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jueves, 14 de febrero de 2013

Mascaradas

Dibujo que el argentino MARCELO MARCHESE subió el año pasado a las
redes sociales para ilustrar un conflicto minero en Mendoza. En todas partes cuecen habas

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 3 de enero de 2013

Estuvieron 52 días en el pozo. Durmiendo con la humedad. Y no sirvió de nada.

Cincuenta y dos días son siete semanas y media en la penumbra del travesal caleyo sur, a 25 minutos en vagoneta de la boca de la mina. Allí dormían en sacos, colgaban la ropa para salvarla de la humedad, mataban las horas bajo la luz artificial, y trataban de conservar la salud y la cabeza mientras le echaban un pulso al Gobierno para que renunciara a recortar las ayudas al sector minero. Pero no sirvió de nada.

El pozo Santa Cruz está cerrado. Los últimos 32 miembros de su plantilla ya sólo trabajan para desmantelarlo y aquellos ocho mineros —otros cinco les relevaron— reconocen seis meses después que perdieron el pulso, que fue una derrota. La última, quizá.

Los convertimos en héroes. Nosotros, los periodistas. Sus familiares. Sus vecinos. Sus compañeros. Dieron la cara por todos, en primer lugar por el empresario. Y ahora sufren un expediente de regulación de empleo que en el mejor de los casos los mantendrá seis meses en el paro. Eso si les queda algún pozo abierto donde recolocarse.

Hace unos días, y a las puertas del pozo donde trabajaron y donde permanecieron —lo diré otra vez— 52 días encerrados, tres de aquellos hombres reconocían que el Gobierno les dobló el brazo. Que los políticos y los sindicatos les abandonaron. Que su encierro, y mira que fue largo, no sirvió de nada.

O habría que decir que no sirvió de nada de lo que pretendían; salvar la explotación donde trabajaban, el futuro del sector minero, con cien años de historia, las condiciones laborales de unos trabajadores que hace tiempo que ya no ganan aquellos sueldos que tanto atraían a los foráneos.

Sirvió al menos para dejar en evidencia a los sindicatos, trasnochados. Para quitarle la careta a más de un parlamentario fiel a sus siglas antes que a su territorio. Y para desenmascarar definitivamente al empresario, que ha pasado de manifestarse con sus mineros en Madrid, incitándoles a la huelga, a bajarles los sueldos. A dividir a quienes eran compañeros. A seguir cerrando pozos. Porque la culpa de todo es del Gobierno.

lunes, 27 de agosto de 2012

Relojes parados

Bodega de Joaquín Lence en Cacabelos. Los relojes, sobre la repisa.
(Foto del autor de este blog)

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 2 de agosto de 2011

Joaquín Lence tiene una hilera de relojes en su bodega de Cacabelos. El lugar donde sirve vino blanco de cosecha es un antro oscuro, lleno de telarañas, una foto de Franco, un cartel de Lenin en la misma pared, un ataúd para que lo entierren cuando muera, y una calavera que parece de verdad.

Ya les hablé de Joaquín y de su bodega hace unos días, en otro hueco de este periódico, así que no me repetiré explicándoles quién es, qué hace, por qué encuentra respuestas para todo y de dónde le viene esa extraña lucidez con la que responde al forastero cuando el humor le acompaña. Les recomiendo que se dejen caer por Cacabelos y pregunten por él. Y les desafío, además, a descubrir su misterio, a ver si tienen más suerte que yo.

Joaquín Lence es de carne y de hueso, aunque a ratos no lo parezca, pero la bodega que regenta en una calleja de Cacabelos —y aquí es donde quería llevarles— parece salida de un cuento de Borges. O de Cortázar. O de Lovecraft. O de Poe. O de todos ellos a la vez.

Y me lo parece por esa hilera de relojes quietos. Relojes sin cuerda, cubiertos de polvo, sobre un mueble desgastado en la penumbra de la bodega, que despertaron mi curiosidad. «Eran de mineros», me dijo Lence cuando le pregunté hace unos días. «Y como ellos, están parados».

Mientras les escribo estas líneas, los mineros, o más bien su patronal y sus sindicatos, están negociando con el Gobierno el final de una huelga de dos meses. Sesenta y seis días de conflicto por los recortes en las ayudas a las empresas, con una Marcha Negra por el medio que encendió la mecha de las protestas de otros sectores cuando llegó a Madrid, con cortes de carretera y cargas de antidisturbios y relevos de mineros encerrados en el pozo de Santa Cruz. 

La Marcha Negra dejó su propia cartelería.

Al final, lo que parecía una guerra de guerrillas ha sido una guerra de desgaste. Y mucho me temo que la parte que más se ha desgastado —ahora que el Gobierno ha decidido reabrir el diálogo reconociendo como interlocutor a la Comisión de Seguimiento del Plan del Carbón, a la que había estado ninguneando— es la de los mineros, los que caminaron a Madrid en medio del verano, los que estuvieron y todavía están encerrados en un pozo, los que arrancaban quitamiedos en las autovías para interrumpir el tráfico y lanzaban piedras a los antidisturbios.

Mucho me temo que el mayor desgaste también es el de sus esposas y el de sus hijos, que han estado a su lado.

Mucho me temo que una vez más, como ya ha sucedido otras veces, de la mesa de diálogo sólo salga un apaño para que unos y otros salven la cara, empezando por la clase política que dice representarnos. Y la única realidad es que los relojes de la mina seguirán parados, cubiertos de polvo en la penumbra de un despacho. Y nadie les va a dar cuerda.


Otro cartel de una protesta emotiva que no conmovió a nadie en La Moncloa


LAS AGUJAS DE LOS RELOJES


Entre el momento de publicar está opinión en Diario de León y recopilarla en este blog, han pasado 25 días. Al escribir esta nota, un 27 de agosto de 2012, la huelga ha terminado, el Gobierno no sólo mantiene los recortes en las ayudas a las empresas, sino que ha decidido recortar también la producción. Los relojes de la mina no están parados. Están yendo hacia atrás...

miércoles, 25 de julio de 2012

El falso nueve

Otro España-Italia, cuando el fútbol empezó a ser deporte de masas

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves, 5 de julio de 2012

Tenemos a los mineros de la Marcha Negra en Arévalo. Y al ministro de Industria enrocado en los recortes.

Tenemos un encierro en Vitro Cristalglass. Y al consejero de Economía diciendo que no puede hacer más por la empresa de cristal porque su dueño no tiene voluntad de seguir adelante.

Tenemos un ERE en Roldán, la acerera. Tenemos a la cementera de Cosmos quemando biomasa. A la gente volviendo la vista al campo, pensando en plantar tomates para no tener que ir al supermercado a comprarlos.

Tenemos una industria eólica diezmada. El proyecto de una macroempresa cárnica que no acaba de arrancar en Cubillos. Y una burbuja inmobiliaria reventada en pleno barrio de La Rosaleda.

También tenemos un alcalde violentado en la terraza de un bar. A la presidenta de la Diputación desalojando a los mineros del salón de plenos porque no se callan. No. No se aguantan. Y los nervios cada vez están más crispados.

Tenemos un senador expedientado, no por romper la disciplina de voto, sino porque en su partido consideran que se ha jactado de ello.

Tenemos dos senadores más, disciplinados, y tres diputados. No, no los tenemos. Los tiene el PP en realidad. Porque al final es a quien representan.

Tenemos cortes de carreteras. Antidisturbios peinando los montes. Mujeres organizando sentadas nocturnas, iluminadas por velas.

Y tenemos, no lo olvidemos, a siete mineros encerrados en un pozo. Llevan un mes y medio bajo tierra. Eso son seis semanas. Cuarenta y cinco días. No me atrevo a sumar las horas que son. Son demasiadas. Es demasiado todo lo que está pasando en el Bierzo este verano. Y quienes tienen en su mano hacer algo para remediarlo no están haciendo nada.

Ya puede arder Valencia, que hay quien no se pierde el último partido de la selección. Porque eso es lo único que tenemos: la Ponferradina en Segunda División. Un falso nueve que nos está marcando todos los goles sin saltar al campo. Y la urgente necesidad de levantar cabeza. Porque no tenemos a nadie, salvo nosotros mismos, que nos ayude a salir de esta.

miércoles, 18 de julio de 2012

Carbón y circo

Pintura de MANUEL L. ACOSTA
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 14 de junio de 2012

No soy socialista. No soy popular. No soy comunista. No soy nada, la verdad. Sólo un periodista que está deseando decirle lo que piensa.

Y pienso, señor Rajoy, que el domingo pasado ofreció usted una imagen lamentable. Pienso que podía haber visto el fútbol en su casa, o en La Moncloa, donde nadie pudiera fotografiarle cantando el gol de la selección española en el partido inaugural de la Eurocopa estando la banca intervenida, cinco millones largos de personas en el paro, y los mineros en la calle, y en las carreteras, y en el pozo, y en un despacho de la Diputación de León, porque se quedan sin trabajo.

Alguien debería decirle, señor Rajoy, que el día del rescate de nuestros bancos, un presidente no puede comportarse como un forofo, afirmar que todo está solucionado con una «línea de crédito» y marcharse a Polonia para sentarse en un palco a disfrutar del espectáculo.


Rajoy canta el gol de Cesc. Tomada de http://www.elpais.com/
Foto de ALEJANDRO RUESGA

Está mal asesorado. Debería haber aceptado el casco que le dejaba en el Senado el oportunista de Iban García del Blanco. Debería haber escuchado lo que le decía, en vez de poner cara de póker. O cara de palo. O cara de estoy demasiado ocupado resolviendo los problemas del sistema financiero, no me venga usted con la monserga de los mineros.

No. No le importan los mineros. Y parece que tampoco los funcionarios. Ni los profesores. Ni los médicos de la Sanidad pública. Ni los periodistas a los que esquivó el otro día en el Senado. Parece que sólo le importen los bancos. Y coger un avión para no perderse la Eurocopa. Menos mal que no saltó de su asiento, señor Rajoy, como hicieron los príncipes cuando Cesc marcó el gol, porque la fotografía hubiera sido perfecta.

Aprenda a dar la cara, por favor, y no nos envíe a De Guindos para sacarle las castañas del fuego como Zapatero hacía con Rubalcaba. Aprenda a contarnos lo que pasa. Y deje de anestesiarnos con el fútbol, y con Roland Garros, y con la telebasura y los programas de cotilleos, mientras una nube de mineros recorren de noche las calles de León. Cada lámpara de sus cascos, señor Rajoy, es una estrella que alumbra más que sus palabras, aunque usted no quiera darse cuenta.

Y ahora que ya sabe lo que pienso, póngame el carné que más le guste.


domingo, 10 de junio de 2012

El entierro


La luz al fondo del túnel (desconozco al autor de esta fotografía)

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 31 de mayo de 2012

No hay neumáticos ardiendo. Ni llueven pelotazos de goma. Se escuchan algunos petardazos, pocos. Y no hace falta que los antidisturbios echen a correr detrás de los mineros en huelga. Basta que aparezcan en sus furgonetas para que el piquete levante el corte del tráfico en la Autovía del Noroeste sin mayores aspavientos.

Sucedió ayer en el acceso a la A-6 desde San Román de Bembibre, un punto sensible donde confluyen todas las huelgas del carbón. Durante dos horas y tres cuartos, dos centenares de mineros del Bierzo Alto y de la cuenca de Fabero-Sil, los más concienciados de entre los últimos que quedan en el tajo, se plantaron en el asfalto para hacer lo que hacían sus padres cuando veían que su futuro estaba en el alambre: cortar la carretera.

A los cinco minutos de interrumpir el tráfico, comienza la liturgia de todas las huelgas mineras. «Yo los apoyo a muerte», dice un trabajador del servicio de mantenimiento de la autovía, vestido de amarillo fosforito. Más de un camionero, sin embargo, calla su contrariedad o se queja por lo bajo. Y en la glorieta de la N-VI, paralela a la autovía, el conductor de un turismo se atreve a reprochar a los manifestantes que no le dejen pasar. Al final se calla y da marcha atrás, antes de que le quiten las llaves del coche.

Un sindicalista hace unas declaraciones encendidas en medio del carril cortado. Acusa al Gobierno de dinamitar la Comisión de Seguimiento del Carbón, usa la palabra exterminio para referirse al cierre de las minas, al final de una forma de vida. Y también ironiza sobre el dinero que el Estado quiere inyectar en Bankia, sobre las indemnizaciones que reciben los banqueros, y se le llena la boca de agravios.

El sol pega en la nuca de los que no llevamos gorra. Un minero saca un teléfono móvil y fotografía a un cámara de televisión. «Es para subirla al Facebook», le explica. Y antes de que pasen las dos horas y los tres cuartos y aparezcan los antidisturbios, vestidos de luto riguroso, para disolver la protesta, el coche de una funeraria pide que le abran paso en medio del atasco. «Ese ya no tiene prisa», grita un minero, jocoso. Y es entonces cuando me doy cuenta de que estamos en un entierro.

Del blog escanciadordemieres.blogspot.com



(Escrito después de cubrir uno de los primeros cortes de la A-6 por mineros en huelga).

miércoles, 6 de junio de 2012

Al garete


Mineros. Pintura de MANUEL L. ACOSTA


CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 24 de mayo de 2012

Cosas que hacen que un país se vaya al garete.

Tener 20 años, volver de una discoteca y pasar 20 horas retenido en una Comisaría porque te han confundido con un manifestante del 15 de mayo.

Tener 20 años, ser un manifestante del 15 de mayo y pasar 20 horas en la misma Comisaría de antes porque te has atrevido a protestar en la calle.

Tener 20 años, ser universitario, quedarse en casa o en una discoteca y no protestar por temor a que te detengan.

Tener 40 años, ser minero, vivir en el Bierzo y descubrir que aún encerrándote en un pozo, el Gobierno no considera al carbón un sector estratégico.

Tener una edad cualquiera, no ser minero, vivir en el Bierzo, o en la provincia de León, y creer que el cierre de las minas no te afecta.

Ser empresario, o querer serlo. Tener una idea. No tener todo el dinero necesario para desarrollarla y crear empleo. Y darse cuenta de que los bancos nunca te concederán un crédito.

Ser inmigrante. Haber venido de muy lejos para quedarse y tener que marcharse porque te despiden del trabajo.

Tener una hipoteca, no poder pagarla y ver como el banco no sólo se queda con tu casa, sino que además te embarga.

Del blog abocetadas.blogspot.com


Ser político con altas responsabilidades. Aceptar regalos, aunque sólo sean unos trajes, de personajes interesados en obtener algo a cambio. Y salir indemne.

O ser juez y cargar al erario público los gastos de una veintena de viajes de placer sabiendo que es muy difícil que alguien se atreva a condenarte por ello.

Ser presidente del Gobierno, no escuchar las quejas de los ciudadanos. Anteponer el déficit al empleo, la deuda al crecimiento. Y nacionalizar un banco antes que un sector como la minería, que, repito, debiera ser estratégico.

Tener 38 años, ser periodista, escribir esta columna de opinión y no ser capaz de convencerle a usted, lector de Diario de León, de que el Bierzo se va al garete, la provincia se va al garete, el país se va al garete, y el mundo lleva tantos años en el garete que o reaccionamos o el garete —ese lugar a donde se van todas las cosas que se pierden— se va a convertir en nuestra casa permanente.


Los ocho mineros de Uminsa encerrados desde el 21 de mayo en el pozo de Santa Cruz del Sil
FOTO reproducida por El ideal gallego.

EN VOZ ALTA, BAJO LA MINA

Tengo que contarlo aquí. Los ocho mineros encerrados en el pozo de Santa Cruz del Sil para protestar por el recorte en las ayudas al carbón, que condena a muerte a los últimos restos del sector, leyeron esta columna de opinión en alto. Al día siguiente, cuando me tocó cubrir para mi periódico el encierro, bajando a la mina en medio de una (nutrida) comitiva de periodistas (y parecíamos un circo), uno de ellos me preguntó si era yo el que había escrito lo del garete. Le respondí que sí. Y me contó que les había dado mucho ánimo.

A mí también, saberlo...