Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Lenin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lenin. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de agosto de 2012

Tres tiempos y una calavera

Joaquin Lence, junto a "su" ataúd en su bodega de Cacabelos.
Foto del autor de este blog.

PAISANOS
Diario de León. Suplemento Revista. Domingo 15 de julio de 2012

Joaquín Lence tiene una bodega en Cacabelos. Pero no es una bodega cualquiera.

El forastero que se atreve a entrar a tomar un vino allí se encuentra, de sopetón, con un ataúd apoyado contra una pared.

—¿Para qué tiene ese ataúd ahí, Joaquín?

—Para mí.

Y responde seco mientras lava unos vasos en un fregadero.

La bodega de Joaquín es casi un museo. Colas de zorro y patas de jabalí cuelgan del techo. En un rincón tiene una calavera. Parece de verdad.

—¿Y de quién es esa calavera que tiene ahí, Joaquín?

Y Joaquín se prepara para lucirse.
—Si quiere saber a quién pertenece, se lo diré con exactitud. Esa calavera tiene tres tiempos. Un presente, un pasado y un futuro. Sobre su pasado no tengo ni idea. Sobre su futuro, no tengo ni p... idea. Y sobre su presente, le diré lo mismo que le dije con el ataúd: me pertenece a mí.

Y Joaquín sirve dos vinos blancos. El periodista, ingenuo, sigue preguntando.

—¿Y usted donde nació Joaquín?

—No nací en Cacabelos. Nací donde el ciervo es señor y el señor es más señor, que no queda muy lejos de aquí.

—¿Y por dónde cae eso?

—En la pequeña Compostela.

Y la pequeña Compostela, para los que no sean del Bierzo, es Villafranca, el único lugar del Camino de Santiago donde los peregrinos, si están enfermos, pueden ganar el Jubileo. Pero la bodega de Joaquín Lence tiene más secretos.

—Joaquín, ¿por qué tiene Franco y a Lenin juntos en la pared?

Y Joaquín, que debe tener unos ochenta años, pero no quiere decir su edad verdadera, y quizá regente la bodega más vieja del Bierzo, abierta «desde hace más de cien años», por fin tiene un detalle con el periodista.

—Esa es una buena pregunta.

Pero se lo piensa un poco antes de responder.

—¿Por qué Joaquín?

—Porque la mitad del pueblo de Cacabelos es rojo y la mitad es falangista. Cuando hablaba bien de los rojos, me pegaban los falangistas. Y si hablaba bien de los falangistas, me pegaban los rojos. Así que los junté a los dos.

Y el que pregunta sigue mirando a la bodega en penumbra, ahumada, y hay que decir la verdad, con alguna que otra tela de araña difuminada en la oscuridad. El ataúd, sin duda, no desentona. Y sobre un mueble desvencijado, reposa una hilera de relojes.

—¿Y esos despertadores, Joaquín?

Joaquín tiene entonces el mejor gesto de la conversación.

—Eran de mineros, pero como ellos, están parados....

Y el vino blanco que sirve tiene el sabor de un extraño elixir.

jueves, 9 de febrero de 2012

Infiernos


Gulag soviético. De la película de Peter Weir The way back (Camino a la libertad).

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 9 de febrero de 2012

Paro, déficit y corrupción. Y sin convenios colectivos. Deuda, desempleo, especulación. Y una Europa de mercaderes.

Precariedad, resignación, contracción del crédito. Y sanidad de copago. Y aumento de los impuestos. Y Joaquín Almunia, el comisario europeo que una vez fue líder del PSOE y aspiró a la presidencia del Gobierno, defendiendo los minijobs. Son mejor que nada, ha dicho estos días en un arranque de pragmatismo. Mejor vivir explotado que vivir sin ingresos, es el argumento que esconden sus palabras, añado yo. Menudo pensamiento progresista.

Julio Anguita, que sigue estando a la izquierda de Almunia, ya llamaba abiertamente a la rebelión durante la última fiesta del Partido Comunista. Aludía Anguita a los indignados, que nunca han dejado que la política contamine su protesta, y afirmaba que no se puede salir a la calle sin una idea detrás porque no se consigue nada. Y detrás de sus palabras, intuyo un deseo de dirigir a las masas que me recuerda peligrosamente a aquella teoría de la vanguardia del proletariado. Nosotros sabemos lo que es bueno para el pueblo, nosotros vamos a liberarlo, era la consigna de Lenin, en el fondo no tan alejada del despotismo ilustrado.

Viñeta de El vals del gulag, comic de Pellejero y Zetner.

Y ya sabemos lo que pasó después. Todo el poder para los soviets y la igualdad tragándose al individuo, devorando la libertad y extendiendo otro tipo de pensamiento único; el mito del paraíso socialista, que lavaba los trapos sucios de la disidencia en el Gulag.

¿Y qué nos queda? El capitalismo nos machaca. El comunismo ha fracasado. La socialdemocracia está corrompida. La democracia cristiana está anclada en el pasado.

No son los sistemas, estúpido, habría que escribir parafraseando aquella expresión sobre la economía que Bill Clinton convirtió en su eslogan y de la que alguna vez he hablado aquí. No son los sistemas. El infierno está dentro de nosotros.

Porque somos nosotros los que explotamos, imponemos, acosamos, callamos, nos resignamos y miramos para otro lado. Somos nosotros los que nos tragamos la vergüenza. Nosotros, los tiranos. Y eso es lo que debemos empezar a cambiar.