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viernes, 8 de febrero de 2013

Paraísos

Campo de girasoles, en un cuadro de Van Gogh
 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 27 de diciembre de 2012
 
Tenemos el campus amenazado de muerte. Las líneas de tren en el aire. Un aeropuerto sin vuelos. Autovías aparcadas en el cajón de los proyectos imposibles.
 
Y se ha muerto Lêdo Ivo.
 
Tenemos la minería sentenciada. El azúcar amargo. Comercios cerrados. Dos mil personas que se han marchado de Villablino.
 
Y Lêdo Ivo se ha ido. Le ha dado un infarto.
 
Tenemos subidas de tasas, subidas de impuestos, bajadas de sueldos, recortes sociales, inmigrantes sin papeles tratados como criminales, y un anteproyecto de ley de reforma del Código Penal que deja en manos de un fiscal la decisión de acusar a quienes den cobijo en sus casas a extranjeros en situación irregular.
 
Y Lêdo Ivo, aquel poeta brasileño que salía con cara de loco en las antologías y que una vez recogió un premio en León, sufriendo una fisura en el corazón en Sevilla, después de pisar los jardines del Alcázar y exclamar que el paraíso existe.
 
Tenemos gente solidaria. Tenemos gente que ayuda a la gente en Cáritas y en los bancos de alimentos, poniendo parches, por no decir remiendos, a la política social de un Gobierno que sólo atiende a los bancos y a las autopistas de peaje.
 
Y tenemos a Lêdo Ivo, el poeta del que tanto hablaron Mestre y Pereira, subiéndose a un avión de los que atan el cielo con cintas de vapor para aterrizar en Cavalo Morto.
 
Cavalo Morto, conviene recordarlo, es un lugar donde todos los jardines son un paraíso y las muchachas bordan en las nubes los nombres de sus enamorados con alfabeto azul y blanco. Donde los hombres nunca son irregulares y no hay recortes, ni caridad, ni pozos mineros cerrados. Y tampoco hay que pagar peajes.
 
Donde la justicia social no es una utopía encerrada en el cajón de los proyectos aparcados y los trenes no pasan nunca de largo.
 
Cavalo Morto es un lugar, ahora sí podemos decirlo, donde uno puede cruzarse con Lêdo Ivo caminando por la calle, mientras las mujeres agitan el manojo de llaves que llevan en el pecho a su paso, sin preguntarse a qué sastre habrán llamado para remendarle el corazón.
 
 
Lêdo Ivo
 
 
UN POEMA DE LÊDO IVO
 
Dejo aquí un poema de Lêdo Ivo.
El Cavalo Morto que inspiró a Juan Carlos Mestre lo podéis leer en otra entrada de este blog.
 
 
EL GIRASOL

En mi mano cerrada cabe el día,
el fuego aleatorio de los instantes
y el silencio que esparcen los amantes
cuando termina la fiesta y nada queda

de la luz petrificada entre las montañas.
En mi mano abierta cabe la sombra
abandonada por la vida que me espera
lejos del invierno, cuando la primavera

devuelve al tallo la rosa fenecida
y lo que fue vuelve a ser, y toda pérdida
regresa como un lucro inmerecido.

Mi mano sostiene un girasol.
Soy la sobra y el exceso, como el viento
o como la luz incómoda del sol.

miércoles, 13 de abril de 2011

Cavalo Morto


Grabado de Juan Carlos Mestre

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Martes 12 de abril de 2011

Juan Carlos Mestre se ha encontrado con Lêdo Ivo.

Lêdo Ivo existe y es un poeta viejo que vive en Brasil y que de vez en cuando deja la cara de loco con la que sale en las antologías y se sube a un avión que ata el cielo con cintas de vapor para encontrarse con Juan Carlos Mestre.

Juan Carlos Mestre es un poeta del Bierzo que cultivó hierbas en la boca de un muerto.

La boca de un muerto, sobre todo si el muerto es Federico García Lorca, es el lugar mas fecundo para vivir separado del rumbo de las cosas y escribir de la nieve de los locos.

La nieve de los locos es un astrolabio muerto.

Un astrolabio muerto es lo que queda en el cielo de Nueva York cuando lo atraviesan dos almendras de fuego. Y no lo digo yo. Lo dijo Lorca y lo dice Juan Carlos Mestre, que escupe carbón machacado y de vez en cuando deja la cara de loco con la que escribe poesía para buscar la compañía de Lêdo Ivo.

Lêdo Ivo esta vivo y cuando se encuentra con Juan Carlos Mestre en lugares que sólo existen en un poema de Federico García Lorca como Córdoba, siempre acaban hablando de Cavalo Morto.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo. O al menos eso dicen las antologías.

Las antologías mienten a veces, pero con Lêdo Ivo no se equivocan. Lêdo Ivo es un mito de las letras en lengua portuguesa y estos días se ha encontrado con Mestre -que incluyó su nombre en un poema de La casa roja- durante la octava edición del festival Cosmopoética de Córdoba, donde los dos han vuelto a hablar de Cavalo Morto.

Cavalo Morto es un lugar que nunca me he atrevido a visitar porque tengo miedo de que la poesía de lengua portuguesa me muerda en el corazón. Quienes han estado allí y han vuelto para contarlo, dicen, sin embargo, que en Cavalo Morto, un bullicio de abejas prehistóricas habita en los pararrayos y las sandías son mujeres semidormidas que tienen un manojo de llaves dentro del pecho.

Dentro del pecho, llevo una dentellada.

Y una dentellada es una almendra de fuego que te quema por dentro cuando lees los versos que Juan Carlos Mestre escribió una vez de Cavalo Morto, ese lugar que no existe, excepto en un poema de Lêdo Ivo.


Juan Carlos Mestre y Lêdo Ivo, en el festival Cosmopoética 2011 de Córdoba
FOTO de JUAN MANUEL VACAS, tomada de calambureditorial.blogspot.com

CAVALO MORTO de Lêdo Ivo

En Cavalo Morto, las muchachas acostumbran a salir de paseo con los soldados. Y luego a quererse.

Sucede entonces algo inverosímil: después de hacer el amor, bordan en las nubes, con un alfabeto azul y blanco, el nombre de los enamorados: José Antônio, Manuel, Joâo.

Las muchachas vuelven más jóvenes de esos amores entre la maleza. Regresan intrépidas, excitadas por el filtro de la luna. Y para ellas no hay ya exigencias, cobardías, acontecimientos. Sólo existen los soldados del batallón.

En agosto, enero, igual septiembre, las muchachas aman en Cavalo Morto. Pasan abrazadas a sus enamorados y dejan en la arena del camino algo como un rastro de espuma o velo. Los soldados no saben hacer sonetos, ¡pero cómo aman!

De noche, Cavalo Morto nunca está despoblado. Y si pasas un día por allí y oyes voces, risas y gemidos de amor, no te asustes por miedo a los fantasmas. Son las muchachas amándose con los soldados de Cavalo Morto.
  

Grabado de Mestre para "La tumba de Keats"

CAVALO MORTO de Juan Carlos Mestre

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.

Un poema de Lêdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.

Lêdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola tarde forrada con tela de gabardina.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.
Un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.

Un poema de Lêdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras con el timbre de las bicicletas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.

Lêdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lêdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lêdo Ivo.

En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lêdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lêdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lêdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.
Dibujo de Lorca. Nueva York ...y Cavalo Morto.