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lunes, 5 de enero de 2015

El final de la crisis

George Bush, vestido de piloto en el portaviones Abraham Lincoln.
 FOTO: Larry Dowing (Reuters, tomada de El Universal)
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 18 de diciembre de 2014
 
Les aseguro que lo intento. Igual que a Luis Enrique, el entrenador del FC Barcelona, le ha recomendado el médico que no lea las críticas negativas después de los partidos, yo me he propuesto escribir menos de Mariano Rajoy. Es una cuestión de salud mental. De no vivir en el cabreo permanente. Pero es que el presidente del Gobierno es una caja de pandora. Abres la tapa y sólo aparecen tormentas.
 
Rajoy anuncia medidas contra la corrupción, como aumentar la plantilla de jueces, y resulta que detrás de todo se esconde una maniobra, ya les he hablado aquí de ello, para sacar a concurso la plaza de un magistrado incómodo como Pablo Ruz y apartarle de la instrucción del caso Gürtel, que tanto daño le puede hacer al PP en año electoral.
 
Rajoy anuncia medidas contra la corrupción, sí. Pero en lugar de aumentar la plantilla de policías, como piden los jueces, el Ministerio del Interior destituye por tercera vez en esta legislatura a uno de los principales comisarios que investigan las tramas ocultas. Y vuelvo a citar al periodista Ignacio Escolar, que está dejando frases antológicas para explicarnos lo que ha pasado con el relevo de José Luis Gudiña al frente de la Brigada Central de Investigación de Blanqueo de Capitales y Anticorrupción: "Cuando al PP no le va bien con un juicio, no sólo cambia de juez; también de policía".
 
Pero para antológicas, las frases con las que nos premia Rajoy. Ya desde los "hilillos de plastilina" que se desprendieron del Prestige y que se convirtieron en una marea negra de 125 toneladas de fuel diarias, el entonces ministro de Aznar prometía. Sus sms a Bárcenas como presidente del Gobierno -especialmente ese "hacemos lo que podemos" que ahora adquiere todo su significado-, le habrían costado el cargo si viviéramos en un país con mayor tradición democrática.
 
Y ahora ha dicho que "la crisis es historia del pasado". Es oficial. Y la frase me recuerda a la que pronunció George Bush en la cubierta del portaviones Abraham Lincoln y vestido de piloto, cuando anunció el final de la Guerra de Irak. Aquella campaña de 2003 la llamaron Operación Libertad Duradera. Y desde entonces no han dejado de matarse.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Involución

Así anunciaba The Economist uno de sus reportajes sobre la economía española
 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 26 de diciembre de 2013
 
Pienso en todo lo que ha cambiado este país en el último año y no lo reconozco. Hoy tenemos menos derechos y menos libertades que hace doce meses. Y no ha estallado ninguna revolución.
 
Tenemos sueldos más bajos. Impuestos que gravan el consumo. Copago sanitario. Menos becas, matrículas más caras, universidades que se van convirtiendo en coto cerrado de quienes pueden pagarse una educación superior y que ahora tendrán menos rivales a la hora de competir por los empleos mejor remunerados. Subvenciones para colegios concertados que separan a los niños de las niñas. Colegios públicos que piden dinero a sus alumnos para pagar las fotocopias. O racionan la calefacción.
 
Tenemos empleos más precarios, despidos más baratos con la excusa de flexibilizar el mercado de trabajo. Tenemos seis millones de parados. Empresas sin crédito. Bancos sin ética que estafan a sus clientes más ancianos. Una Justicia alejada de los bolsillos vacíos.
 
Tenemos al jefe del Estado cuestionado, entre safaris y operaciones de cadera. Tenemos a la infanta rozando la imputación y a su marido con un pie en la cárcel. Tenemos al presidente del Gobierno asediado por el tesorero de su partido, que está en prisión, y la sospecha de que el dinero negro y las donaciones de empresarios en busca de favores han sido una práctica constante.
 
Tenemos jueces sin medios parra llegar a fondo de la corrupción. Demasiadas manos sucias. Y una manta de enorme de clientelismo y complicidades que lo tapa todo.
 
Y tenemos, finalmente, menos libertades. Un gobierno que no se siente aludido cuando la gente se queja y que ha pasado de dar la callada por respuesta a promover una Ley de Seguridad más restrictiva y recuperar el camión botijo. Ya es mala suerte que una de las pocas promesas que van a cumplir convierta en delito el derecho de la mujer a decidir si quiere continuar con un embarazo.
 
Y lo peor de todo es que vivimos otra vez acomplejados. Nos quieren hacer creer que la crisis es culpa nuestra. Si lo consiguen, habrán culminado la mayor involución que ha sufrido nuestro país desde la victoria de Franco.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Rajoy y la ballena blanca


El capitán Ahab. Ilustración de ROCKWELL KENT para Moby Dick.

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 5 de septiembre de 2013

Imagínense que Rajoy es un arponero y la deuda pública una enorme ballena blanca a la que lleva persiguiendo dos años por medio mundo. Y que cada intento de caza sólo haya servido para alimentarla con los cuerpos de los desdichados marineros que componían la tripulación del ballenero.
 
En las tripas de la ballena se han quedado el cocinero de a bordo, el segundo oficial, el contramaestre y el sobrecargo, dos arponeros que aprendían el oficio y que pecaron de imprudentes, otros tres más veteranos, que se confiaron demasiado, cuatro grumetes, que apenas sabían lo que era el mar, seis remeros de brazos poderosos, el timonel del bote y hasta un gaviero que se subía a los masteleros para desplegar las velas y que también participó en la cacería cuando escabechina del leviatán diezmó a sus compañeros.
 
 
Ilustración de ROCKWELL KENT
 
 
Así que tenemos una ballena que se ha hecho más grande y más fuerte, y que amenaza con devorar el boter donde el capitán Mariano ha decidido empuñar personalmente el arpón. Para colmo, un huracán llamado Bárcenas ronda la zona y Rajoy debe cazar a la bestia antes de que la tempestad le salpique.
 
Es un duelo de testarudos. La ballena blanca ha demostrado que es inteligente y rencorosa. Esquiva los arpones con facilidad y a la mínima ocasión se traga a los arponeros, a los remeros, a los grumetes, a los gavieros reconvertidos en remeros, al timonel, y al cocinero reconvertido en timonel.
 
Pero con Rajoy es diferente. Rajoy aguarda su oportunidad. Persevera. Y cuando la ballena se descuida, le clava el arpón. El animal coletea, enloquece, se desangra y muere. Y se hunde en el océano dejando un remolino de deuda amortizada.
 
Ilustración de ROCKWELL KENT
 
Rajoy regresa al barco, orgulloso. Pero su sorpresa es mayúscula cuando descubre que el ballenero no está. Mientras luchaba con la ballena del déficit, un cachalote asesino lo ha embestido a traición. Y la nave se ha ido a pique. "¿Quién ha sido, Soraya?", le pregunta a la única superviviente. "El paro, Mariano, el paro", le responde la pobre mujer, cariacontecida y aferrada a un triste flotador.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Dentro de cuatro minutos

El tiempo en las manos. Del blog www.danyelon.wordpress.com
 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 16 de agosto de 2012
 
Tengo un reloj en el pasillo de mi casa. Alguno pensará que estoy obsesionado con el tiempo, siempre hablando de relojes. Me da igual. El tiempo es una invención del hombre y los relojes no miden nada. Quizá por eso, y porque nunca le he puesto pilas, el que tengo en mi casa nunca se había movido de las doce.
 
El reloj está colgado en la pared, como en las estaciones, y es lo primero que ven los invitados cuando cruzan la puerta, o los vecinos curiosos, o el cobrador del gas, el de la luz, el del frac... Miento. Nunca he tenido al cobrador del frac en la puerta de mi casa. Mientras no me falle la nómina, voy pagando mis deudas y tengo domiciliada la luz, el gas, la hipoteca, la letra del coche (no, esa ya la pagué), el crédito que pedí cuando compré las cortinas y cambié los armarios, y la comida del perro, no saben cómo traga.
 
Así que tengo mis cuentas en orden y el reloj de dos esferas que decora el pasillo de mi casa sin pilas. Y por eso, porque nunca ha medido nada, me asustó tanto lo que descubrí hace un rato. Yo salía del piso con las llaves en la mano y miré hacia el reloj. La esfera que se ve desde el interior del pasillo marcaba las doce, como siempre, y no le hice mucho caso, pero cuando estaba a punto de llamar al ascensor, recordé que había olvidado al perro y di la vuelta.
 
Giré la llave. Abrí la puerta. Y ante mí, la esfera que se encuentran los invitados, los vecinos curiosos y los cobradores de facturas sin domiciliar, no marcaba las doce. No. La aguja más grande, la de los minutos, se había movido y señalaba las doce menos cuatro minutos.
 
Me quedé pasmado. Sonó el teléfono. Eran del banco. Me querían ofrecer otro crédito para amueblar el baño. Les dije que no, claro. No encontré al perro en toda la casa y bajé a la calle a buscarlo. En el ascensor, una vecina hablaba con su marido de cambiar el coche. «Ya tiene seis años», le decía. En el portal, el mismo agente inmobiliario que me vendió el piso -yo le creía en el paro- le iba diciendo a un comprador que el ladrillo nunca baja. Y en el parque, después de cansarme de buscar al perro, me senté en un banco y leí el titular de un periódico en el quiosco. «Zapatero anuncia en el Congreso que congela las pensiones y baja el sueldo a los empleados públicos», ponía. «El presidente asegura que el recorte será gradual para no comprometer la recuperación económica». Y miré la fecha horrorizado: 12 de mayo de 2010.
 
Eso fue hace un rato. Ahora estoy sentado debajo del reloj, en el pasillo de mi casa. He movido a mano las agujas de la esfera que da a la puerta y marcan las doce y cuatro. Y estoy esperando a que suene el teléfono. O ladre el perro que me regalaron el año pasado. A ver si escampa.