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viernes, 24 de octubre de 2014

Adán y Eva

Adán y Eva, un clásico de la pintura...
 

CUARTO CRECIENTE
Diario de León, Jueves 23 de octubre de 2014
 
Hay un programa en la tele donde dos parejas desnudan sus cuerpos y sus miserias. Adán y Eva, se llama. Y los protagonistas del espectáculo demuestran que además de ninguna ropa, tampoco tienen gran cosa en la cabeza.
 
En Adán y Eva no pixelan los desnudos. Pero la piel no escandaliza. Son las palabras de quienes se someten al escarnio público lo que de verdad asusta.
 
Una de las chicas dice que busca «un tío con buena economía porque yo siempre he vivido muy bien. Es importante que tenga un buen coche, a poder ser Mercedes o BMV porque yo nunca he conducido una gama inferior, y también quiero que sea un caballero, que siempre conduzca él y que pague las cenas, nada de hacerlo a medias». La otra chica seleccionada trabaja como maquilladora de cadáveres y quiere «un chico acicalado». Ella se ducha mucho, añade, y así se quita «la peste a muerto».
 
Uno de los chicos afirma que le gustan las chicas que huelen bien porque «yo huelo a hombre». Y su rival asegura que está «orgulloso de su miembro viril».
 
Uno dice que no lee, pero le gusta el arte. Otra responde que sí lee libros de Dan Brown, «donde cuenta cosas de Da Vinci y eso», pero no sabe que el Manzanares es un río que pasa por Madrid. «Me suena a fruta», reconoce.
 
Yo no he visto el programa. A las horas a las que se emite me pongo un clásico en DVD y me olvido de la caja tonta. Pero he leído en la prensa digital las frases del cuarteto. Y me entero de que el show ha sido un éxito de audiencia.
 
Luego me encuentro con una manifestación de quinientos estudiantes en Ponferrada. Quinientos chavales que piden un plan de futuro para el campus del Bierzo, el fin de los recortes, y claman contra la desigualdad; «el hijo del cantero, a la universidad», gritan.
 
Pienso entonces en los hijos de la maquilladora de cadáveres. Del que huele a hombre. Del que no lee libros. Y de la que busca un tío que le pague las cenas. Me pregunto si tendrán una oportunidad o volverán a ir desnudos por la vida, como sus padres. Y me doy cuenta del gran salto en la evolución social que tenemos a nuestro alcance; sólo hay que apagar la tele o cambiar de canal.

lunes, 8 de septiembre de 2014

El día en que el castillo perdió su puente levadizo

El arco de entrada del castillo de Ponferrada, fotografiado antes de su derribo en 1914.
FOTO: GUSTAVO LUZZATTI (principios del siglo XX)
 
DIARIO DE LEÓN
Lunes 8 de septiembre de 2014
 
Hace cien años, la mayor amenaza para el castillo de Ponferrada, a parte del paso del tiempo, venía del alcalde de la ciudad. Y así se lo hizo saber el entonces gobernador interino de la provincia de León en una carta que le dirigió el 23 de abril de 1914: «Por orden del señor Alcalde de Ponferrada se ha procedido sin previo examen, ni autorización competente, derribar el puente levadizo del castillo de Ponferrada (....) El derribo recién del puente levadizo por orden del Alcalde, a pretexto de una seguridad y conveniencias de policía y ornato, constituyen un atentado contra la cultura y el arte, pues aunque fuera cierto el estado ruinoso de la parte demolida, medios hay de evitar la inseguridad sin acudir al derribo».
 
El alcalde se llamaba Aniceto Vega González y según recuerda Jesús Álvarez Courel en su libro La fortaleza de los templarios (2004) tenía informes que le advertían de que el mal estado de conservación de uno de los arcos de entrada a la fortaleza medieval —propiedad municipal desde 1850— lo convertían en un peligro para los viandantes. Era 1914 y Aniceto Vega cortó por lo sano; en una muestra de que la preocupación por el patrimonio histórico todavía estaba en pañales, optó por adelantarse a la ruina y ordenó derribar directamente la pieza que suponía en peligro.
 
Cien años después, convertido el castillo en el monumento insignia de la ciudad —y del Bierzo con el permiso de Las Médulas—reconstruida parte de la fortaleza para albergar acontecimientos culturales, una exposición de códices facsimilados y una Biblioteca Templaria, el derribo del puente levadizo del monumento se ha convertido en una efeméride desagradable de recordar. Y menos en el año del Mundial de Ciclismo. Pero es la prueba de cómo ha cambiado el valor que los ponferradinos le conceden a su castillo.
 
La despreocupación por el monumento en 1914 no era nueva. El Ayuntamiento lo había adquirido al marqués de Villafranca a mediados del siglo XIX «con el cargo de pagarle anualmente una pensión de 45 pesetas y la obligación de destinar lo que más valiera en renta a la conservación de sus históricas paredes», según consta en el Libro de Actas Municipal, en un escrito de 1890 del alcalde Isidro Rueda en el que el regidor advertía del «completo abandono» de la fortaleza. El marqués, aunque sólo era alcalde honorario del castillo, se había dedicado en los años anteriores a vender la piedra de los muros del interior. El castillo se arrendaba para el cultivo y hacía falta espacio, y Rueda lamentaba que «con el fútil pretexto de que amenazaba ruina (cuando es uno de los trozos más sólidos del castillo) se empleó la piqueta en demoler la mayor parte de los tres arcos que según la tradición popular daban vistas a la Cámara de la Reina y constituían la parte más elevada y bella del castillo».
 
La Comisión de Monumentos de la provincia de León acudió en ayuda del castillo y al lograr que el Estado lo declarara Monumento Histórico, el marqués desistió de cobrar el foro, aunque nada más se hizo.
 
Alcaldes posteriores como Aniceto Vega o como Cayetano Fernández no tuvieron el mismo apego por la fortaleza. «Yo no podré evitar que alguna noche, cualquier malintencionado destruya el castillo con dinamita» y «lo mejor es que se lleven lo que sirva y el resto lo derriben», decía Fernández en sendas frases que recogía la revista Juventud en 1925, en un artículo del arqueólogo Julián Sanz que no sólo denunciaba la ruina del edificio histórico, sino los intentos de acondicionar un campo de fútbol en su interior volando algunos de sus muros.

viernes, 16 de mayo de 2014

Acero y niebla



La luna de Mélies, en uno de los fotogramas del Monumento al Cine de Ponferrada.
FOTO: www.carralero.es

MOVIMIENTO Y LUZ EN UNA CINTA DE ACERO
Diario de León. Revista. Domingo 11 de mayo de 2014

A José Sánchez Carralero le había encargado el Ayuntamiento de Ponferrada que diseñara un monumento al cine para el principal acceso a la ciudad. Lo había aceptado con dudas, porque nunca se había atrevido con una escultura de grandes dimensiones y tenía miedo del resultado, convencido de que «una escultura pública no se puede hacer de espaldas a la gente». Carralero comía un día con los escritores Luis Mateo Díez, Juan Pedro Aparicio, José María Merino y el periodista y editor Jesús Ugidos cuando les consultó. «Me dijeron que huyera de los tópicos, ni cámaras, ni claquetas, ni sillas de director, y al final hice todo lo contrario de lo que me dijeron. Pensé que el cine era movimiento y luz y cogí los tópicos que enganchasen a la gente», cuenta el artista sobre la génesis del Monumento al Cine.

Y así surgió el diseño de la cinta de fotogramas en acero corten, con retazos de los grandes clásicos del celuloide. Desde Un perro andaluz a Los pájaros. De El padrino a Casablanca. De Alfred Hitchcock a la navaja de Buñuel. Mientras una grúa enorme terminaba de montar toda la estructura en la primavera de 2003, el autor se acercó a unos jubilados y sin decirles quién era les preguntó qué era aquello. «¡Coño, no estás viendo a Marlon Brando!», le respondieron. Y supo que había acertado.

Marlon Brando, en acero corten. FOTO. www.carralero.es

RETROSPECTIVA EN CACABELOS
Rescato aquí un artículo antiguo sobre el monumento al cine de Ponferrada. Lo escribí poco después de su inauguración, en el verano de 2003, cuando la Escuela de Cine del campus, hoy desaparecida, afrontaba su tercer curso. El pintor lo ha querido incluir en el catálogo de la retrospectiva que permanecerá colgada durante los próximos cuatro meses en las paredes del Museo de Cacabelos. Al día de hoy, sigo pensando que la de Carralero es la única escultura pública de Ponferrada con alma propia.

Monumento al cine, entre la niebla. FOTO: www.carralero.es
  
Un monumento de cine
CRÓNICAS BERCIANAS
Diario de León. Lunes, 30 de junio de 2003

Rick le está diciendo a Ilsa que siempre les quedará París mientras la niebla envuelve el aeropuerto de Casablanca. Unos fotogramas más lejos, un adolescente recién graduado observa embelesado las piernas de una mujer retirándose las medias. Sobre su cabeza, naves espaciales combaten entre las estrellas, y un poco más abajo, un gorila gigante se balancea en lo alto de un rascacielos mientras sostiene a la bella entre sus dedos y espanta a una escuadrilla de aviones a manotazos.

Anoche vi a una pareja arriesgándose a sufrir un atropello en mitad de la calzada mientras observaban la mirada turbia de Marlon Brando en la piel del padrino. Chaplin tenía el mundo en sus manos y a la luna le habían clavado un cohete en un ojo y ponía cara de espanto, cuando pasé con mi coche y esquivé a los dos mitómanos sugestionados por las transparencias del monumento al cine que ha diseñado José Sánchez Carralero. No me vieron. Habían dejado de mirar al capo siciliano y estaban más pendientes de los obreros de Novecento que del tráfico. Cada fotograma de esa espiral de sueños que adorna una de las entradas de Ponferrada es una cortina de acero en realidad. De cerca, sólo se aprecian hileras de tiras metálicas. De lejos, uno descubre las imágenes, tan engañosas, que por momentos parece que el viento agite las plumas del cuervo que descansa sobre los hombros de Hitchcock.

 
Monumento al Cine, un día de niebla. FOTO: www.carralero.es

 
La apuesta de Carralero es valiente. Sorprende y creo que no deja indiferente a nadie. Hay a quien tanto acero oxidado le espanta y pone la misma cara que la luna tuerta de Mélies cuando descubre el monumento en mitad de la nueva glorieta. Y hay quien no puede dejar de mirar sus fotogramas, maravillado por el juego de luces sobre el metal, que recuerda a las luces del cine, y por un momento se olvida de que los coches circulan a su alrededor y lo recomendable es observar las transparencias de lejos para apreciarlas mejor.
El monumento nace con vocación de símbolo, y no es extraño que esté tan cerca del campus y de la Escuela de Cine; una apuesta si cabe más arriesgada que la escultura de Carralero, siendo una ciudad periférica Ponferrada, y que mal que nos pese, aún no parece del todo consolidada. La Escuela ha traído aires nuevos a Ponferrada, donde en los últimos dos años se han dejado ver los directores más reconocidos del cine español, y sería una lástima que la demanda de alumnos no alcanzara este año todas las plazas ofertadas.

Y el monumento de Carralero, como la Escuela, también es un aire fresco, porque rompe con la imagen de ciudad encerrada en sus tradiciones que transmiten las esculturas de otras glorietas, con todo el respeto para los templarios y las pimenteras. Porque ya era hora de que miráramos más lejos. De que dejáramos a un lado el Bierzo de pandereta para contemplar otros universos; una batalla en las estrellas, unas piernas de mujer, los ojos profundos de la Bergman, clavados en el rostro de piedra de Bogart, mientras hablan de París y a los dos los envuelve la niebla que cuando en cuando mana del Sil
 
El Monumento al Cine, entre la niebla. FOTO: www.carralero.es

viernes, 9 de mayo de 2014

La alameda

 

Una alameda en Chile

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 8 de mayo de 2014

A Celso López Gavela, que fue alcalde de Ponferrada durante 16 años, no le gustaban las inauguraciones. Bajo su tercer mandato, impulsó la construcción del Puente de Hierro que ahora también llevará su nombre entre el polígono de Las Huertas y la avenida de América, y nunca se preocupó por cortar una cinta. Al viaducto se le conoce como ‘el Puente de los Faraones’ porque costó 160 millones de pesetas de los años ochenta, 19 más de lo presupuestado, y mucha gente opinó que aquello había sido un despilfarro. El puente, en cualquier caso, era necesario.

A Celso López Gavela no le gustan los nombres largos. A sus 88 años sabe muy bien que no cuajan. Al final es la gente la que decide cómo se llaman las cosas, aunque la placa ponga Puente de Hierro-Alcalde Celso López Gavela. La Gran Vía de Madrid, por ejemplo, nunca fue la avenida de Rusia, ni la avenida de José Antonio, por mucho que los carteles nos dijeran lo contrario durante 45 años.

Celso López Gavela también fue el alcalde de la Casa de la Cultura. Los tres mil libros de Ponferrada estaban desperdigados por toda la ciudad, y él, que era un lector voraz, perdía mucho tiempo de local en local. Así que decidió reunirlos en un único edificio.

Siempre tuvo aura de honrado, a pesar de las insidias que se propagaron sobre el falso pazo que tenía en Portugal. En su día echó de su despacho a un famoso constructor que le proponía una ilegalidad. Y me pregunto cuántos alcaldes y concejales harían hoy lo mismo.


Celso López Gavela. L. DE LA MATA
 

Pero Celso López Gavela fue sobre todo el alcalde del parque de La Concordia. Allí plantó una alameda, porque esos árboles son los que dan sombra a los hombres libres, según decía Allende. Los álamos, sin embargo, no sobrevivieron a la reforma que cambió la ribera del río en 2006.
 
Estos días tenemos a un ex alcalde que se va, a otro que dimitió dos veces, pero parece que nunca se haya ido del todo, y al regidor actual, que se balancea en el alambre, sin partido y sin una mayoría absoluta que le respalde. Enredados en la lucha por el mismo sillón, los tres juntos son un ejemplo de discordia. Se nota que ninguno ha conseguido hacerle sombra a Celso López Gavela.




jueves, 6 de marzo de 2014

Incorruptos


Longyearbyen, en las islas Svalbard.
Foto de  BORJN CHRISTIAN TORRISEN (Wikipedia)


CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 6 de marzo de 2014

En Longyearbyen está prohibido morirse. Allí cazaban ballenas los arponeros vascos hace cuatrocientos años. Y allí han construido, a 120 metros bajo tierra, la ‘bóveda del fin del mundo’, un almacén que resiste terremotos y explosiones nucleares y que guarda las semillas de la biodiversidad del planeta.

Longyearbyen, capital de las islas Svalbard, es tierra de nadie. No está claro si el archipiélago pertenece a Noruega o Rusia, pero mientras se ponen de acuerdo en la ONU, cualquiera puede instalarse allí si no le tiene miedo al frío extremo. Porque en invierno, las temperaturas descienden hasta los 50 grados bajo cero. Y los cadáveres se conservan intactos. Lo comprobaron los científicos que a principios de siglo desenterraron los cuerpos de unos marineros fallecidos durante la epidemia de gripe española para elaborar una vacuna a partir del virus congelado y los encontraron incorruptos.

Lo malo es que aquellos científicos también destaparon otro tipo de fiebre y a la ciudad helada comenzaron a mudarse ancianos y enfermos que querían morirse allí para que los enterraron bajo tierra congelada, por si acaso la ciencia encontraba un remedio para resucitarles en el futuro.
Al final, eran tantos los muertos que las autoridades cerraron el cementerio hace setenta años y desde entonces, si alguien se muere en Longyearbyen, meten su cuerpo en un avión y lo mandan a paseo.
***

¿A que les suena a cuento? ¿A falso artículo de prensa, tan de moda? Pues es cierto. Lo cuenta en un reportaje Javier Reverte, viajero veterano que ha seguido las huellas de Joseph Conrad en África y las de Jack London en Alaska antes de visitar la ciudad más fría del mundo.

Y es que parece mentira lo que a veces nos cuentan en los periódicos. Por ejemplo, en Diario de León publicábamos ayer que el Gobierno ha destituido al director general de la Ciuden por negarse a paralizar las obras del Museo Nacional de la Energía en Ponferrada. El protagonista dice que se va por razones personales y lo niega todo antes de colgar el teléfono, pero alguna mente pensante en Madrid se morirá un día de viejo y no le comerán los gusanos de la vergüenza.

viernes, 25 de octubre de 2013

Ventanas rotas

Ventanas rotas en un cine abandonado de San Petersburgo. Foto SPITZRUTEN
 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 24 de octubre de 2013
 
 
La avenida de La Puebla es una calle muerta. A lo largo de sus trescientos metros se amontonan los comercios cerrados. Los locales vacíos. Los muros tapiados de ladrillos y carteles. Los cristales sucios. Las paredes grafiteadas. Los teléfonos de las inmobiliarias, anunciando que todo está en venta.
 
La avenida de La Puebla, en pleno centro de Ponferrrada, una calle importante porque vertebra las dos partes de la ciudad, porque más de la mitad del vial coincide con el Camino de Santiago, no levanta cabeza.
 
Y lo que le pasa a esa calle tan céntrica me recuerda al síndrome de las ventanas rotas, una expresión que acuñaron dos periodistas de una revista de Boston en los años ochenta y que hizo popular el alcalde de Nueva York, Rudolf Guiliani, para referirse al problema de la degradación urbana. La teoría dice que si no se arregla a tiempo una ventana destrozada en un edificio sin uso, los vándalos continuarán rompiendo cristales, un día tras otro, y todo el inmueble se echará a perder.
 
Y como el deterioro se extiende como la gangrena, el problema se repetirá en los edificios aledaños y al final, nadie querrá vivir en esas calles, abrir un comercio en esos barrios, comer en sus restaurantes, que acabarán cerrando, o comprar en sus supermercados, que se quedarán sin clientes.
 
A ese síndorme hay que ponerle remedio antes de que sea demasiado tarde. Porque lo que le sucede a la avenida de La Puebla es lo mismo que le ocurre a una calle histórica como El Rañadero, por citar otro ejemplo.
 
La concentración de los negocios en el centro comercial es la prueba de que estamos perdiendo el centro de la ciudad. De que la ciudad se nos está yendo de las manos.
 
Y como la gangrena no se detiene si no se la frena, un día podemos amanecer sin campus -la Universidad de León nunca ha apostado por las instalaciones que costeó el Plan del Carbón- sin estudiantes, sin comercios, sin servicios. Sin población activa. Sin colegios. Seremos una ciudad de ventanas rotas. Y ni siquiera nos acordaremos de quién nos arrojó la primera piedra.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Cien años del vuelo de Garnier...

 
Léonce Garnier, volando en Canarias en 1913 con su Blériot XI
 
CUADERNO DE REPORTAJES
Diario de León. Sábado 7 de septiembre de 2013
 
Se llamaba Léonce Garnier, fue el primer hombre que voló sobre los cielos de Canarias, de Pontevedra, de Pamplona, de otras ciudades del norte de España como San Sebastián, donde estaba afincado, o Gijón. Y el segundo que lo hizo en Ponferrada.
 
Ocurrió en las fiestas de La Encina de hace justo un siglo. Garnier, un francés de 32 años que había aprendido a pilotar un aeroplano de forma autodidacta y que incluso se había fabricado sus propios aparatos, fue la estrella del programa festivo de aquel año de 1913, que no escatimaba elogios para el pionero del aire y que incluía una ilustración de su frágil Blériot XI como reclamo de portada.
 
«A las cuatro de la tarde, se verificará en amplísimo y bien preparado campo la más notable de las Fiestas de Aviación en la que el intrépido, inteligente y cien veces laureado piloto, señor Garnier verificará sorprendentes vuelos de altura, velocidad y planeo en un programa especial que se dará a conocer al público», anunciaba con el lenguaje pomposo de la época el folleto de las fiestas de hace cien años que todavía conserva en su casa de Ponferrada Jesús Courel.
 
El programa de aquel año incluía un concurso de tiro de pichón, conciertos de la Banda Municipal, de la Banda del Regimiento de Burgos, letanías a la Virgen, bailes en la plaza de La Encina, «elevación de globos de ridículas formas» en el paseo de Cantón Grande, o el lanzamiento de fuegos artificiales bajo la dirección del «invicto pirotécnico míster Mauriz». Pero sin duda, «las Fiestas de la Aviación», previstas para el día 11 de septiembre, eran el plato fuerte de las celebraciones.
 
Garantizar la seguridad
Y había que garantizar la seguridad, porque sólo un año antes, otro aviador francés apellidado Lacombe había dejado un rastro de «diez heridos y ocho contusionados» cuando un ala de su aeroplano alcanzó a un grupo de espectadores que asistían a la primera exhibición aérea que se celebraba en Ponferrada, en la pradera del Campo de la Cruz, según explica el historiador Miguel Jota García. «Cuantas medidas sean necesarias para asegurar el orden y brillantez del festejo serán tomadas por las autoridades, pudiendo el público tener la creencia de que este número del programa le será agradabilísimo», decía el programa de las fiestas de 1913.
 
Programa de las fiestas de 1913.
Cortesía de JESÚS COUREL
 
Diez años después del vuelo de los hermanos Wright, elevarse sobre el suelo en un aparato a motor continuaba siendo algo extraordinario para la mentalidad popular y los programas de las fiestas patronales de las ciudades más afamadas solían incluir exhibiciones aéreas para dejar a los vecinos boquiabiertos.
 
Lío en Pontevedra y Vigo
Así obtenían ingresos pilotos como Léonce Garnier, que había participado con su Blériot XI en las fiestas de Begoña de Gijón, o en las de La Peregrina de Pontevedra, donde el Ayuntamiento había pugnado en 1911 con el de Vigo en una carrera por contratar al piloto que obligó a intervenir al gobernador civil y que incluso provocó manifestaciones de protesta y la dimisión del gobierno local en la ciudad perdedora.
 
El piloto francés llegó a Ponferrada en septiembre de 1913 después de haber volado aquel mismo año sobre Las Palmas de Gran Canaria y Tenerife a los mandos del mismo modelo de avión con el que su compatriota Blériot había cruzado por primera vez el Canal de la Mancha.
 
Si las crónicas de la época hablaban de que Garnier había protagonizado en Pontevedra arriesgados descensos sobre los vecinos que hicieron «sentir el escalofrío de las grandes catástrofes», dos años después en Ponferrada, y vistos los antecedentes de Lacombe, debió mostrarse más cauto porque ninguno de los documentos sobre aquella exhibición que ha consultado Miguel Jota menciona que hubiera problemas. El único que se quejó, eso sí, fue un vecino de San Lorenzo que reclamó al Ayuntamiento 50 pesetas de compensación porque el público, expectante, había «apisonado» dos fincas de su propiedad. Pero el Ayuntamiento no le dio nada.
 
 
El Blériot XI de Garnier, en un sello de Correos sobre el centenario de sus vuelos en Canarias
 
 
...y 101 del accidente de avión de Lacombe durante las fiestas
 
También fue un 11 de septiembre. El primer aviador que tuvo el honor de volar sobre los cielos de Ponferrada fue otro francés apellidado Lacombe. Pero su vuelo, anunciado como el mayor reclamo de las fiestas de La Encina de 1912, estuvo a punto de acabar en tragedia cuando el piloto descendió tan cerca de los espectadores que alcanzó a un grupo de ellos con un ala. Los periódicos de la época, asegura Miguel Jota García, contaron que dejó «diez heridos y ocho contusionados» y que después hubo que cambiar la hélice del aeroplano. Como compensación, Lacombe voló gratis unos días después hasta Villafranca y a continuación a Bembibre, que celebraban las fiestas del Cristo.
 

viernes, 24 de mayo de 2013

Vestigios


El autor de este blog, como Ethan Edwars en el poblado del Wólfram.
(Foto cortesía de JESÚS F. SALVADORES)


CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 23 de mayo de 2013

La Placa se pudre. Los trenes de media distancia se van. El AVE no llega.

El poblado del wólfram, en la Peña del Seo, no interesa lo suficiente a la Junta de Castilla y León como para pagar los 500 euros que cuesta su inscripción en una ruta europea. Se oxidan los restos del Coto Vivaldi, del Coto Wagner, y sigue entrampado el Parque Temático Minero de Fabero.

La mina se muere. Sí. O la están dejando morir por falta de alimento. Los mineros llevan un año quejándose. Y el Gobierno, amparándose en que la crisis no le deja margen de maniobra, lleva un año engañándoles. Nunca ha creído en el carbón.

Quizá por eso, la segunda fase del Museo Nacional de la Energía acumula un año y medio de retraso. Cuando las obras se reanuden -y eso iba a ser antes de la Semana Santa y se nos echa el verano encima sin que los obreros hayan vuelto a los andamios- ya sabemos que no incluirán el Parque Carbonífero, aunque las plantas estén en el vivero.  

Dos imágenes de las ruinas de La Placa tomadas por google maps

Mientras tanto, el tren turístico minero -tren histórico debería llamarse, me dice alguien que sabe- está encerrado en un cajón. La Junta lo ha aparcado después de aplacar los ánimos con un carísimo estudio de viabilidad que ha determinado que recuperar las vías -desde Ponferrada- es prohibitivo. Como si no hubiera una alternativa más barata. Y la locomotora 31, que debería tirar de todo el convoy, languidece en el Museo Ferroviario, encerrada en una vía muerta después de un tiempo 'desaparecida' en el taller de una empresa privada. Nada se sabe de sus dos vagones de pasajeros.

No sé si en el Bierzo tenemos el pasado que nos merecemos. Pero el futuro asociado a sus vestigios no lo estamos aprovechando.

Y si es verdad que se han hecho algunos esfuerzos -las locomotoras de vapor y la antigua estación se han salvado, como la vieja térmica de la MSP- lo que queda por hacer es tanto que nadie debe conformarse con lo que tenemos. Andamos a la búsqueda de nuevos motores que tiren de la economía del Bierzo. Y no nos damos cuenta de que los viejos, si los recuperamos, todavía pueden ser los más fiables.




Y AQUÍ OS DEJO EL ENLACE CON EL REPORTAJE MÁS AMPLIO SOBRE LA PLACA EN LA REVISTA DE DIARIO DE LEÓN (26 DE MAYO DE 2013): LA PLACA SE BAJA DEL TREN.

jueves, 21 de marzo de 2013

Cadáveres

El Roto, en El País, lo tiene claro.
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 21 de marzo de 2013

Y ahora hablemos de otra cosa. Llevamos un mes atrapados en una historia de traiciones y venganzas, intrigas y chantajes, presiones, amenazas, y aburre vivir tanto tiempo en la tormenta.

Dejémoslo. Están fuera de la realidad. Están ciegos de ambición. Están llenos de rencor. Y miden mal.

No. No habemos de manteos. No hablemos de bastones, ni de apretones de mano. No hablemos de pactos bajo cuerda, de reuniones que tienen lugar a cien kilómetros de la ciudad, para que nadie se entere. Hoy no.

Hoy tenemos que hablar de otra cosa. Y ya sé que parece que el invierno no se acabe nunca. Es la crisis. Y los malos gobernantes, marionetas del dinero y de la nueva canciller de hierro. Prisioneros de las cifras, que deshumanizan, y de la lógica perversa del capitalismo, que no entiende de derechos, sino de oportunidades de negocio.

Ya sé que son las viejas formas de hacer política, la lacra del clientelismo, que lo contamina todo.

Por eso, salgamos de una vez del lodo. Nos han metido otra vez en el mismo charco. A todos.

Y es hora de reinventarnos. Si alguien tiene un cadáver en el armario, que lo entierre y que deje el despacho. El olor nos está mareando a todos.

Aquí también vive gente cabal. Ponferrada es algo más que sus alcaldes. Así que dejemos de sentirnos culpables. Dejemos de hablar de ellos a todas horas. Dejemos de avergonzarnos por lo que hacen y lo que no hacen, porque digan digo donde dijeron Diego.

Y hablemos de nosotros. Hablemos de las herramientas que tenemos. De lo que podemos hacer para cambiarlo.

Hablemos de las opciones que nos dejan.

Y si no podemos hacer gran cosa hasta dentro de dos años, no nos olvidemos.

Y si dentro de dos años tampoco encontramos caras nuevas que apuesten por un cambio de verdad, votemos en blanco.

Porque si volvemos a confiar en los de siempre, si no les obligamos a renovarse, en Ponferrada y en todas partes, tendremos lo que nos merecemos. Y nos pudriremos con ellos.

martes, 19 de marzo de 2013

Los oficios de Samuel Folgueral


El nueve de Cruyff. Con diez años, Folgueral dormía con ese número
 cosido al pijama


PERFIL
Diario de León. Martes 19 de marzo de 2013

Escucha a The Cure. Tiene una perra que se llama Clotis. Estudió hasta quinto de Primaria en la escuela de su madre. Y en la temporada 1973-74, el primer curso de Cruyff en el Barça, dormía con un pijama que, gracias a la pericia con la Singer de su abuela Obdulia, llevaba cosido a la espalda el número nueve de la leyenda holandesa del fútbol. El nuevo alcalde de Ponferrada no siempre dijo que sí a la política y a sus pactos. De hecho, hace ahora una década, cuando escuchó los primeros cantos de sirena del PSOE sin haber cumplido los cuarenta años, le dijo que no a Charo Velasco.

«Eso de que me ofrecieron ser el número dos es un bulo», afirmaba Samuel Folgueral a este periódico unas horas antes de convertirse en regidor y desatar el terremoto político que le ha llevado a anteponer la alcaldía a su militancia socialista. «Me preguntó si tenía interés en la política, pero no hubo una declaración expresa. Yo ya había colaborado con el PSOE como arquitecto y aunque lo agradecí mucho, ni lo valoré», matizó reconociendo que en el 2003 Velasco le sondeó. Si entonces no quiso entrar en política, ahora no ha querido salir del Ayuntamiento por la puerta falsa. El ‘no’ se lo ha dicho a Rubalcaba.


Tres tizas de sastre

Hijo de un capitán de la marina mercante que pasaba largas temporadas en el mar, nieto de un sastre que dibujaba patrones con una tiza en un local de la calle del Reloj, arquitecto, copiloto de rallies de asfalto, y alcalde después de un pacto con Ismael Álvarez —al que Velasco puso tantas veces en la picota— que ha dejado en la cuerda floja al propio Rubalcaba, a Samuel Folgueral le costó decidirse a entrar en política. Pero una vez tomada la decisión —en el verano del 2010 por fin dijo sí al PSOE, pero encabezando la lista— ha jugado a lo grande, aunque la sombra de Álvarez y su condena por acoso sexual amenace con marcar toda su trayectoria en el Ayuntamiento. «Siempre he hecho lo que he querido; no me siento frustrado por nada», decía hace dos años a otro medio. Y después de darse de baja en el PSOE para conservar la alcaldía, la frase va cogiendo eco.

Samuel Folgueral nació en un momento en que muchos niños todavía venían al mundo con ayuda de matronas o en sanatorios privados. El primer hijo del capitán Samuel Folgueral y la maestra Obdulia Arias lo hizo el 9 de octubre de 1963 en la clínica del doctor Freirías, muy cerca de la estación de ferrocarriles. Folgueral, que estuvo a punto de estudiar Filosofía, se siente a gusto pensando que la cercanía de los trenes le enseñó muy pronto que todo en la vida es pasajero. Los que le conocen bien, sin embargo, saben que si hay algo que le marcó desde muy temprano fue el oficio de su abuelo Nicanor y sus trazos de tiza sobre los patrones de sastre. «Mi madre dibujaba muy bien, y mi abuelo siempre estaba con las tizas sobre las telas», aseguraba el propio Folgueral para explicar su inclinación por la arquitectura.


Folgueral vivió en la calle del Reloj hasta 1970.
Foto: Wikipedia

El matrimonio Folgueral-Arias vivió con los abuelos paternos en la calle del Reloj hasta que Samuel, el mayor de cuatro hermanos, cumplió los siete años. Después se mudaron a lo que hoy es el barrio del Temple, donde Obdulia era la maestra de la Escuela Santa Catalina, en un descampado de tierra que por entonces se llamaba calle F-110 y que hoy, rodeada de edificios, lleva el nombre Nicomedes Martín Mateos. Lo recuerda uno de sus amigos de infancia, el hostelero Emilio Calleja, con el que Folgueral compartió sus primeros años de escuela. «Era un chico travieso. Buen estudiante. Y jugamos al fútbol en el campo de la Minero. Él era del Barça y yo del Madrid», contaba días atrás Calleja, que ha recuperado la amistad con Folgueral en los últimos años. «Ahora vamos juntos a ver a la Ponferradina. Y está al día», asegura Calleja.

Aquellos eran los años de Pirri y Zoco en el Real Madrid. De Rexach en el Barça. Hasta que llegó Cruyff, y la abuela Obdulia le cosió el número nueve de su ídolo en el pijama.

Orgulloso de su padre
Calleja recordaba que además del fútbol, Folgueral hablaba mucho de su padre.«Estaba orgulloso». Samuel Folgueral padre, que trabajó para distintas navieras, podía regresar a Ponferrada desde cualquier parte del mundo. Y eso también dejó huella en su hijo mayor. Cuando decidió estudiar arquitectura —un camino intermedio entre el deseo paterno de que fuera ingeniero y el de Samuel de estudiar Filosofía— lo hizo en La Coruña y no en Valladolid, donde le hubiera correspondido. «Yo tenía claro que quería ir a un sitio de mar», asegura el alcalde.

El arquitecto del PSOE
Casado con Manuela Sánchez, padre dos hijos —Mario de 17 y Samuel (Iago) de 11— Folgueral ya advertía el día antes de ser alcalde que su prioridad será el Ayuntamiento, pero no se alejará del todo de su despacho de arquitectura. Se ha reservado además la delegación de Urbanismo y Vivienda y entiende que no tiene por qué haber suspicacias. Conoce el oficio, aseguraba la semana pasada. Y eso, insistió, será bueno para el Urbanismo de Ponferrada.

Pero la cadena de Folgueral tiene sus contradicciones. Porque si la sastrería de su abuelo, la escuela de su madre y los barcos de su padre le llevaron a la arquitectura, y la arquitectura le ha abierto las puertas del Ayuntamiento, su nuevo ‘oficio’ de alcalde le ha cerrado ahora las del PSOE. 

Samuel Folgueral, un día antes del Pleno que le hizo alcalde de Ponferrada, a las
puertas dela antigua Escuela Santa Catalina, donde su madre le dio clase.
Foto. L. DE LA MATA

La negativa de Folgueral a dejar el cargo ha estado a punto de costarle el puesto al secretario de Organización, Óscar López, pero hubo un tiempo en que el arquitecto asesoraba a los portavoces socialistas municipales en cuestiones urbanísticas, desde Charo Velasco —a la que ayudó a diseñar su apuesta por la Ciudad de la Energía— a Fernando de la Torre —para el que elaboró un plan de movilidad. Folgueral llamó la atención de la corriente dominante en el socialismo local que en el año 2010 trataba de recomponer la agrupación y que hoy ha dejado el PSOE con él o se ha quedado huérfana en la ejecutiva local. «Yo no le conocía, pero me reuní con él y comprobé que era tal y como decían; una persona abierta, dialogante y de ideas muy progresistas», aseguraba el hoy concejal de Seguridad Ciudadana, Aníbal Fernández.

Folgueral tenía un perfil atractivo para el PSOE. En la biografía que por entonces distribuyó el partido, ansioso por ofrecer una imagen renovadora, se ponía énfasis en la afición por la velocidad de la nueva cara del socialismo. Porque entre el 2002 y el 2007, primero en un Seat Ibiza Cupra por las carreteras de Castilla y León y después en un Mitsubishi por las de toda España, Folgueral fue copiloto de Conrado Fernández y de Antonio Garrido. «El copiloto es la oficina del coche. Y el piloto es pericia y habilidad», decía el futuro alcalde un día antes de la tormenta política que se ha desatado en Ponferrada. Y parece que ya estuviera anticipando lo que se le venía encima.

jueves, 14 de marzo de 2013

No me hablen de otra cosa


Viñeta de un cómic de YSLAIRE


CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 14 de marzo de 2013
 
Al final han convertido a Nevenka Fernández en una sombra.
 
Cuando le preguntan al nuevo alcalde de Ponferrada por ella, responde que «ese es otro tema». Lo que importa es que Rubalcaba ha metido la pata por forzar su dimisión a destiempo y le ha faltado al respeto a los ciudadanos, dice un hombre que el 15 de abril de 2011 presentaba su candidatura electoral con todos los miembros de su lista firmando un pacto antitransfuguismo.
 
El ex alcalde reciente tampoco se avergüenza del apoyo que le dio a su antecesor antes y después de su condena por acoso sexual. De hecho, lo ha puesto como ejemplo de la ingratitud de quien un día fue su mentor político.
 
Y el ex alcalde anterior insiste en que ya ha cumplido su condena y que pagó con creces cuando dimitió como regidor. Dice que le están juzgando dos veces, pero nunca ha pedido perdón porque piensa que no tiene por qué hacerlo. Y no hay rehabilitación sin arrepentimiento.
 
Al final hay tanta gente en Ponferrada que no quiere que le pregunten por Nevenka, porque quedan en evidencia, que su nombre se puede convertir en un tabú, igual que su figura ya es una sombra.


Nevenka Fernández, en sus primeros meses como concejala.
Foto cortesía de L. DE LA MATA
 
A Nevenka la nombran, sobre todo, fuera del Bierzo, donde no entienden cómo un condenado por acoso sexual puede obtener cinco concejales y cómo hay tanta gente dispuesta a pactar con él argumentando que así le retiran de la política. Como si renunciando al acta de concejal, el ex alcalde renunciara también a llevar las riendas de su grupo.
 
Y me preguntan, fuera del Bierzo, qué está pasando en Ponferrada. Yo les digo que en la ciudad donde vivo hay gente que piensa que Nevenka fue una fantasiosa. Después me preguntan qué pienso yo al respecto. Y respondo que cuando una mujer dice que no, es no, y no importa todo lo anterior. Aunque ahora nos quieran hablar de otra cosa, ese sigue siendo el fondo de la cuestión.
 
Pero esto es política, dicen los tres protagonistas de la moción de censura si les mencionan a Nevenka. Aquí se está hablando de otra cosa. Y está claro que las matemáticas y la ética son asignaturas distintas.

Samuel Folgueral, con la solemnidad de un Papa, en sus primeros momentos como alcalde.
 (Foto de L. DE LA MATA)
 

jueves, 7 de marzo de 2013

Tres apretones


Así se estrechaban las manos en el Far West.

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 7 de marzo de 2013

Maradona metió un gol con la mano en un Mundial de fútbol y después se justificó. Dijo que no había sido su mano, que el gol lo había metido Dios. Y en Argentina lo convirtieron en un héroe.

Las manos tienen mucho que decir. De hecho, lo dicen todo de nosotros. Uno puede hacerse a la idea de qué clase de persona tiene enfrente por la forma en que le estrecha la mano. Si aprieta demasiado, quizá estemos ante un carácter avasallador, que deja poco espacio para el diálogo. Si aprieta muy flojo, podemos encontrarnos ante alguien que miente. Y que esconde su mentira en la falta de pulso.

He estrechado la mano de los tres implicados en la moción de censura que mañana puede cambiar el nombre del alcalde de Ponferrada después de entrevistarles. No voy a revelar aquí quién de los tres apretó más fuerte. Ni si alguno de los tres flojeó. Prefiero hablarles de cómo se han estrechado las manos entre ellos.

Ismael Álvarez y Carlos López Riesco, que le había defendido durante el caso Nevenka, se dieron la mano cuando el primero dimitió y el segundo le relevó al frente del Ayuntamiento. Está claro que aquel apretón no debió ser demasiado fuerte.

De alguna forma, Carlos López Riesco le estrechó la mano a Samuel Folgueral a comienzos de este mandato. La idea de aquel apretón era que el PP gobernara en minoría y negociara cada asunto con el primer partido de la oposición. Pero en vista de lo que ha sucedido, no es aventurado deducir que el estrechón ha sido todavía más flojo que el anterior.

Y finalmente, Samuel Folgueral ha completado el triángulo de apretones estrechando la mano de Ismael Álvarez ante los fotógrafos. Folgueral ha dicho que no era su intención, pero Ismael Álvarez estaba allí al lado. Y que el ex alcalde tiene un pie fuera del Ayuntamiento.

Está claro que los dos le quieren meter un gol con la mano a Riesco. Y de paso, se lo quieren meter entre ellos. Mañana veremos si Riesco es buen portero, y viendo venir el balón, ha sido capaz de meter la mano en el último momento y desviar el esférico fuera del campo.
 
 
Mundial de 1986. Maradona le mete un gol con la mano a Peter Shilton
en el Inglaterra-Argentina. Foto ALEJANDRO OJEDA
LAS TRES ENTREVISTAS

ISMAEL ÁLVAREZ. Diario de León, 27 de febrero de 2013

SAMUEL FOLGUERAL. Diario de León, 28 de febrero de 2013

CARLOS LÓPEZ RIESCO. Diario de León, 1 de marzo de 2013

Y ESTE CUARTO CRECIENTE, LEÍDO EN FÓRMULA HIT BIERZO.

viernes, 1 de marzo de 2013

Al acecho


Del blog, www.antipoemas.blogspot.com


CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 28 de febrero de 2012

Ponferrada es una ciudad donde a la gente le cuesta dejarse fotografiar si hay que opinar del ex alcalde, Ismael Álvarez.

Ya lo era hace once años, cuando Álvarez dimitió por primera vez en medio de un aluvión de críticas socialistas, después de ser condenado por acoso sexual. Y seguramente lo seguirá siendo dentro de dos años más, cuando las urnas nos convoquen a todos para votar un nuevo alcalde. No es tiempo suficiente como para que desaparezca ese miedo.

Dice la escritora y periodista Noemí Sabugal, que ayer por la tarde presentaba en León su novela Al acecho, que la sospecha «es una flor salvaje que prende en cualquier suelo». Y está hablando de Madrid en 1936, «una ciudad llena de hombres con pistolas en los bolsillos».

Portada de la novela de Noemí Sabugal. Premio Felipe Trigo

En Ponferrada no llegamos a tanto. El tiempo nos ha vuelto más civilizados. Pero también vivimos entre sospechas.

Nadie quiere hablar más de la cuenta en la calle. No todos se atreven a decir lo que de verdad piensan en el PSOE. Y en un PP dividido, donde todos están al acecho, se impone lo políticamente correcto.
El día 8 de marzo —Día Internacional de la Mujer como bien se ha señalado— el Pleno del Ayuntamiento de Ponferrada votará una moción de censura pactada por el PSOE con Ismael Álvarez para desalojar del gobierno al popular Carlos López Riesco, que fue su delfín. Más de uno ya define el acuerdo como un pacto con el diablo. A alguno le parece una comparación exagerada. Otros siguen viendo en Álvarez, que ha prometido dimitir por segunda vez después del Pleno, una suerte de Maquiavelo, maestro de la conspiración. O un remedo del Conde de Montecristo, ejecutando su venganza.

A nadie se le escapa, sin embargo, que lo que está sucediendo estos días en Ponferrada es un buen ejemplo de aquella frase tan manida, pero tan cierta, que dice que la política hace extraños compañeros de cama.

Y hay otra frase, igual de manida, igual de cierta, que advierte; quien a hierro mata, a hierro muere. No hablo de espadas, claro. Como mucho me refiero al filo de los labios, que también son peligrosos en una ciudad donde demasiada gente se ha puesto en guardia.



Y ESTE CUARTO CRECIENTE, LEÍDO EN FÓRMULA HIT BIERZO.

jueves, 28 de febrero de 2013

El perseguidor

 Hace dos años y medio de este artículo. Lo dejo aquí porque me parece que sólo ha envejecido un minuto y medio...

Del blog www.alejandragallero.blogspot.com

CRÓNICAS BERCIANAS
Diario de León. Lunes 6 de septiembre de 2010

Recuerdo la cara desencajada de Nevenka, la rueda de prensa, la sorpresa mayúscula, el libro de Juan José Millás en el hipermercado, el juicio, los comentarios (machistas) del fiscal, la gente que se frotaba los ojos, incrédula, la gente que se frotaba las manos, la gente que se tapaba los ojos y los oídos, porque no quería escuchar, sólo mirar para otro lado. Y la gente como yo, que teníamos que escribir de ello.
 
Recuerdo la voz de Ismael Álvarez, anunciando su dimisión después de ser condenado por acoso sexual. Un temblor recorrió la ciudad, claro. Recuerdo el espectáculo en que se convirtió todo. No lo he olvidado.
 
Yo fui de los que dije, y aquí lo escribí dos veces, que Ismael Álvarez debía dimitir para no sentar a toda la ciudad en el banquillo. Todavía hay lugares de España donde asocian el nombre de Ponferrada con aquello. Cuando digo de donde vengo, no aparecen los pimientos, ni el vino, ni el botillo, ni el castillo, ni siquiera la Ponferradina y sus ascensos. Simplemente me preguntan qué pasó con Nevenka. Y no sé qué decir.
 
No sé donde estará Nevenka. No sé que estará pasando por su cabeza. No sé qué pensará si se entera de que el ex alcalde se presenta a las elecciones para acabar con la apatía que observa en el Ayuntamiento donde dejó a su delfín, Carlos López Riesco, y para mejorar su salud mental. Como si el Ayuntamiento fuera una terapia y las elecciones, un plebiscito donde ganar la absolución que no le concedieron los jueces.
 
Ismael Álvarez hizo cosas muy necesarias en Ponferrada. Abrió la avenida de Pérez Colino, un lugar donde crecían las zarzas, corrían las ratas y verdaderamente se sentía la apatía de una ciudad en la que nunca pasaba nada. Retiró la montaña de carbón y nadie se acuerda hoy de la polémica que rodeó aquella operación por la que quiso ser recordado. Abrió el polígono de La Llanada, comenzó a recuperar el castillo, apostó por la ordenación del río, y se ganó muchos enemigos que le reprochaban su populismo.

Después de oírle decir que quiere recuperar la alcaldía que dejó hace ocho años, convencido de que estaba siendo víctima de una operación para desacreditarle, Ismael Álvarez empieza a recordarme al personaje de un cuento de Cortázar; el jazzman Johnny Carter, que cuando tocaba el saxo o recordaba su infancia, tenía la sensación de que vivía quince minutos concentrados en un minuto y medio. El cuento se titula El perseguidor y la sensación que tengo en este caso es que en el tiempo que ha pasado desde su salida del Ayuntamiento, el ex alcalde sólo ha vivido un minuto y medio mientras todos los demás hemos seguido corriendo.

viernes, 1 de febrero de 2013

Leche de cabra



Memorias editadas por Helena Fidalgo

 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 1 de noviembre de 2012
 
Francisco Puente Falagán, el primer alcalde de Ponferrada durante la Segunda República, nació en San Román de Bembibre en 1897 y fue uno de los últimos hijos de un matrimonio que perdió a la mitad de su descendencia. Puente cuenta en sus memorias —recuperadas por Helena Fidalgo Robleda y la editorial Lobo Sapiens— que su madre, enferma, tuvo que dejarle a cargo de otra mujer que también acababa de dar a luz para que le amamantara, pero que después de un mes en brazos extraños, su estado era tan famélico, su aspecto tan demacrado, que se lo llevaron de vuelta a casa y sólo pudo salir adelante gracias a la leche de una cabra.
 
Eran otros tiempos.
 
En 1931, Francisco Puente Falagán, maestro cantero de profesión, socialista autodidacta, como muchos hombres que en aquellos años querían cambiar las cosas, fue elegido alcalde de Ponferrada en unas elecciones democráticas. Hombre honesto hasta el extremo en un periodo de la historia de España lleno de fricciones, chocó de frente contra los poderes fácticos de la vieja Minero Siderúrgica de Ponferrada, que siempre fue un obstáculo para el desarrollo urbanístico de la ciudad, de las empresas mineras de la época, que no pagaban el canon, o de la Iglesia, que vio como el cementerio se convertía en propiedad municipal, y fue apartado de la alcaldía sólo un año después de tomar posesión para defenderse de una ridícula acusación de malversación de fondos de la que finalmente fue absuelto.
 
Francisco Puente Falagán.
 
Puente Falagán no recuperó la alcaldía. Sólo unas semanas antes del estallido de la guerra civil, y cuando ser alcalde era una patata caliente en medio de la crisis del Frente Popular, le ofrecieron de nuevo el sillón de regidor. No lo aceptó.
 
Sí lo hizo su amigo Juan García Arias, que duró un mes en el puesto y terminó fusilado. Y es posible que él mismo se salvara de un final parecido porque era un hombre ciego.
 
Al final de su vida, Puente Falagán dictó sus memorias a sus hijos y a sus nietos. El texto mecanografiado empieza, claro, en su infancia. Y empieza fuerte. Empieza con un cabra que alimenta a un niño famélico.
 
Pero eran otros tiempos.

jueves, 19 de abril de 2012

La riada


El río Sil, desde el puente de La Puebla en Ponferrada. Acuarela de NICOLÁS SOLANA


CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 12 de abril de 2012


En el año 1696, la riada estuvo a punto de llevarse por delante el viejo puente de La Puebla. El Sil bajaba sin gobierno y sin escolleras, sin una presa que regulara su caudal, y el viejo puente de piedra, construido sobre la estructura del antiguo puente de hierro medieval —aunque de hierro, seguramente sólo tuviera las cadenas que cerraban el paso a los arrieros que no pagaban el portazgo— tenía un vano demasiado pequeño para dejar pasar toda la crecida de las lluvias.

Como el puente era un obstáculo para el río y un peligro para los caminantes, los ponferradinos decidieron construir uno nuevo, más grande, más ancho, más alto. Y ese es el puente que unió las dos orillas de la ciudad hasta 1961, cuando una nueva reforma le ensanchó el tablero para darle más fluidez al tráfico.

Lo cuenta Vicente Fernández en un libro monumental. Más de ochocientas páginas sobre las construcciones civiles, religiosas e industriales de Ponferrada y sobre la mentalidad de los hombres que las levantaron. Ponferrada, dice el historiador, es «una ciudad que se ha hecho a sí misma» porque la mayor parte de su patrimonio lo han financiado y lo han edificado sus propios habitantes. Por eso ha crecido cuando otras poblaciones de su entorno con más historia se quedaban atrás.

Uno de los iconos contra los recortes en Educación.


No parece mal ejemplo, ese espíritu que Tito Fernández encuentra detrás de las piedras de Ponferrada, de sus gentes y de su historia, ahora que se nos echa encima otra riada ingobernable y no hay escolleras presupuestarias ni reformas constitucionales que la encaucen.

Es la crecida de los mercados, tan voraces que no entienden de recortes, del río revuelto de la prima de riesgo, que asusta tanto al Gobierno que Rajoy está dispuesto a rebasar todas las líneas rojas con tal de permanecer en el euro y evitar que la Unión Europea nos intervenga.

Y si es verdad que estamos con el agua al cuello, que la riada es tan grande que ni siquiera los pilares de la Sanidad y de la Educación están a salvo, quizás ha llegado el momento de derribar el puente viejo, que tanto nos aprieta, y construir uno nuevo, más alto, más grande, que nos libere de los especuladores. Antes de que el río nos lleve.

jueves, 16 de febrero de 2012

El gueto

Detrás de las banderas...

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 16 de febrero de 2012


Franco está en el congelador. O mejor dicho, en el frigorífico de los refrescos. Después de que lo haya juzgado la historia, al dictador que gobernó España con mano de hierro durante cuarenta años lo ha metido en la nevera el escultor Eugenio Merino y se lo ha llevado a la feria de arte Arco.

Franco, el de Merino, cuesta 35.000 euros y está hecho de silicona y cabello humano. Y como la máquina de refrescos no tiene espacio para toda su grandeza, el Generalísimo de los Ejércitos aparece en cuclillas y con los brazos cruzados.

Dice el escultor que metiendo a Franco en el frigorífico ha querido simbolizar que el Caudillo está vivo de una manera alegórica. Y yo creo que la alegoría es otra. Franco, el jefe del Estado, el general sublevado con la ayuda del nazismo alemán y del fascismo italiano, el hombre que estrechó la mano de Hitler en Hendaya, el general que desfilaba bajo palio como los santos, la figura, al fin y al cabo, que ha encarnado a todos los demonios de una generación de españoles silenciada por la terrible represión de la posguerra, ya no reposa en el Valle de los Caídos, no. Franco ocupa ahora, por más que el diccionario de la Academia de la Historia se empeñe en dulcificar su legado, el lugar de las cocacolas.


Franco, presente en Arco. (Foto wventv.com)

Y un Franco tan banal no puede significar otra cosa que su obra está más que superada, aunque sus últimos coletazos todavía se puedan llevar por delante a un juez tan mediático como Garzón.

Envidio a Eugenio Merino, qué gran provocador. Si yo fuera escultor como él, también metería otras cosas en el congelador. Desde la reforma laboral, que nos desprotege frente al empresario y convierte el empleo en un privilegio, más que un derecho constitucional, hasta el brote de xenofobia que estos días recorre Ponferrada y que injustamente asocia la violencia con lo latino después de que la enésima pelea en el barrio del Temple dejara un muerto tendido en la calle.

Y en algo habremos fallado todos, como sociedad me refiero, si entre las vías y el parque del Temple, entre el instituto Europa y la estatua ecuestre, ha crecido en los últimos años un gueto peligroso, demasiado grande y demasiado volcánico como para meterlo ahora en un refrigerador.