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martes, 18 de marzo de 2014

De la alquimia a los inventos


Recreación del Great Eastern, en la película digital de Volker Römer

 


El DIABLO DEL MAR, EL ALQUIMISTA FULCANELLI
Y LOS SECRETOS DE 'TEMPLUM LIBRI'
 
Nota de prensa del Ayuntamiento de Ponferrada.
 
La próxima visita comentada a la colección 'Templum Libri', el sábado 22 de marzo a las 12:00 horas en el Castillo de los Templarios, tiene a los libros de viajes, ciencia y alquimia como protagonistas y contará con el escritor y periodista Carlos Fidalgo, que leerá su microrrelato 'Tratado de Alquimia' y proyectará una animación sobre el Great Eastern -el barco de su cuento 'El diablo del mar'- elaborada por el creador alemán Volker Römer.
 
Con el título Secretos de la Colección Templum Libri el Ayuntamiento de Ponferrada, en colaboración con el bibliófilo Antonio Ovalle García, organizan una nueva visita comentada a la colección Templum Libri de libros facsímiles, de autor y de obra gráfica expuesta de forma permanente en el Castillo de los Templarios y en la Biblioteca Templaria. Estas actividades didácticas y de divulgación cultural, iniciadas hace unos meses, cuentan con la participación de un autor o experto invitado.


El 'Great Eastern', después de que le retiraran una de sus cinco chimeneas originales

 
En esta ocasión, será el periodista y escritor Carlos Fidalgo, que aprovechará el recorrido para proyectar una película de animación de tres minutos sobre el Great Eastern, el barco del relato El diablo del mar, elaborada por el creador alemán Volker Römer, y leerá el microrrelato  Tratado de Alquimia, ambos incluidos en su libro Tierra adentro y otros cuentos de naufragios (editorial Leer-e). El diablo del mar fabula sobre la leyenda negra de uno de los grandes inventos del siglo XIX, el trasatlántico Great Eastern, que se adelantó cincuenta años al Titanic y que contó con viajeros ilustres como Julio Verne, que escribió su novela Una ciudad flotante  tras embarcarse en él para América. Tratado de Alquimia habla de las últimas horas del alquimista Fulcanelli, autor de la enigmática obra El misterio de las catedrales y empeñado en encontrar la fórmula del elixir de la vida. Carlos Fidalgo se dio a conocer como escritor con su novela El agujero de Helmand (Menoscuarto), ganadora del Premio Tristana de Novela Fantástica y también es autor del libro de cuentos El país de las nieblas (IEB).
 
Las visitas comentadas están abiertas a la participación directa del público asistente, que, al inscribirse en esta actividad didáctica y de difusión cultural y turística, puede seleccionar sus temáticas preferidas y de interés entre la rica diversidad de temas que ofrece la colección, desde cartografía, bestiarios, botánica o alquimia hasta órdenes militares, obra gráfica de artistas nacionales e internacionales o libros raros.
 
En la visita del próximo sábado 22 de marzo (12:00 h. en el Castillo de los Templarios), los protagonistas serán los ejemplares más singulares de los géneros de viaje, cosmografía y alquimia, desde el Códice de la Guerra de Troya, Las Maravillas del Mundo de Marco Polo, la España Pintoresca dibujada por David Roberts, el Atlas Miller, o el Libro del Tesoro hasta el sorprendente Códice Calixtino. Las personas interesadas en asistir a la visita "Secretos de la Colección Templum Libri", podrán inscribirse previamente (hasta completar aforo) en la recepción del Castillo de los Templarios o telefónicamente en el número: 987 402 244.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Tierra adentro y otros cuentos de naufragios

 

El Américan Star, partido en dos y embarrancado en una playa de Fuerteventura.
Fotografía incluida en el interior del libro.
 
LA EMIGRACIÓN, EL EXILIO Y ALGUNOS NAUFRAGIOS ÍNTIMOS

En este libro navegan algunos barcos de verdad. Y vuelan algunos aviones. Navega el Titanic, con un sastre que huye a Nueva York con sus hijos. Y arrastra su leyenda negra el Great Eastern, tocado por la fatalidad.

Zozobra el American Star, camino de una playa de Fuerteventura. El almirante Nelson se desploma en la cubierta del Victory durante la batalla de Trafalgar. Y los marinos de un buque escuela con nombre de serpiente mueren despedazados en las rocas de la Costa de la Muerte.

Pero en este libro también navegan barcos sin nombre, pateras y cayucos cargados de inmigrantes, y algunos hombres y mujeres que simplemente van a la deriva, aunque no se encuentren en el mar.

Así es la portada en la colección libr-e.

EN LA COLECCIÓN LIBR-E DE LA EDITORIAL LEER-E

Este es el momento de presentaros, a vosotros que de vez en cuando os pasáis por este blog, Tierra adentro y otros cuentos de naufragios,  el tercer libro que publico después del volumen de relatos El país de las nieblas y de la novela El agujero de Helmand, ganadora del V Premio Tristana de Novela Fantástica.

El libro, que formará parte del catálogo de la editorial digital Leer-e, incluye doce cuentos, más el relato completo de El diablo del mar, que este verano apareció publicado como microfolletín por entregas en Diario de León. La edición, con una fotografía del American Star y dos del Great Eastern en su interior, será visible en formato e-book a partir del lunes 25 de noviembre -en algunos portales puede retrasarse hasta el miércoles 27- en las plataformas asociadas a Leer-e (Apple, Amazon, Google, El Corte Inglés, Casa del Libro, Fnac...) Descargarlo en vuestro ordenador, tableta, libro electrónico o edición Kindle cuesta 2,99 euros en Europa y 4,99 dólares en América. En préstamo, 0,99 euros y 1,99 dólares.

La mayor parte de los relatos son inéditos, aunque aparece en la colección Libre-e, que dirigen Marta Rivera de la Cruz y Martín Casariego, donde recuperan libros descatalogados que antes se publicaron en papel. Tierra adentro... iba a ser una revisión ampliada de El país de las nieblas pero al final sólo hay un relato revisado de aquel volumen y una reescritura de otro, que lo convierte en un cuento nuevo.

Leer-e es una editorial de referencia en el sector del libro electrónico en España. Además de la colección Libr-e digitaliza en Palabras mayores la obra de autores que ya son clásicos de la literatura como Gabriel García Máquez, Julio Cortázar o Carlos Fuentes.

Os dejo aquí el índice de los relatos. Mi intención es contaros más detalles de algunos de ellos en este blog en los próximos días. 




EL SASTRE DEL TITANIC
EL MONEDERO DE NELSON
LA NÁUSEA DEL MAR
LA PENA DE MORAYMA
EL REY DE ARENA
TRATADO DE ALQUIMIA
VIEJO BARCO DE HIERRO
EL CAYUCO
TIERRA ADENTRO
NÁUFRAGOS
EL VUELO DE WILL ROGERS
AZOUZ, EL PÁJARO

Microfolletín. EL DIABLO DEL MAR


Tierra adentro y otros cuentos de naufragios habla de la emigración, del exilio y de los naufragios íntimos. A veces, el mar sólo es un eco. Ojalá se oiga muy lejos.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El diablo del mar (El relato completo)



"Una ciudad flotante", en opinión de Julio Verne...

Donde nace la locura... Algunos lo habéis adivinado. Aquel barco que una jovencita caprichosa bautizó como Leviatán, el diablo del mar, no es otro que el Great Eastern, el barco más grande del mundo hasta la era de los trasatlánticos. Diseñado por el ingeniero Isambard Kingdom Brunel, un pionero del ferrocarril que llenó Inglaterra de puentes de hierro y acabó fabricando barcos de vapor cada vez más ambiciosos, y por Scott Russell, en cuyos astilleros de la Isla de los Perros se construyó, las dimensiones del Great Eastern le equiparan a buques como el Lusitania o el Oceanic, a los que se adelantó medio siglo. Y su leyenda negra no tiene nada que envidiarle al Titanic. Lo botaron en 1858 y navegó durante quince años. En ese tiempo pasó de transportar pasajeros, con poca rentabilidad, a tender cables trasoceánicos. Y terminó sus días en el puerto Liverpool, convertido en teatro flotante, hasta su desguace en 1889.

El relato completo y ordenado que tenéis a continuación recoge las 33 entregas del microfolletín, o micronovela, publicado en Diario de León entre el 31 de julio y el 30 de agosto de 2013. El periódico ya recogió en una página todo el relato el 30 de agosto, pero en un su penúltima versión. Esta es la redacción definitva. Y escribo esto porque en el microcapítulo 23 que podéis leer más abajo hay un ligero cambio respecto a la recopilación de León al Sol (aunque no respecto al día de su publicación como párrafo individual el 21 de agosto) que enriquece la narración...     

El Great Eastern, en una recreación de Henry Clifford.


1. Un barco a vapor me quita el sueño... Lo mueven dos ruedas de paletas. Y aprovecha el empuje del viento. Sus mástiles son más altos que las torres de Notre Dame.

2. Lo construyeron en la Isla de los Perros. El monstruo tenía cinco máquinas de vapor y diez calderas. Cinco chimeneas se elevaban sobre la cubierta, y seis palos sostenían las velas. Su constructor, un ingeniero visionario, aseguró que era el primer barco insumergible del mundo.

3. Anochece en la Isla de los Perros. Poco a poco se van apagando los golpes de los martillos de los remachadores. Obreros de todas las nacionalidades ayudan a construir el barco en la ribera del Támesis. Nada se sabe desde la mañana de un padre y un hijo que trabajaban en el doble casco.

4. Los dos remachadores nunca aparecieron. Después de dos días, dejaron de buscarlos. Los obreros continuaron trabajando en el barco, convertido en una nueva Torre de Babel flotante. Y llegado el momento de botarlo en el río Támesis, la joven hija de uno de los banqueros que había financiado la construcción sorprendió a todos y tuvo la ocurrencia de darle el nombre del diablo del mar. "¡Leviatán!", lo bautizó.

5.Tres mil personas se habían reunido en la ribera del Támesis para presenciar la botadura. Y de repente se escuchó una explosión. La tensión había roto uno de los cabestrantes y había provocado el estallido de la máquina de vapor que tiraba de las cadenas. Había un hombre muerto y cuatro heridos. Y el barco, varado en el astillero, apenas se había movido un metro.

6. Fueron necesarios diez semanas y unas bombas de ariete para botar el barco de costado, centímetro a centímetro. Pero cuando la nave estuvo en el agua, la operación había encarecido tanto el coste que su constructor estaba en la bancarrota. El día marcado para que el buque navegara por primera vez hacia desembocadura del Támesis, la ansiedad y la falta de sueño le traicionaron y le dio un ataque al corazón.

7. A los cuatro días, con el ingeniero en cama después del infarto, la naviera decidió que no podía esperar más para probar el barco. Remolcaron al gigante por el río Támesis, despertando la admiración de toda la ciudad de Londres. Pero alguien olvidó abrir una llave de paso y una de las diez calderas estalló cuando navegaba en la costa de Hastings. La explosión mató a cuatro fogoneros y destrozó el gran salón de primera clase.

8. El constructor se consumió, se consumió, se consumió... Ya no se levantó de la cama. Diez días después de la explosión de la caldera, aquel hombre ambicioso murió sin haber navegado nunca en su barco.

9. Remolcaron el barco. Enterraron a su creador. Reconstruyeron la rueda de paletas y el salón de primera clase. Y cuando llegó la primavera, el buque estuvo preparado para navegar de nuevo. Pero la leyenda negra que arrastraba pesaba tanto que nadie quería embarcarse en el viaje inaugural. El monstruo quedó amarrado en la Isla de los Perros. Y los últimos trabajadores de los astilleros difundieron el rumor de que en cuanto anochecía, retumbaban en el casco los martillazos de un remachador.

Isambard Kingdom Brunel, fotografiado por Robert Howlett.
1o. El primer capitán del barco era un marino experimentado. De no ser por su coraje, el buque no hubiera llegado a ningún puerto después de la explosión. Se llamaba William Harrison y mientras reparaban el gigante maltrecho, se embarcó en uno de sus botes para navegar a Southampton.

11. Desde los muelles de Southampton vieron cómo se acercaba la tormenta. Vieron cómo la tormenta engullía al bote del capitán Harrison. Y la lancha, con todos sus remeros, se hundió antes de que el experimentado marino lograra desembarcar en el puerto.

12. Al barco le quitaron el nombre del diablo. Dejó de llamarse Leviatán. Y en el mes de marzo nombraron un nuevo capitán que sustituyera al desgraciado Harrison. Pero no fue suficiente para alejar el mal fario del buque y a nadie se le pasaba por la cabeza subir a bordo, excepto a la tripulación, que lo hacía a regañadientes.

13. Su constructor lo había diseñado para afrontar trayectos de larga distancia. De Inglaterra a la India. Y de la India a Australia. Sin detenerse en ningún puerto. Pero los viajeros que accedían a visitar el buque después de muchos ruegos de la compañía lo tenían claro. Demasiados días en el mar -pensaban mientras observaban los pescantes con los botes salvavidas- a bordo de un barco impredecible.

14. El presidente de la naviera le propuso a su consejo de administración realizar viajes más cortos. Limitarse a cruzar el Atlántico. Y el resultado no fue mucho mejor. Sólo cuarenta y tres pasajeros, ocho de ellos invitados por la compañía, se atrevieron a embarcarse en la primera travesía del buque a Nueva York.

15. El barco tardó diez días y diecinueve horas en llegar a Nueva York. Y aunque parezca extraño, no sufrió ningún accidente en las calderas, ni le azotó ninguna tempestad, ni se interpuso en su ruta ningún iceberg. Pero al concertista del salón de primera clase le parecía escuchar un repiqueteo metálico cada vez que deslizaba sus dedos sobre las teclas del piano.

16. La nave transportó militares en su segundo viaje. Dos mis soldados con sus oficiales. Y doscientos caballos que debían desembarcar en Quebec. Y nada ocurrió tampoco, salvo que los caballos relinchaban como locos cada noche y golpeaban las paredes con sus cascos hasta que sus cuidadores bajaban a las bodegas para tranquilizarlos.

17. La tercera travesía fue más accidentada. El trasbordador que acercaba a los pasajeros al barco desde el puerto de Milford Haven, en la costa de Gales, encalló en una roca y los cien viajeros de la compañía tuvieron que ser rescatados junto a sus equipajes.

18. Y cuando el barco llegó a Nueva York, nueve días y trece horas después, nadie le hizo caso. Se había declarado la Guerra de Secesión y apenas subieron a bordo unas decenas de curiosos después de pagar los veinticinco centavos que costaba visitarlo.

19. El cuarto viaje fue peor. Mucho peor. Sólo llevaban veinticuatro horas en el mar cuando un fuerte vendaval hizo zozobrar al barco. Una de las ruedas de paletas se perdió en el océano y la otra se hizo pedazos después de que se desprendiera un bote. Y el poste del timón se partió y comenzó a golpear la hélice como si fuera el brazo de un remachador.

20. El capitán decidió ocultar lo sucedido. Pero la carga, liberada de sus anclajes, sacudía las paredes de la bodega y asustaba a los pasajeros. Ya no había caballos a bordo, pero los fardos hacían el mismo ruido cuando chocaban con el casco.


El Great Eastern, anclado. Desconozco el nombre del autor de la imagen.

21. No ocurrió nada en la quinta y en la sexta travesía y el barco empezó a remontar su mala fama. Y a ganar dinero para la naviera. Pero en el séptimo viaje a América, con las bodegas llenas y más de mil quinientos pasajeros a bordo, el calado de la nave aumentó y la hizo más vulnerable.

22. El capitán, precavido, evitó la Bahía de Nueva York, que era poco profunda, y trató de atracar en la de Flushing. Aún así, la quilla tropezó con una roca. Y la roca abrió una brecha de veinticinco metros de largo y tres de anchura que hubiera hundido cualquier otro barco que no hubiera estado dividido en compartimentos estanco.

23. Ningún puerto de los Estados Unidos contaba con el suficiente calado para reparar el barco en un dique seco. Así que tuvieron que usar una cajón de aire comprimido, sujeto al casco con cadenas. La reparación fue lenta y costosa. Los obreros que se metían en aquel compartimiento salían a los pocos minutos con ataques de claustrofobia. Decían que allá abajo se escuchaba con toda claridad el llanto de un niño.

24. Nuevamente reparado, la naviera tuvo que subastar el gran barco para evitar la ruina. Adquirido por una cuarta parte de su valor, a alguien se le ocurrió que aquella enormidad de acero era la única nave en el mundo capaz de almacenar los cuatro mil kilómetros de cable submarino que debían unir Europa y América por telégrafo. Y la operación fue un éxito.

25. La reina nombró sir a su nuevo capitán, orgullosa de la hazaña. El viento soplaba a favor y el barco tuvo una segunda oportunidad. Los Estados Unidos ya no estaban en guerra y París celebraba una de sus primeras exposiciones universales. Y así fue como un armador francés lo compró a buen precio para fletarlo otra vez como transporte de viajeros. De Liverpool a Nueva York. Y de Nueva York a Brest.

El Great Eastern, visto por Lebreton.

26. Julio Verne fue el más ilustre de sus pasajeros. El escritor tuvo un viaje plácido y escribió una novela sobre la nave que tituló Una ciudad flotante. Pero muchos años después de aquella travesía y mientras descansaba en la cubierta de su yate, el Saint Michel III, soñó que alguien le golpeaba con un martillo en la cabeza. Cuando abrió los ojos, descubrió que el timón de su velero estaba roto.

27. Verne preguntó qué había sido de aquel buque de hierro en el que había navegado hacía tantos años. Le dijeron que estaba anclado en el puerto de Liverpool, convertido en un teatro flotante. Pero pocos músicos se atrevían a tocar en él.

28. El escritor no quiso saber nada más del barco. El público de Liverpool tampoco. Y viendo que todo el mundo le daba la espalda, los empresarios decidieron venderlo a un chatarrero para ganar al menos algún dinero con el desguace.

29. Pero el barco no lo puso fácil. De hecho, a los operarios les llevó dos años desmantelarlo. Incluso tuvieron que emplear una bola de demolición porque no había forma de aflojar los remaches.

30. Algunos obreros renunciaron al trabajo. Decían que por las noches, la orilla del Mersey donde desguazaban el buque se llenaba de ecos metálicos. Y hasta los perros dejaban de ladrar.

31. Y los que conocían la historia del barco estaban convencidos de que encontrarían dos esqueletos abrazados entre las cuadernas y el doble casco cuando desmontaran todos los compartimentos estanco.

32. Pero no descubrieron ningún hueso. Sólo hallaron un remache suelto a la altura de la línea de flotación, que se balanceaba en una sección sin numerar, como si les estuviera haciendo burla.

33. “¿Se ha vuelto loco?”, le preguntaron los obreros al capataz cuando en vez de continuar con el desguace, vieron cómo cogía un martillo del suelo, se escupía en las manos, y comenzaba a golpear el remache, una y otra vez, una y otra vez, hasta ponerlo en su lugar.    

El Great Eastern, listo para el desguace en la orilla del Mersey.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. 31 de julio al 30 de agosto de 2013.
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sábado, 31 de agosto de 2013

El diablo del mar (33 y)


"Una y otra vez, una y otra vez, hasta ponerlo en su lugar"

    
33. "¿Se ha vuelto loco?", le preguntaron los obreros a su capataz cuando en vez de continuar con el desguace, vieron cómo se escupía en las manos, cogía un martillo del suelo y comenzaba a golpear el remache, una y otra vez, una y otra vez, hasta ponerlo en su lugar.
                                                                          ***

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Sábado 31 de agosto de 2013.
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viernes, 30 de agosto de 2013

El diablo del mar (32)


"Hallaron un remache suelto en la línea de flotación". ROBERT HOWLETT
 
    
32. Pero no descubrieron ningún hueso. Sólo hallaron un remache suelto a la altura de la línea de flotación, que se balanceaba en una sección sin numerar como si les estuviera haciendo burla.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Viernes 30 de agosto de 2013.
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jueves, 29 de agosto de 2013

El diablo del mar (31)




"Estaban convencidos de que encontrarían dos esqueletos abrazados"
        
31. Y los que conocían la historia del barco estaban convencidos de que encontrarían dos esqueletos abrazados entre las cuadernas y el doble casco en cuanto desmontaran todos los compartimentos estanco.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Jueves 29 de agosto de 2013.
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miércoles, 28 de agosto de 2013

El diablo del mar (30)

"La orilla del Mersey se llenaba de ecos metálicos". ALLAN C. GREEN
    
30. Algunos obreros renunciaron a su empleo. Decían que por las noches, la orilla del Mersey donde desguazaban el buque se llenaba de ecos metálicos. Y hasta los perros dejaban de ladrar.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Miércoles 28 de agosto de 2013.
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martes, 27 de agosto de 2013

El diablo del mar (29)


 
"Pero el barco no lo puso nada fácil". ROBERT HOWLETT
     
29. Pero el barco no lo puso fácil. De hecho, a los operarios les llevó dos años desmantelarlo. Incluso tuvieron que emplear una bola de demolición porque no había forma de aflojar los remaches.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Martes 27 de agosto de 2013.
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lunes, 26 de agosto de 2013

El diablo del mar (28)

 
 
"Decidieron venderlo a un chatarrero para el desguace". Foto ROBERT HOWLETT
       
28. El escritor no quiso saber nada del barco. El público de Liverpool tampoco. Y viendo que todo el mundo le daba la espalda, los empresarios que lo habían explotado como teatro decidieron vendérselo a un chatarrero para ganar algún dinero con el desguace.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Lunes 26 de agosto de 2013.
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domingo, 25 de agosto de 2013

El diablo del mar (27)


"En el puerto de Liverpool, convertido en un teatro flotante"
     
27. Verne preguntó qué había sido sido del buque de hierro en el que había navegado hacía tantos años. Le dijeron que estaba anclado en el puerto de Liverpool, convertido en un teatro flotante. Pero pocos músicos se atrevían a tocar en él.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Domingo 25 de agosto de 2013.
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sábado, 24 de agosto de 2013

El diablo del mar (26)


"El timón de su velero estaba roto"
    
26. Julio Verne fue el más ilustre de sus pasajeros. El escritor tuvo un viaje pácido y escribió una novela sobre la nave que tituló Una ciudad flotante. Pero muchos años después de aquella travesía, y mientras descansaba en la cubierta de su yate, el Saint Michel III, soñó que alguien le golpeaba con un martillo en la cabeza. Cuando abrió los ojos, descubrió que el timón de su velero estaba roto.

Julio Verne viajó a bordo.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Sábado 24 de agosto de 2013.
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viernes, 23 de agosto de 2013

El diablo del mar (25)




"El barco tuvo una segunda oportunidad". LITOGRAFÍA DE CHARLES PARSONS
      
25. La reina nombró Sir a su nuevo capitán, orgulloso de la hazaña. El viento soplaba a favor y el barco tuvo una segunda oportunidad. Los Estados Unidos ya no estaban en guerra y París celebraba una de sus primeras exposiciones universales. Y así fue como un armador francés lo compró a buen precio para fletarlo como transporte de viajeros. De Liverpool a Nueva York. Y de Nueva York a Brest.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Viernes 23 de agosto de 2013.
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miércoles, 21 de agosto de 2013

El diablo del mar (23)


"Un cajón de aire comprimido, sujeto al caso"
 
23. Ningún puerto de los Estados Unidos contaba con el suficiente calado para reparar el barco en un dique seco. Así que tuvieron que usar un cajón de aire comprimido, sujeto al casco con cadenas. La reparación fue lenta y costosa. Los obreros que se metían en aquel compartimeto salían a los pocos minutos con ataques de claustrofobia. Decían que allá abajo se escuchaba con toda claridad el llanto de un niño.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Miércoles 21 de agosto de 2013.
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martes, 20 de agosto de 2013

El diablo del mar (22)


"Trató de atracar en la Bahia de Flushing y la quilla tropezó"


22. El capitán, precavido, evitó la Bahía de Nueva York, que era poco profunda y trató de atracar en la de Flushing. Aun así, la quilla tropezó con una roca. Y la roca abrió una brecha de veinticinco metros de largo y tres de anchura que hubiera hundido a cualquier otro barco que no hubiera estado divido en compartimentos estanco.

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Martes 20 de agosto de 2013.
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lunes, 19 de agosto de 2013

El diablo del mar (21)


"El barco empezó a remontar su mala fama". THOMAS GOLDSWORTH DUTTON


21. No ocurrió nada ni en la quinta ni en la sexta travesía y el barco empezó a remontar su mala fama. Y a ganar dinero para la naviera. Pero en el séptimo viaje a América, con las bodegas llenas y más de mil quinietos pasajeros a bordo, el calado de la nave aumentó y la hizo más vulnerable. 

El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Lunes 19 de agosto de 2013.
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domingo, 18 de agosto de 2013

El diablo del mar (20)

 
"La carga sacudía las paredes de la bodega". PINTURA DE HENRY CLIFFORD

 
 20. El capitán decidió ocultar lo sucedido. Pero la carga, liberada de sus anclajes, sacudía las paredes de la bodega y asustaba a los pasajeros. Ya no había caballos a bordo, pero los fardos hacían el mismo ruido cuando chocaban contra el casco.


El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Domingo 18 de agosto de 2013.
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sábado, 17 de agosto de 2013

El diablo del mar (19)

"Un fuerte vendaval hizo zozobrar la nave".  PINTURA DE HENRY CLIFFORD
  
 19. El cuarto viaje fue peor. Mucho peor. Sólo llevaban veinticuatro horas en el mar cuando un fuerte vendaval hizo zozobrar a la nave. Una de las ruedas de paletas se perdió en el océano y la otra se hizo pedazos después de que se desprendiera un bote. Y el poste del timón se partió y empezó a golpear a la hélice como si fuera el brazo de un remachador.


El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Sábado 17 de agosto de 2013.
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viernes, 16 de agosto de 2013

El diablo del mar (18)


"Apenas subieron a bordo unas decenas de curiosos"

18. Y cuando el buque llegó a Nueva york, nueve días y trece horas después, nadie le hizo caso. Se había declarado la Guerra de Secesión en los Estados Unidos, el Norte y el Sur comenzaban a desangrarse, y apenas subieron a bordo unas decenas de curiosos que habían pagado los veinticinco centavos que costaba visitarlo.


El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Viernes 16 de agosto de 2013.
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jueves, 15 de agosto de 2013

El diablo del mar (17)




"La tercera travesía fue la más accidentada".
17. La tercera travesía fue la más accidentada. El transbordador que acercaba a los pasajeros al barco desde el puerto de Mildford Haven, en la Costa de Gales, encalló en una roca y los cien viajeros que habían comprado un billete para América tuvieron que ser rescatados junto a sus equipajes.

El diablo del mar. Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Jueves 15 de agosto de 2013
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miércoles, 14 de agosto de 2013

El diablo del mar (16)



"Los caballos golpeaban las paredes con sus cascos"
 16. La nave transportó militares en su segundo viaje. Dos mil soldados con sus oficiales. Y doscientos caballos que debían desembarcar en Quebec. Y nada ocurrió tampoco, salvo que los caballos relinchaban como locos cada noche y golpeaban las paredes con sus cascos hasta que sus cuidadores bajaban a las bodegas para tranquilizarlos.


El diablo del mar © Carlos Fidalgo
Publicado en León al sol. Diario de León. Miércoles 14 de agosto de 2013.
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