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jueves, 28 de febrero de 2013

El perseguidor

 Hace dos años y medio de este artículo. Lo dejo aquí porque me parece que sólo ha envejecido un minuto y medio...

Del blog www.alejandragallero.blogspot.com

CRÓNICAS BERCIANAS
Diario de León. Lunes 6 de septiembre de 2010

Recuerdo la cara desencajada de Nevenka, la rueda de prensa, la sorpresa mayúscula, el libro de Juan José Millás en el hipermercado, el juicio, los comentarios (machistas) del fiscal, la gente que se frotaba los ojos, incrédula, la gente que se frotaba las manos, la gente que se tapaba los ojos y los oídos, porque no quería escuchar, sólo mirar para otro lado. Y la gente como yo, que teníamos que escribir de ello.
 
Recuerdo la voz de Ismael Álvarez, anunciando su dimisión después de ser condenado por acoso sexual. Un temblor recorrió la ciudad, claro. Recuerdo el espectáculo en que se convirtió todo. No lo he olvidado.
 
Yo fui de los que dije, y aquí lo escribí dos veces, que Ismael Álvarez debía dimitir para no sentar a toda la ciudad en el banquillo. Todavía hay lugares de España donde asocian el nombre de Ponferrada con aquello. Cuando digo de donde vengo, no aparecen los pimientos, ni el vino, ni el botillo, ni el castillo, ni siquiera la Ponferradina y sus ascensos. Simplemente me preguntan qué pasó con Nevenka. Y no sé qué decir.
 
No sé donde estará Nevenka. No sé que estará pasando por su cabeza. No sé qué pensará si se entera de que el ex alcalde se presenta a las elecciones para acabar con la apatía que observa en el Ayuntamiento donde dejó a su delfín, Carlos López Riesco, y para mejorar su salud mental. Como si el Ayuntamiento fuera una terapia y las elecciones, un plebiscito donde ganar la absolución que no le concedieron los jueces.
 
Ismael Álvarez hizo cosas muy necesarias en Ponferrada. Abrió la avenida de Pérez Colino, un lugar donde crecían las zarzas, corrían las ratas y verdaderamente se sentía la apatía de una ciudad en la que nunca pasaba nada. Retiró la montaña de carbón y nadie se acuerda hoy de la polémica que rodeó aquella operación por la que quiso ser recordado. Abrió el polígono de La Llanada, comenzó a recuperar el castillo, apostó por la ordenación del río, y se ganó muchos enemigos que le reprochaban su populismo.

Después de oírle decir que quiere recuperar la alcaldía que dejó hace ocho años, convencido de que estaba siendo víctima de una operación para desacreditarle, Ismael Álvarez empieza a recordarme al personaje de un cuento de Cortázar; el jazzman Johnny Carter, que cuando tocaba el saxo o recordaba su infancia, tenía la sensación de que vivía quince minutos concentrados en un minuto y medio. El cuento se titula El perseguidor y la sensación que tengo en este caso es que en el tiempo que ha pasado desde su salida del Ayuntamiento, el ex alcalde sólo ha vivido un minuto y medio mientras todos los demás hemos seguido corriendo.

jueves, 21 de febrero de 2013

Los malos del cuento


Los malos del cuento, de Espido Freire
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 21 de febrero de 2013

Hay una frase que me está dando vueltas en la cabeza desde que la leí la semana pasada en una entrevista: «Nuestra cúpula política está formada por personalidades psicopáticas».

La frase es de Espido Freire, que acaba de publicar un ensayo titulado Los malos del cuento donde ofrece algunos consejos para sobrevivir entre personas tóxicas. Y aunque he tratado de evitarla, de no escribir sobre ella, reconozco que es una idea demasiado jugosa como para dejarla pasar por alto.

La tesis del libro es inquietante. Dice que los monstruos existen. No son un cuento. Y que hay que protegerse de ellos porque están entre nosotros.

Los malos del cuento pueden ser novios posesivos, maridos maltratadores, suegras, vecinos, jefes que no respetan a sus subordinados, acosadores, sexuales o morales, vampiros emocionales, que nos chupan la alegría, y todo un catálogo de personalidades negativas que ya aparecían en los cuentos clásicos para alertar a los niños.

Los ejemplos los tenemos en las páginas de sucesos. En los libros de historia. Y en nuestro entorno. Pero la parte que más preocupa del inventario es la de esos monstruos que no hacen tanto ruido. Esos monstruos adaptados a la vida en sociedad, que ocultan su falta de empatía —no les importa la gente y han aprendido a disimularlo— y que acaban trepando como las malas hierbas hasta los puestos más altos de nuestro sistema.

«El poder atrae a un buen número de monstruos», dice Espido Freire. Y no dejo de preguntarme por los distintos grados de psicopatía de nuestros gobernantes. De los políticos que nos representan. O de nuestros empresarios. Cuántos de ellos son ogros o dragones, y qué podemos hacer para desenmascararlos.

Quitarles esa careta no es fácil. A veces hay que ponerle un cascabel a un gato que araña. Pero hay que intentarlo. «Pecar con el silencio cuando deberíamos protestar, convierte a los hombres en cobardes», decía hace cien años la poeta norteamericana Ella Wheeler Wilcox.  Y parece que le estuviera escribiendo una moraleja a nuestro cuento.

miércoles, 20 de febrero de 2013

El porqué de las cosas

Cartel de A sangre fría
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 14 de febrero de 2013

Me dicen que apenas contamos el porqué de las cosas. Decimos lo que pasa, a quién le sucede, cómo ocurre, cuándo y dónde. Pero casi nunca por qué. Es el pecado del periodismo que viene.

Me ponen el ejemplo de Truman Capote. A sangre fría no es sólo la crónica de un asesinato. Es una indagación en los orígenes de un asesino. Pero pocas veces encontramos un retrato tan profundo en los medios. No hay tiempo. No hay suficientes profesionales. No es rentable.

Ocurre sobre todo en los nuevos soportes digitales, esclavos de la inmediatez y reyes del corta y pega sin contraste. «Cuando abro un periódico o una página de periodismo digital, busco historias y no las encuentro», dice en una entrevista el veterano Javier Reverte, autor de largos reportajes, de libros de viajes y novelas que siguen la estela de Capote.

Y aquel nuevo periodismo de Capote ya es el viejo y buen periodismo que echa de menos Reverte. El que cuenta el porqué de las cosas, que es la pregunta más difícil de responder. Pero también la más necesaria.
 
Para entender la crisis, no debemos contar que hay seis millones de parados y que la reforma laboral no crea empleo. Debemos preguntarnos por qué.

No basta con saber que el Gobierno corta el grifo de las ayudas a la minería. Hay que preguntarse por qué lo hacen.

Y no sirve de nada publicar los papeles de Bárcenas si nadie se pregunta por qué se sentía tan seguro. O por qué Urdangarín, el yerno del Rey, se arriesgaba a ganar dinero con manejos sucios.

Las respuestas están ahí. Y esperan que las encontremos. Ahí está la burbuja inmobiliaria, la Ley del Suelo, las hipotecas basura, el sistema financiero, el dinero sin control que han recibido los empresarios mineros. Y la impunidad.

Y si nuestros periódicos, digitales o en papel, ya no responden a todo eso, si no son capaces de explicar que la corrupción es la causa de la pobreza, pregúntese ustedes también por qué.

«Literatura y periodismo son dos brazos de un mismo río», decía Capote. Y mucho me temo que en este país nos estamos quedando mancos.

El callejón de los esperpentos

 
Cartel de una representación de Luces de Bohemia
 en el Centro Dramático Nacional
 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 7 de febrero de 2013

Todas las ciudades tienen sus callejones importantes.
 
Madrid tiene el Callejón del Gato, donde Max Estrella solía mirarse en los espejos que deforman la realidad. Hasta que una noche se dejó morir.
 
Se trata de una calleja del centro de la ciudad, lugar de paso de turistas que buscan el Madrid más chulapo, y esconde una cervecería bastante concurrida, que hace honor a la obra del teatro del manco Valle-Inclán con una fachada acristalada que devuelve los reflejos deformados de los caminantes.
 
Después de la operación Caballo de Troya —qué nombre tan literario— ya podemos decir que Ponferrada también tiene un callejón parecido. Es el pasaje de Fernández Luaña, sede de las empresas del grupo Martínez Núñez y lugar de encuentro de adolescentes indignados que protestan contra la delincuencia de cuello blanco, de policías madrileños y gallegos que investigan una trama de blanqueo de dinero, y de periodistas bercianos que aguardan en la calle a que acaben los registros con orden judicial, como el que les escribe esto.
 
En el pasaje de Fernández Luaña no hay espejos que deformen la realidad. La realidad ya se muestra bastante deformada por sí sola.
 
En ese pasaje peatonal en el corazón de Ponferrada, se cruza uno con mucha gente que está de paso. Gente que mira a los agentes de policía cargados con ordenadores. Al cerrajero que entra con unas brocas para abrir una caja fuerte que esconde vete a saber cuánto dinero. Y a los compañeros del periódico de enfrente, que pertenece al grupo investigado y no han dejado de hacer su trabajo. Aunque lleven meses sin cobrar su sueldo y los propietarios del diario que les tiene contratados guarden fajos de billetes de 500 euros en la caja fuerte de un banco que está sólo a cincuenta metros de ellos.
 
Es nuestro callejón de los esperpentos. Y si Valle-Inclán levantara la cabeza y viera lo grotesca que puede resultar una mañana de espera bajo la lluvia, se daría cuenta de que a veces, la realidad puede ser tan absurda que no necesita ningún espejo que la deforme.


Reflejos en el Callejón del Gato de Madrid. De la web minube.

martes, 19 de febrero de 2013

Diccionario de la corrupción

Viñeta de EL ROTO, en El País.
 
 
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 31 de enero de 2013

Sacar la mano. Corromper.

Poner el cazo. Dejarse corromper.

Meter la pata. Que te descubran sacando la mano o poniendo el cazo.

Irse de las manos. Cuando un asunto en el que se ha metido la pata llega hasta la opinión pública.

Incendio. Sucesivas meteduras de pata que se han ido de las manos.

Cortafuegos. Comisión de investigación creada para no investigar nada, pero que permite calmar a la opinión pública cuando está muy quemada.

Bombero. Presidente de la comisión de investigación.

Chocar la mano. Pactar con el contrario un arreglo que evite nuevos incendios, una vez que el bombero ha actuado y sabiendo que a todo el mundo se le puede quemar la mano en algún momento.

Perder la mano. Cuando el pacto se rompe y el incendio se reproduce.

Dar la cara. Algo que no suelen hacer quienes sacan la mano y ponen el cazo cuando meten la pata.

Poner la cara por otro. Cuando nadie da la cara, fallan los cortafuegos y es necesario mover un peón en el tablero para que pare todos los golpes.

Cabeza de turco. Hombre que pone la cara por otro y acaba decapitado después de recibir todos los golpes.

Irse la mano. Acción de quienes sacan la mano o ponen el cazo cuando no encuentran un cabeza de turco que ponga la cara por ellos y deciden partírsela a quienes les descubren metiendo la pata. Normalmente empeora las cosas.

Poner una pica en Flandes. Sacar la mano o poner el cazo sin que nadie meta la pata durante mucho tiempo.

Poner en la picota. Momento en que el cabeza de turco pierde la cabeza.

Picotear. Sacar la mano o poner el cazo, pero poco, de forma que apenas se note.

Atragantarse. Sacar la mano o poner el cazo demasiadas veces, hasta convencerse de nunca se meterá la pata, y descubrir que finalmente todo el asunto se ha ido de las manos.

Poner la mano en el fuego. Algo que nadie debería hacer después de leer este artículo.

lunes, 18 de febrero de 2013

Nevadas

Nieve que cuaja.
  
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 24 de enero de 2012

Nieva en el Bierzo y leo un titular que me produce escalofríos. «Rajoy ordena investigar irregularidades en el PP, aunque asegura que no existen». Y me recuerda a esas empresas que encargan una encuesta para tranquilizar a sus accionistas y les dicen de antemano a los encuestadores los resultados que esperan obtener.

Así que cambio de periódico, mientras nieva en el Bierzo y el hielo deja en sus casas a dos mil escolares en toda la provincia, y leo otro titular que me produce sarpullidos. «El Gobierno cambia la ley para que los condenados puedan dirigir bancos». ¿Habrá algún banquero condenado al que el Gobierno le deba un favor?, me pregunto. Y miro la nieve.

Sigo leyendo el mismo periódico y no puedo huir de los sobres de Bárcenas, ni de las cuentas del ex tesorero del PP en Suiza, el país al que se iba a esquiar. Un columnista de los de toda la vida escribe al hilo de la investigación abierta por Rajoy: «Mucho me temo que va a pasar lo peor; nada», leo. Y me acuerdo de aquella frase tan famosa de Lampedusa en El Gatopardo, que tantas revoluciones ha malogrado. «Todo debe cambiar para que nada cambie».

El problema es que algunas cosas cambian a peor. Y las que no cambian, no nos hacen mejores. A los bomberos de León ya no les dejan salir de su alfoz y arden las casas en los pueblos. Qué impotencia. Y qué impotencia causa comprobar que el canal de Endesa, por ejemplo, ha vuelto a reventar por tercera vez en trece años. Una pradera de Toreno ha quedado anegada de barro y la tromba no ha alcanzado a ninguna casa, pero estamos coqueteando con una desgracia.

Enciendo el televisor para no pensar en ello. Un manto blanco cubre Castilla y León, escucho. Pero la cota de nieve se irá elevando. Y termina el parte meteorológico. Leo otro titular de periódico. «Bárcenas creó una red de blanqueo en paraísos fiscales». Resulta que el ex tesorero del PP también escondió una parte importante de su fortuna en las islas Bermudas, donde nunca nieva.

Entonces se hace de noche y veo que los tejados de la ciudad están blancos. A fuerza de nevar, pienso mientras apago el televisor y cierro los periódicos, siempre acaba cuajando.

sábado, 16 de febrero de 2013

Partido X

  
CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 17 de enero de 2013
 
Lo dice Imre Kertész, superviviente del Holocausto y premio Nobel de Literatura en el año 2002. «Una crisis como la actual dio pie a la llegada de Hitler al poder. Deberían sonar todas las alarmas y no están sonando». Y el Holocausto, recuerda Kertész —que está convencido de que podría volver a suceder— «es el hundimiento universal de todos los valores».
 
Lo que dice el Nobel húngaro puede parecer exagerado. Pero es verdad que no hace falta irse a Grecia, donde la extrema derecha ya ha convertido a los inmigrantes en cabezas de turco de la crisis, para darse cuenta de que detrás del desmantelamiento del Estado del Bienestar que estamos sufriendo en España —y de la voladura controlada de sectores como el del carbón, o proyectos como el de la Fundación Ciudad de la Energía, que nos tocan más de cerca— hay un desprecio por algunos de los valores que sostienen nuestra convivencia.
 
Desprecio por el papel del Estado como redistribuidor de la riqueza. Como instrumento para reducir desigualdades. Y como pilar de la solidaridad. La excusa es el despilfarro. Pero en lugar de atajar la corrupción, el enchufismo, o las obras con presupuestos disparatados, como en Villaquilambre, la respuesta a la crisis que ofrece la misma clase política que nos ha metido en el barro es dejar sin asistencia a los inmigrantes. Dejar sin urgencias a las zonas rurales —que se lo digan a los habitantes de Tremor— privatizar hospitales, o servicios sanitarios, y perpetuar la corrupción cuando de todo ello alguien saca tajada.
 
Imre Kertész. Foto de CSABA SEGESVÁRI
 
«Hay que actuar rápido, si no van a saquearlo todo y nos van a dejar sin hospitales y sin colegios», dice un anónimo portavoz del Partido X, la formación política que ha nacido a la sombra del movimiento del 15-M y que como su propio nombre indica es una auténtica incógnita. El Partido X propugna el derecho al voto permanente y la transparencia en la gestión pública. No puedo estar más de acuerdo. Pero pienso en Imre Kerstész, en el pozo en que cayó Europa en los años de la Depresión y los fascismos. Y cruzo los dedos para que una apuesta que todavía no tiene cara demuestre que de verdad hay alguien que está haciendo sonar todas las alarmas.