México

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 15 de diciembre de 2011

El Ayuntamiento de Córdoba está pensando en analizar el ADN de la mierda de los perros para localizar a los dueños de los animales que cagan en la acera.

Escucho la noticia en Radio Nacional mientras voy conduciendo y me entran ganas de cambiar de dial y buscar un informativo menos frívolo. Desde luego, la caca abandonada en la calle por los perros, o mejor por los dueños de los perros, que son los que educan a sus animales domésticos —seguro que no les dejan defecar en el pasillo de casa— es un problema que debe resolverse cuanto antes por el bien de las suelas de los zapatos que calzan los viandantes. Pero analizar el ADN de la mierda para dar con alguien que no quiere recoger los excrementos de su mascota parece desproporcionado. Un chiste.

Inmigrantes senegaleses protestan en Florencia por la muerte de sus dos
compatriotas. (Foto EFE)

Y el dial de la radio no está para bromas. En Italia, a un militante de extrema derecha se le ha cruzado un cable y ha disparado a bocajarro contra tres manteros senegaleses que se ganaban la vida vendiendo en la calle. Dos han muerto y el pistolero se ha suicidado después en un aparcamiento. Ignoro si su cerebro ha quedado desparramado en el suelo, como la mierda de los perros. Y el informativo tampoco aclara si los Carabinieri se están planteando analizar su ADN para saber cómo nacieron sus ideas xenófobas, cómo creció su odio y cómo decidió expresarlo con una pistola.

Sigo moviendo el dial, en busca de un informativo más cercano. En Cacabelos, no tienen dinero para instalar luces de Navidad. Las calles están tristes cuando anochece. Y hasta es posible que un día de estos, Gas Natural Fenosa cumpla su amenaza y deje sin suministro eléctrico a tres colegios, a la Casa de la Cultura, con su Escuela de Música, y al Museo Arqueológico, porque el Ayuntamiento no puede pagar la factura.

Estoy aparcando. Voy pensando que con el dinero que le sobra al Ayuntamiento de Córdoba para analizar el ADN de la mierda que dejan los perros, o mejor, los dueños de los perros, el Ayuntamiento de Cacabelos podría calmar la voracidad de Gas Natural Fenosa, impaciente por cobrar lo que le deben. No sería una mala idea, me digo. Entonces salgo del coche y adivinen lo que piso.