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martes, 15 de mayo de 2012

Tibiezas

El llano en llamas. Del blog www.lacoctelera.net

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 10 de mayo de 2012

Esto no lo escribo yo. Lo escribió Juan Rulfo en un cuento sobre un gobernador que visitaba una población afectada por una catástrofe. En medio de un llano en llamas.

«Conciudadanos. Rememorando mi trayectoria, vivificando el único proceder de mis promesas. Ante esta tierra que visité como anónimo compañero de un candidato a la Presidencia, colaborador omnímodo de un hombre representativo cuya honradez no ha estado nunca desligada del contexto de sus manifestaciones políticas y que sí, en cambio, es firme glosa de principios democráticos en el supremo vínculo de unión con el pueblo, aunando a la austeridad de la que ha dado muestras la síntesis evidente de idealismo revolucionario nunca hasta ahora pleno de realizaciones y de certidumbres».

Cada vez que leo ese párrafo, le pongo cara a ese gobernador y me sale algún rostro del Bierzo o de León, o de media España, gente que maneja dinero público, que es dinero de todos, no lo olvidemos, y que le entregamos al Estado para que lo redistribuya. Y me pregunto si su honradez, la de todos ellos, habrá estado alguna vez desligada del contexto de sus manifestaciones políticas, o si habrán recibido comisiones bajo cuerda de contratistas interesados en adjudicarse alguna obra, si tendrán una caja negra con ingresos dudosos y ahora tienen que vencer la tentación de hacerlo aflorar con la anmistía fiscal de Rajoy.

Fotografía de JUAN RULFO

También me pregunto si alguna vez habrán acompañado esos gobernadores de los que les hablo a algún candidato a la Presidencia y habrán dicho algo parecido a lo que Rulfo ponía en boca de su personaje. «Fui parco en promesas como candidato, optando por prometer lo que únicamente podía cumplir y que al cristalizar, tradujérase en beneficio colectivo y no en subjuntivo, ni participio de una familia genérica de ciudadanos».

El cuento de Rulfo termina con un banquete, y un borracho, y una pelea, y una balacera muy grande. El final del nuestro, no se engañe, lo escribe usted cada vez que vota por esos gobernadores de verbo engorroso y mano muy larga, y luego mira a otro lado, aburrido por su oratoria, resignado porque están en todas partes

jueves, 10 de mayo de 2012

Carnicer en Nueva York

Ilustración de ALFREDO, en la reedición de Cálamo de
"Nueva York, nivel de vida, nivel de muerte", de Ramón Carnicer

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 3 de mayo de 2012

La calefacción no le dejaba dormir. La ciudad anochecía cubierta de nieve y de basura, y la alfombra de su habitación, en la segunda planta del hotel Roskoff, desprendía una pelusa multicolor cada vez que la pisaba.

En la recepción le dijeron que era un efecto del calor y de la carga eléctrica del cuarto. Pero cuando se vistió el pijama y se acostó, las sábanas crepitaron como si le estuvieran disparando con una ametralladora. «Así es imposible dormir», pensó. Y se levantó.

El hotel Roskoff y los judíos ortodoxos. ALFREDO

Afuera nevaba. La temperatura había bajado a los diez grados bajo cero y los desperdicios seguían sin recoger por la huelga de basureros. «Aquí dentro ya se habrían descompuesto», aventuró, imaginándose el hedor. Y le entraron ganas de abrir la ventana del baño, a pesar de que en una ciudad con los niveles de vida y de muerte tan altos, alguien podía entrar en el cuarto y asestarle tres puñaladas o dispararle cuatro tiros, o estrangularle con la cortina de la ducha, o…  
Ramón Carnicer, en su época de profesor universitario.

"¡Basta!", zanjó. Se quitó el pijama eléctrico, se abrigó y bajó de nuevo a la recepción del hotel —un edifico de quince plantas con los ladrillos de la fachada ennegrecidos por el humo— para pedir un taxi o caminar por la acera de Central Park sin entrar en el parque, que en invierno era el lugar más sombrío del mundo. Pero en el vestíbulo del Roskoff, se encontró con una docena de aprendices de rabino, con el cogote pelado, dos tirabuzones bajo el sombrero y una levita negra, bailando en fila india como si estuvieran en medio de un aquelarre.  
Autorretrato de Lorca en Nueva York
 «Debo estar sufriendo un break-down» se dijo. Entonces salió a la Calle 72, descubrió que los rascacielos brillaban con una rara tristeza, tropezó con un borracho tirado en el suelo y se detuvo junto a un escaparte donde una mujer de curvas escandalosas servía bebidas a los clientes en falda corta y sostén. En ese momento, un compatriota se dio de bruces con él. «Te conozco», le dijo a Lorca, apartando la vista del escaparate. «Te conozco también», le dijo el poeta a Carnicer. Y mientras les salían hierbas de la boca, a la aurora de Nueva York le crecían cuatro columnas de cieno y un huracán de negras palomas barría el amanecer.


Con Alonso Carnicer y Doirean MacDermott. Casa del Libro. Ponferrada.
 2 de mayo de 2012. Foto. L. DE LA MATA

  
CARNICER Y LORCA

Ramón Carnicer aterrizó en Nueva York en medio de una nevada y una huelga de basureros. Se alojó en un hotel donde las pelusas se soliviantaban con la carga eléctrica del cuarto, dio clases en la mayor universidad de la ciudad, y se empeñó en contar lo que vio a través de las pequeñas cosas.

Aprovechando el centenario de su nacimiento en Villafranca del Bierzo, la editorial Cálamo ha reeditado Nueva York, nivel de vida nivel de muerte, el libro donde contó su experiencia durante los seis meses que pasó allí en 1968. No fue un año cualquiera. Durante su estancia arreciaron las protestas contra la guerra de Vietnam y los disturbios causados por la segregación racial, asesinaron a Martin Luther King y a Robert Kennedy, y comprobó hasta que punto la sociedad norteamericana, que entraba en los años de la liberación sexual y del consumo, funcionaba como una miedocracia, que es la forma de gobierno donde los gobernantes siembran el miedo entre los gobernados para que les sea más fácil aceptar decisiones impopulares. No tengo que explicaros porqué cuarenta años depués, el libro -que ayudé a presentar en Ponferrada y en Villafranca junto al hijo del escritor, Alonso Carnicer, y su viuda, Doirean MacDermott - sigue siendo actual.  

Arriba os he dejado un cuento.
Lo escribí porque estoy convencido de que el Nueva York que vio Carnicer y el que sintió Lorca tienen trazos muy parecidos.



martes, 8 de mayo de 2012

Claveles

Soldados portugueses durante la Revolución de los Claveles. 1974.

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 26 de abril de 2012

Abro el periódico y se escapan todos los tantos por ciento de las páginas. Leo, por ejemplo, que la zona azul se extiende por Ponferrada como una riada y suben las tarifas para estacionar un veinticinco por ciento. Sigo leyendo y me entero de que el número de hipotecas cayó en León un sesenta y nueve por ciento. O que la reforma laboral también dispara los ERE en la provincia un trescientos sesenta y nueve por ciento. Y cierro el periódico, agobiado de tanto tanto por ciento libre.

Más tarde caigo en la tentación y enciendo el ordenador. La prensa digital me escupe los mismos porcentajes y alguno todavía peor. La recesión, leo, hace caer los ingresos del Estado un veinticinco por ciento. Vamos de tropiezo en tropiezo, pienso. Pero entonces veo que el déficit generado por el nuevo Gobierno alcanza el uno coma ochenta y cinco por ciento hasta marzo. Y ya no pienso que estemos tropezando con algo. Lo que estamos es zancadilleándonos a nosotros mismos.

Saber que no estamos solos en el pozo tampoco es un consuelo. Otros países de nuestro entorno también son esclavos de los porcentajes, como Portugal, donde el PIB ha caído un tres coma tres por ciento y el desempleo ha subido al quince por ciento después de que la Unión Europea acudiera al rescate con un préstamo de 78.000 millones de euros.


Del blog Negro sobre blanco.

Y pesan tanto sus tantos por ciento que nuestros vecinos empiezan a preguntarse si no será necesaria una nueva Revolución de los Claveles que acabe con la dictadura de los recortes. Ayer, sin ir más lejos, ninguno de los capitales de abril que hace 28 años terminaron de forma pacífica con el régimen de Salazar participó en la conmemoración oficial de la efeméride. «El rumbo político protege los privilegios, agrava la pobreza y desvaloriza el trabajo», se ha justificado Vasco Lourenço, que preside la Asociación 25 de Abril, convertida en una referencia moral para los lusos.

Nuestros porcentajes son más pesados, pienso, aunque no nos hayan rescatado. Y me doy cuenta de que en este país sin referentes a los que agarrarse, los únicos claveles que he visto estos días son los que han repartido en algunas ferias del libro como la de Ponferrada.

viernes, 4 de mayo de 2012

Ciencia ficción


Crónicas marcianas. Dibujo de MARTIN WHELAN para una portada del libro

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 19 de abril de 2012

Notas para escribir una novela de ciencia ficción.

Descartado hablar de Marte. Después de Ray Bradbury, es muy difícil escribir algo mejor del Planeta Rojo.

Descartado Afganistán y los agujeros negros, los ríos que muerden en las rocas y las tumbas llenas de huesos. Hay que renovarse.

Descartadas las paradojas, los círculos temporales, los universos paralelos, los viajes espaciales y otros caminos trillados por la narrativa del siglo XX.

Descartadas las historias de astronautas solitarios atrapados en módulos lunares o en naves a la deriva.

Descartados los relatos protagonizados por alienígenas, los cuentos de zombis que devoran a los vivos, los argumentos apocalípticos. Y no caer en la tentación de escribir sobre vampiros crepusculares.

Otra imagen de Crónicas marcianas.
Del blog http://www.antoniorentero.blogspot.%20coma/

Mejor escribir de algo cercano. Una especie de ucronía. Y ambientarla en un lugar reconocible.

Situar la trama de la novela en una monarquía que se ha ido al carajo por una cacería de elefantes blancos. Describirla como una república desgajada de Europa, con moneda propia y una Constitución reformada en referéndum.

Poner de presidente a un cargo electo. Una figura paternal que utilice la unidad de la nación como coartada para mantenerse en su puesto cuando le salpican los escándalos de corrupción de su yerno.

Añadir una trama de misterio. Vincularla a un territorio concreto. La comarca del Bierzo.

Crear un protagonista. Un científico que ha desarrollado un sistema eficaz para capturar de verdad las emisiones de CO2 y conseguir que el carbón sea una energía limpia.

Imaginar un desencadenante de la acción. Un asunto de espionaje industrial. Un secuestro. O una desaparición.

Usar como telón de fondo la expropiación de la filial eléctrica de una multinacional italiana que no invierte lo suficiente en la comarca.

Evitar que la novela se convierta en una historia de política ficción.

O en un ajuste de cuentas.

O en un relato de amor.

Mejor romper estas notas y probar con la novela costumbrista.

jueves, 19 de abril de 2012

La riada


El río Sil, desde el puente de La Puebla en Ponferrada. Acuarela de NICOLÁS SOLANA


CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 12 de abril de 2012


En el año 1696, la riada estuvo a punto de llevarse por delante el viejo puente de La Puebla. El Sil bajaba sin gobierno y sin escolleras, sin una presa que regulara su caudal, y el viejo puente de piedra, construido sobre la estructura del antiguo puente de hierro medieval —aunque de hierro, seguramente sólo tuviera las cadenas que cerraban el paso a los arrieros que no pagaban el portazgo— tenía un vano demasiado pequeño para dejar pasar toda la crecida de las lluvias.

Como el puente era un obstáculo para el río y un peligro para los caminantes, los ponferradinos decidieron construir uno nuevo, más grande, más ancho, más alto. Y ese es el puente que unió las dos orillas de la ciudad hasta 1961, cuando una nueva reforma le ensanchó el tablero para darle más fluidez al tráfico.

Lo cuenta Vicente Fernández en un libro monumental. Más de ochocientas páginas sobre las construcciones civiles, religiosas e industriales de Ponferrada y sobre la mentalidad de los hombres que las levantaron. Ponferrada, dice el historiador, es «una ciudad que se ha hecho a sí misma» porque la mayor parte de su patrimonio lo han financiado y lo han edificado sus propios habitantes. Por eso ha crecido cuando otras poblaciones de su entorno con más historia se quedaban atrás.

Uno de los iconos contra los recortes en Educación.


No parece mal ejemplo, ese espíritu que Tito Fernández encuentra detrás de las piedras de Ponferrada, de sus gentes y de su historia, ahora que se nos echa encima otra riada ingobernable y no hay escolleras presupuestarias ni reformas constitucionales que la encaucen.

Es la crecida de los mercados, tan voraces que no entienden de recortes, del río revuelto de la prima de riesgo, que asusta tanto al Gobierno que Rajoy está dispuesto a rebasar todas las líneas rojas con tal de permanecer en el euro y evitar que la Unión Europea nos intervenga.

Y si es verdad que estamos con el agua al cuello, que la riada es tan grande que ni siquiera los pilares de la Sanidad y de la Educación están a salvo, quizás ha llegado el momento de derribar el puente viejo, que tanto nos aprieta, y construir uno nuevo, más alto, más grande, que nos libere de los especuladores. Antes de que el río nos lleve.

domingo, 15 de abril de 2012

Tres dedos


Django Reinhart


CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 5 de abril de 2012

Django Reinhardt tocaba la guitarra con tres dedos. Era gitano, era francés y era un genio.

A los 18 años, unas flores de celuloide almacenadas incendiaron su caravana, le quemaron la mitad del cuerpo y le contrajeron dos dedos. Parecía el fin de su incipiente carrera musical, pero Django aprendió a tocar las cuerdas con las falanges sanas de su mano izquierda y se convirtió en un virtuoso de la guitarra.

Su sonido era diferente, precisamente porque sólo tocaba con tres dedos. Y con sus tres dedos sanos y sus dos dedos retraídos por el fuego revolucionó el swing y el jazz, y medio siglo después de su muerte todavía seguimos escuchando sus vinilos. Django, hay que quitarse el sombrero, fue capaz de transformar un accidente que le pudo costar la vida en el germen de su talento único. Su minusvalía, en un triunfo.


Así ve a Django Reinhardt NAIEL IBARROLA


  
Mariano Rajoy también quiere que toquemos la guitarra con tres dedos. El primero es el de la Ciuden. Y es el más sano de la mano. Cuarenta y ocho millones de euros de presupuesto para este año.

El segundo dedo bueno lo tenemos en los regadíos y en el saneamiento y en la modernización de las redes de abastecimiento. Y es un dedo alargado, con una longitud de veinte millones de euros.

El tercero es más pequeño, pero también es importante. Un millón de euros para ampliar el Palacio de Justicia de Ponferrada. A la Justicia, especialmente en Ponferrada, donde llevamos años reclamando una sala de la Audiencia Provincial, no le vendrá mal saber que puede contar con un nuevo edificio para llenarlo de contenido.

Los otros dos dedos de los Presupuestos Generales del Estado en el Bierzo están contraídos. El cuarto es el dedo del Ministerio de Fomento, muy quemado, porque el cambio de Gobierno no ha servido para impulsar las obras del AVE, ni las de la autovía a Orense, ni las de la carretera a Asturias y este año sólo hay dinero para reformar una ermita en Magaz de Abajo. Y el quinto dedo casi ni existe. Es el dedo de Interior, que invertirá algunas migajas en reformar cuarteles.

Y ahora, bercianos, pongámonos todos tocar la guitarra. Y hagámoslo como lo hacía Django Reinhardt. Con mucha mano izquierda.


 

DJANGO REINHARDT: I'll see you in my dreams

lunes, 9 de abril de 2012

Cultura


Del blog http://www.uac.uniondeactoresdecanarias.es/

CUARTO CRECIENTE
Diario de León. Jueves 29 de marzo de 2012

No recorten en Cultura, por favor. No es menos necesaria que la Sanidad o la Educación. Quiten dinero de Defensa, dejen de fabricar armas y fragatas y aviones, municiones para alimentar guerras en el tercer mundo. Olvídense de construir aeropuertos sin viajeros, trenes de alta velocidad que no llegan a su destino, autopistas de peaje, pabellones deportivos que nadie usa, polígonos industriales sin empresas, carreteras perdidas, estaciones de esquí en montañas donde nunca nieva.

No. No recorten en Cultura. Es lo que nos hace libres. De verdad. Ya sé que es una frase bonita, un poco ingenua. La Cultura nos hace libres. Pero es cierta.

Y es lo que nos diferencia de las bestias. Lo decía el otro día Rogelio Blanco, ex director general del Libro. La Cultura, aseguraba, convierte al hombre en el ser más evolucionado de todas las especies que pueblan la Tierra. Un perro puede ser fiel, un gato, interesado, una loba, protectora con sus cachorros, pero no hay ningún animal, excepto el hombre —porque seguimos siendo animales, no lo olviden, incapaces de erradicar la violencia, el hambre y las desigualdades, aunque vivamos en una manada aparentemente armoniosa— que sea capaz de expresarse, de fabular, de crear mundos. Es algo tan evidente que no lo valoramos.


Del blog http://www.asambleadelicias.blogspot.com/

Así que no conviertan la Cultura en un mercado. No entierren aquellas manifestaciones culturales que no logren una rentabilidad económica inmediata. La Cultura no puede medirse en la misma balanza que el dinero. Su efecto no tiene nada que ver con un estómago lleno. Llena más bien la cabeza y perdónenme otra vez la ingenuidad, a veces también el corazón.

No. No recorten en Cultura, por favor. No nos corten las alas. No nos recorten la capacidad de soñar o de caer en abismos profundos. No nos limiten. No nos quiten la claves para comprendernos. Para entender lo que somos. Para darle sentido a lo que somos y a lo que hacemos.

Escribo todo esto porque los libreros de Ponferrada han tenido que recurrir a patrocinadores privados para salvar la Feria del Libro de este año. Y no deja de ser una derrota que la Cultura, con mayúsculas, sea siempre lo primero de lo que prescindimos.