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viernes, 24 de mayo de 2013

Vestigios


El autor de este blog, como Ethan Edwars en el poblado del Wólfram.
(Foto cortesía de JESÚS F. SALVADORES)


CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 23 de mayo de 2013

La Placa se pudre. Los trenes de media distancia se van. El AVE no llega.

El poblado del wólfram, en la Peña del Seo, no interesa lo suficiente a la Junta de Castilla y León como para pagar los 500 euros que cuesta su inscripción en una ruta europea. Se oxidan los restos del Coto Vivaldi, del Coto Wagner, y sigue entrampado el Parque Temático Minero de Fabero.

La mina se muere. Sí. O la están dejando morir por falta de alimento. Los mineros llevan un año quejándose. Y el Gobierno, amparándose en que la crisis no le deja margen de maniobra, lleva un año engañándoles. Nunca ha creído en el carbón.

Quizá por eso, la segunda fase del Museo Nacional de la Energía acumula un año y medio de retraso. Cuando las obras se reanuden -y eso iba a ser antes de la Semana Santa y se nos echa el verano encima sin que los obreros hayan vuelto a los andamios- ya sabemos que no incluirán el Parque Carbonífero, aunque las plantas estén en el vivero.  

Dos imágenes de las ruinas de La Placa tomadas por google maps

Mientras tanto, el tren turístico minero -tren histórico debería llamarse, me dice alguien que sabe- está encerrado en un cajón. La Junta lo ha aparcado después de aplacar los ánimos con un carísimo estudio de viabilidad que ha determinado que recuperar las vías -desde Ponferrada- es prohibitivo. Como si no hubiera una alternativa más barata. Y la locomotora 31, que debería tirar de todo el convoy, languidece en el Museo Ferroviario, encerrada en una vía muerta después de un tiempo 'desaparecida' en el taller de una empresa privada. Nada se sabe de sus dos vagones de pasajeros.

No sé si en el Bierzo tenemos el pasado que nos merecemos. Pero el futuro asociado a sus vestigios no lo estamos aprovechando.

Y si es verdad que se han hecho algunos esfuerzos -las locomotoras de vapor y la antigua estación se han salvado, como la vieja térmica de la MSP- lo que queda por hacer es tanto que nadie debe conformarse con lo que tenemos. Andamos a la búsqueda de nuevos motores que tiren de la economía del Bierzo. Y no nos damos cuenta de que los viejos, si los recuperamos, todavía pueden ser los más fiables.




Y AQUÍ OS DEJO EL ENLACE CON EL REPORTAJE MÁS AMPLIO SOBRE LA PLACA EN LA REVISTA DE DIARIO DE LEÓN (26 DE MAYO DE 2013): LA PLACA SE BAJA DEL TREN.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Obleas y escoria


Vista de Ponferrada desde la torre de la basílica de La Encina.
Al fondo, la montaña de carbón, acumulando escoria.
Más cerca, la plaza de La Encina y un carrito de helados.
(Foto subida por Enrique Rodríguez a la página de
Facebook: Fotos Antiguas de Ponferrada y el Bierzo)

CUARTO CRECIENTE

Diario de León. Martes, 22 de febrero de 2011

Los obreros del tren minero llegaron a la ciudad en 1918. Eran casi cinco mil y vinieron dispuestos a instalar hierros y travesaños por el Alto Sil para trasladar el carbón desde Villablino. Coincidieron con otros mil quinientos trabajadores que picaban piedra en la carretera de La Espina y entre todos, inundaron Ponferrada de acentos extraños. En pocas semanas, sin embargo, no quedó más de un millar de todos ellos, espantados por la epidemia de gripe española y el pánico que les causaban los muertos.

Locomotora del tren minero en la estación de Ponferrada. Posiblemente en los años 70 u 80.
(Foto subida a Facebook por José Manuel López Gay) 

Debió suceder un milagro para que en sólo diez meses, la línea ferroviaria estuviera terminada. Poco después, levantaban una térmica junto al río y comenzaban a apilar la escoria. La ciudad estrenaba su primera gran chimenea industrial. Nacía la montaña negra.

El tiempo pasó y construyeron el Teatro Edesa. Estalló una guerra y las cunetas se llenaron otra vez de muertos, aunque la gripe española ya no tuviera nada que ver con ello.


La plaza de Lazúrtegui y el arranque de la avenida José Antonio
(hoy de La Puebla) desde el edificio Uría. 1964.
A la izquierda, el Cine Edesa, antes del cambio de fachada.
(Foto subida a Facebook por José Luis Sobredo)

La guerra terminó. Algunos hombres siguieron en el monte, como los lobos. Y el interés de los nazis por endurecer sus cañones, y el de los aliados por evitarlo, trajo a la ciudad a los mineros del wolfram. Fue la época del dinero fácil, de los burdeles. Y de las partidas interminables de cartas.

Pero la guerra no fue interminable en Europa. Berlín cayó y Ponferrada se curó la fiebre del wolfram. Renació el carbón, apareció el hierro y la ciudad engendró a Endesa para llenarse otra vez de obreros con acentos lejanos que trabajaban en la Fuente del Azufre y en la presa del pantano.




Llegaron los sesenta. Construyeron un rascacielos. El barquillero estaba a punto de aparecer en todas las fiestas, con su ruleta y su cesta de obleas. Y el rock and roll encontró su espacio en El Frontón, entre la moral tradicional y los nuevos tiempos. «¡Que corra el aire!», advertían los guardias a las parejas. Pero Ceferino, que llevaba las maletas de los viajeros hasta el Hotel Madrid en un carrito, tenía otra forma de ver las cosas. «Súbete, que te monto», decía, socarrón, cuando se cruzaba con una chica.


Dos jóvenes de fiesta en la avenida de Portugal.
 Barrio de Flores del Sil. Años sesenta.
(Fotografía de RODRIGO LÓPEZ TORRES)

Luego cerró la primera térmica. Derribaron el Edesa. El tren minero dejó de funcionar. Y hasta la montaña de carbón se desvaneció en un día de niebla. De aquella ciudad sólo quedan las fotos. Miles de fotos. Y cada vez que alguien comparte una de sus imágenes en Facebook, está contribuyendo a que no se muera del todo.



UN FILÓN INAGOTABLE

He puesto aquí algunas de las fotografías que no encontraron espacio en el reportaje publicado en Diario de León. Y hay más. En el momento de escribir estas líneas son más de 3.500 las imágenes subidas por usuarios de Facebook a la página web creada por Carlos Rodríguez en el verano de 2010. Cuando se agote la memoria de quienes vivieron en ella, esas fotos serán de verad el último filón de la Ciudad del Dólar.