Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Antonio Ovalle. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antonio Ovalle. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de marzo de 2014

De la alquimia a los inventos


Recreación del Great Eastern, en la película digital de Volker Römer

 


El DIABLO DEL MAR, EL ALQUIMISTA FULCANELLI
Y LOS SECRETOS DE 'TEMPLUM LIBRI'
 
Nota de prensa del Ayuntamiento de Ponferrada.
 
La próxima visita comentada a la colección 'Templum Libri', el sábado 22 de marzo a las 12:00 horas en el Castillo de los Templarios, tiene a los libros de viajes, ciencia y alquimia como protagonistas y contará con el escritor y periodista Carlos Fidalgo, que leerá su microrrelato 'Tratado de Alquimia' y proyectará una animación sobre el Great Eastern -el barco de su cuento 'El diablo del mar'- elaborada por el creador alemán Volker Römer.
 
Con el título Secretos de la Colección Templum Libri el Ayuntamiento de Ponferrada, en colaboración con el bibliófilo Antonio Ovalle García, organizan una nueva visita comentada a la colección Templum Libri de libros facsímiles, de autor y de obra gráfica expuesta de forma permanente en el Castillo de los Templarios y en la Biblioteca Templaria. Estas actividades didácticas y de divulgación cultural, iniciadas hace unos meses, cuentan con la participación de un autor o experto invitado.


El 'Great Eastern', después de que le retiraran una de sus cinco chimeneas originales

 
En esta ocasión, será el periodista y escritor Carlos Fidalgo, que aprovechará el recorrido para proyectar una película de animación de tres minutos sobre el Great Eastern, el barco del relato El diablo del mar, elaborada por el creador alemán Volker Römer, y leerá el microrrelato  Tratado de Alquimia, ambos incluidos en su libro Tierra adentro y otros cuentos de naufragios (editorial Leer-e). El diablo del mar fabula sobre la leyenda negra de uno de los grandes inventos del siglo XIX, el trasatlántico Great Eastern, que se adelantó cincuenta años al Titanic y que contó con viajeros ilustres como Julio Verne, que escribió su novela Una ciudad flotante  tras embarcarse en él para América. Tratado de Alquimia habla de las últimas horas del alquimista Fulcanelli, autor de la enigmática obra El misterio de las catedrales y empeñado en encontrar la fórmula del elixir de la vida. Carlos Fidalgo se dio a conocer como escritor con su novela El agujero de Helmand (Menoscuarto), ganadora del Premio Tristana de Novela Fantástica y también es autor del libro de cuentos El país de las nieblas (IEB).
 
Las visitas comentadas están abiertas a la participación directa del público asistente, que, al inscribirse en esta actividad didáctica y de difusión cultural y turística, puede seleccionar sus temáticas preferidas y de interés entre la rica diversidad de temas que ofrece la colección, desde cartografía, bestiarios, botánica o alquimia hasta órdenes militares, obra gráfica de artistas nacionales e internacionales o libros raros.
 
En la visita del próximo sábado 22 de marzo (12:00 h. en el Castillo de los Templarios), los protagonistas serán los ejemplares más singulares de los géneros de viaje, cosmografía y alquimia, desde el Códice de la Guerra de Troya, Las Maravillas del Mundo de Marco Polo, la España Pintoresca dibujada por David Roberts, el Atlas Miller, o el Libro del Tesoro hasta el sorprendente Códice Calixtino. Las personas interesadas en asistir a la visita "Secretos de la Colección Templum Libri", podrán inscribirse previamente (hasta completar aforo) en la recepción del Castillo de los Templarios o telefónicamente en el número: 987 402 244.

lunes, 4 de febrero de 2013

Apocalipsis


Códice de Fernando I y Sancha.

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 15 de noviembre de 2012

Voy a contarles lo que he visto hace un rato. Un dragón de siete cabezas escupía espectros. Los espectros tenían forma de rana. Las ranas croaban con desgana. Y enloquecían a las piedras.
 
Cuatro jinetes cabalgaban a lomos de caballos alados con cabeza de león. Su sombra alargada ocultaba el sol. Los ángeles tocaban las trompetas. Las trompetas arrastran nubes de tormenta. Y el cielo se llenaba de luz.
 
Los hombres, deslumbrados, hincaban la rodilla ante el Creador. Un demonio con pies de carnero empujaba a los pecadores al infierno. Las almas en pena se retorcían en el fuego eterno. Y las llamas devoraban el mundo.
 
Es el Apocalipsis de San Juan, el libro más enigmático de cuantos componen la Biblia, según los expertos. Hace mil años, el temor a que el fin del mundo estuviera cerca desató una verdadera fiebre en los monasterios y copistas e ilustradores dedicaron sus vidas a manuscribir y a iluminar los comentarios al texto del apóstol San Juan que dos siglos antes había escrito un monje, Beato de Liébana, a los pies de los Picos de Europa.
 
La fiebre sobrevivió a las supersticiones del milenio. El mundo no se acabó. No se abrieron los cielos. No bajaron los ángeles. No cabalgaron los cuatro jinetes, ni se oyeron trompetas, ni hubo ninguna luz cegadora.
 

Extracto del Beato de Liébana (Siglo VIII-IX)

 
Tampoco se vieron serpientes, ni dragones, ni ranas, ni diablos con cuernos. Y la gente siguió pecando, pero poco, que en la Edad Media la Iglesia no estaba para bromas.
 
Los 21 facsímiles de aquellos códices miniados, y uno más de un artista moderno, se pueden consultar en el Castillo de los Templarios de Ponferrada. Allí los he visto yo. Y allí los puede encontrar cualquiera sin necesidad de viajar a Nueva York, o a Berlín, o a Roma, o a Madrid, donde se conservan los originales.
 
El mérito es del Ayuntamiento, claro. Pero sobre todo, de un coleccionista particular, Antonio Ovalle, que los ha comprado, los ha cedido y no ha pedido nada a cambio. Lo suyo también es una fiebre. Y en estos tiempos de dragones y de espectros que se retuercen en el fuego del infierno no abundan los hombres tan generosos.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El libro de Ovalle

La Enciclopedia Álvarez

CUARTO CRECIENTE

Diario de León. Martes 9 de noviembre de 2010


Es difícil escribir sobre la vida de un hombre que no quiere hablar de su vida, sino de sus libros. Salvo que uno entienda que su vida son sus libros.

Detrás de Antonio Ovalle, el hombre que ha cedido su colección de facsímiles medievales al Ayuntamiento de Ponferrada para que los exhiba en el Castillo de los Templarios, hay algo más que códices miniados. Hay un padre minero en la cuenca de Fabero, una madre y cuatro hermanos. Hay un niño jovial que leía El Señor de Bembibre en la escuela de San Juan de la Mata y que al crecer, se pasó al Quijote. Un adolescente curioso que jugaba al baloncesto con los salesianos en Cambados. Hay un proyecto de seminarista abandonado. Tres años de docencia en un colegio religioso. Y un estudiante universitario, maravillado por un manuscrito medieval al alcance de cualquiera.

Antonio Ovalle también tiene un poco del músico que quiso haber sido. Y no ha renunciado a escribir una tesis sobre la Filosofía del Derecho para sumergirse en el origen de las leyes.

Antonio es un soñador. A mí me lo ha parecido. Buena parte del dinero que ha ganado con su sueldo de directivo empresarial lo ha dedicado a comprar libros que todavía está pagando a plazos y que ha cedido al Ayuntamiento sin pedir nada para él. «No quería tenerlos de canto», afirmaba este verano durante la presentación de la exposición Templum Libri, que reúne «las páginas más bellas del conocimiento», según se dice en los folletos.

Los editores le han perseguido. Alguno incluso le ha engañado. En su casa no sabían que hacer con tanto libro. Les parecía algo descabellado. «¿Quieren que los pongamos debajo de las camas?», cuenta que les gritaba su hermana Lina a los intermediarios de las editoriales cuando le llamaban por teléfono para venderle el último breviario.

A Antonio Ovalle, la crisis también le está afectando, aunque no quiera hablar de ello. Y sin embargo, se ha empeñado en seguir comprando libros. Persigue un sueño improbable. O no. Está convencido de que podría reunir en la Biblioteca Templaria del castillo todos los facsímiles de códices miniados que estén en el mercado. Es su Biblioteca Imposible, más grande que la que imaginó el editor de Módena Franco Cósimo Panini. Y si lo consigue, habrá escrito una de las páginas más bellas del mundo. Con su propia letra.