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martes, 23 de diciembre de 2014

La trampa


Foto: Asier Menéndez

CUARTO CRECIENTE
Diario de León, Jueves 11 de diciembre de 2014

 
La trampa es la siguiente; el juez Ruz podrá seguir con el caso Gürtel si lo pide. Pero si lo pide, se arriesga a anular todo el proceso. Un juez de apoyo en la Audiencia Nacional sólo puede dedicarse a «asuntos de nuevo ingreso o pendientes de señalamiento» y es el magistrado titular el que se debe encargar de los casos «en tramitación».

No lo digo yo. Lo dice la Ley Orgánica del Poder Judicial. Y los abogados de Bárcenas lo saben. Los asesores del PP lo saben. El presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, lo sabe también. Y lo sabe, por supuesto, el propio juez Ruz.

Lo repito, por si no ha quedado claro. El Poder Judicial, un órgano donde son mayoría los jueces nombrados por el PP, ha sacado a concurso la plaza que ocupa de forma interina el juez Ruz en lugar de prorrogar su comisión de servicios para que acabe la instrucción del mayor caso de corrupción de nuestra democracia. Lo hace a pesar de que el juzgado ya tiene titular hasta 2016, el juez Carmona, al que ofrecieron un puesto de nueva creación como magistrado de enlace en la embajada española en Londres para que no diera guerra. Y si Ruz pide continuar en la Audiencia Nacional como juez de refuerzo del nuevo ‘titular suplente’ de Carmona puede anular todo el proceso.

Si no lo pide, quienes han diseñado toda esta sucia maniobra argumentarán que ha sido el propio juez el que no ha querido continuar la investigación. El PP ganará tiempo, posiblemente un año, antes de que el nuevo titular se ponga al día. Lo justo para que pasen las elecciones.

Será, además, un juez amedrentado. Está por ver si tendrá el coraje de Garzón, el primer magistrado apartado del caso, el valor que ha demostrado Pablo Ruz, que le salió rana al Gobierno cuando se atrevió a registrar la sede del PP en la calle Génova y señaló a Ana Mato como beneficiaria de la trama, o la independencia de Gómez Bermúdez, el juez del 11-M, al que también cerraron la puerta pensando que Ruz sería más dócil.

Es un escándalo. Se mire como se mire. Lo cuenten como lo cuenten. Y quien mejor lo está contando es el periodista Ignacio Escolar: «Cuando al PP le va mal con un juicio, no cambia de abogado, cambia de juez».

jueves, 2 de febrero de 2012

Impunidades

Dibujo de ARES sobre la militarización de México.
El Ejército combate al narcotráfico, pero los asesinatos de periodistas quedan impunes

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 2 de febrero de 2012

Hoy puedo hablarles de trajes. Y de bolsos de regalo. Y que ustedes opinen si el ex presidente de la Generalitat de Valencia merece ser absuelto. O si la presidenta de la Diputación de León y el grupo del PP en la institución provincial están legitimados para criticar las dietas por desplazamiento que cobra el portavoz de la oposición después de reconocer que gastan dinero público en obsequios para su personal de confianza.

También puedo plantearles una reflexión sobre el lenguaje de algunos políticos que queriendo levantar la alfombra de la corrupción sólo sacuden el barro de su propio felpudo y pierden toda la razón al hacerlo.

Puedo escribir otra vez de historias aún más graves y de mayor alcance. Recordarles que España está en la picota por el aumento del paro, por la desconfianza que genera su deuda soberana y por la contracción del crédito que ahoga a los empresarios. Y puedo advertirles de que se avecina una huelga general —lo sabe Rajoy— para frenar una reforma laboral que nos quitará derechos sociales y flexibilizará el despido con la excusa (o el motivo) de facilitar la contratación. Opinen ustedes si ese es el camino.


Viñeta de Xurxo. De wwwvinetasatirica.blogspot.com


Pero a mí, lo que verdaderamente me preocupa estos días y creo que nunca se escribirá lo suficiente de ello, es la vergüenza que está cayendo sobre nuestra Justicia ahora que sabemos que el primer juicio relacionado con los crímenes del franquismo seguirá sentando en el banquillo al juez que ha tratado de investigarlos.

Me preocupa porque pone bajo sospecha la salud de nuestra democracia mucho más que la absolución de Camps o los regalos que pueda hacer la Diputación de León. Extiende la sensación de impunidad. Y donde hay impunidad, se quiebra el Estado de Derecho.

Les pongo un ejemplo. «México es un país mágico, donde hay asesinatos, pero no asesinos», afirmaba el pasado domingo un poeta azteca para quejarse de los crímenes sin resolver que están diezmando a los periodistas de su país. Y ahora opinen ustedes si los magos del Supremo que no han querido anular el proceso contra Garzón no han ido esta semana un poco más lejos.

sábado, 21 de enero de 2012

La calle es nuestra

Viñeta de ENEKO (http://www.20minutos.es/)

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 19 de enero de 2012

Aquí robaron niños al nacer y luego enterraron sudarios vacíos en los cementerios. Lo estuvieron haciendo hasta ayer. Y alguien se lucraba con ello. Ricardo Magaz, profesor de Fenomenología Criminal, cita a las asociaciones de afectados para afirmar que desde la Guerra Civil y hasta los años ochenta, (hasta ayer) trescientos mil niños fueron robados de los hospitales y adoptados al margen de la ley. «Lo que había comenzado como represión política, prosiguió como vil negocio mercantilista», ha escrito en este periódico.

Aquí mataron gente. Hasta ayer. Y los muertos vinieron de la maquinaria del Estado. Siendo Fraga ministro de la Gobernación en 1976 —con Franco muerto, pero todavía sin Constitución— la policía disolvió a tiros una asamblea de huelguistas en Vitoria. Dejaron cinco muertos, pero no hubo detenciones entre los agentes, ni dimisiones. Y a Fraga —que nunca aceptó haber dicho que la calle era suya, pero que en su etapa de ministro de Información ya había amparado el fusilamiento de un líder comunista y había filtrado el falso suicidio de un estudiante que repartía pasquines antifranquistas— se le ha enterrado con honores de hombre de Estado por llevar a la derecha al redil de la democracia. Sin renegar de su pasado.


Fraga en Palomares, después de su famoso baño con el embajador de EE.UU.

Pero hay para todos. Aquí seguimos sin saber quién fue la X de los GAL, aunque lo sospechemos y un ministro del Interior como Barrinuevo acabara en prisión, salpicado por la guerra sucia contra ETA.

Aquí, sí aquí, seguimos sin conocer todo lo que sucedió el 23-F, ese golpe de Estado fallido que desactivó los últimos rescoldos de la caverna de franquismo.

Aquí, en este país, tenemos al yerno del rey aprovechándose de su real posición para ganar dinero con negocios dudosos. Aquí. Hoy.

Y aquí, ahora mismo, mientras escribo, están juzgando a un juez que investigó la corrupción y las fosas de Franco. Se llama Baltasar Garzón y ya no ejerce porque sus enemigos han logrado sentarle en el banquillo de los acusados. Aquí, ahora, en este país de indignados. ¿Y qué podemos hacer ante todo esto? La respuesta, sin duda, está en la calle. Porque la calle, don Manuel, es nuestra.


La calle, sobre todo, es de ellos dos. (Otro icono del 15-M)

jueves, 27 de octubre de 2011

Centeno alto

Del blog http://www.hojas-de-mayo.blogspot.com/

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Martes 25 de octubre de 2011

Al Cesterín lo enterraron en un campo de centeno y todos los veranos, las espigas más altas delataban su asesinato. «Allí está enterrado vuestro padre», les decían los vecinos de Villanueva de Valdueza a sus dos hijos adolescentes cuando los veían trabajar aquella tierra a dos kilómetros del pueblo. Pero no se atrevían a desenterrarlo.

En algún momento dejaron de sembrar centeno y plantaron patatas, y el rincón del Cesterín seguía siendo el más frondoso. Antonio Fernández tenía un buen epitafio en los tubérculos y en los cereales y no había nadie en Villanueva que no supiera que allí debajo habían enterrado a un hombre.

Al Cesterín, que ni siquiera se metía en política, según cuentan, lo mataron unos pistoleros falangistas en el mes de octubre de 1936. Su delito, avisar al alcalde de que iban a buscarle. Le dieron una paliza, le dispararon en un costado y en la mandíbula y lo mataron. Luego el silencio hizo el resto y ni siquiera la muerte de Franco sirvió para que en Villanueva de Valdueza perdieran el miedo a sacar sus huesos del campo de centeno.

9 de octubre de 2011. Exhumación de la fosa. (Foto. Público.es)

Ha sido una nieta que vive en Argentina, hasta donde no llega el miedo, la que se ha empeñado en que los restos de su abuelo reposen en un camposanto. Adriana Fernández, qué paradoja, se dedica en Buenos Aires a buscar a los desaparecidos de la dictadura argentina y desconocía que su abuelo era una víctima de la represión del régimen de Franco. «Yo creo que mi abuelo me guió», decía el pasado sábado en San Esteban de Valdueza, a punto de recibir la urna con los huesos del Cesterín y dispuesta a seguir con la querella por crímenes contra la humanidad que la Justicia argentina mantiene abierta para condenar la represión de la dictadura española. Y esa es nuestra vergüenza. Que en Argentina sea un motivo de querella lo que en España ha sido una excusa para apartar a Baltasar Garzón de la judicatura.

Estos días, el terrorismo etarra ha anunciado que deja las armas. Todo el mundo habla de apoyar a las víctimas. De ayudarlas a superar el trauma. Bravo. Pero no nos olvidemos de que todavía hay muertos que llevan 75 años enterrados en campos y cunetas. Y así es imposible no darle la razón al poeta Abel Aparicio cuando se queja de que las víctimas de Franco no valen tanto como las de ETA. Esa diferencia de trato es como el centeno alto; delata a más de uno.